Tanorexia, la obsesión por el bronceado: un nuevo rostro de la adicción estética
La exposición solar excesiva es acumulativa y genera daños que se manifiestan con el tiempo, como manchas y arrugas.
Exposición al sol en la playa de la Malagueta, en Málaga. Crédito: Álvaro Cabrera | EFE
La tanorexia, o adicción al bronceado, afecta predominantemente a mujeres jóvenes de entre 16 y 35 años. Este trastorno de la percepción está relacionado con un sesgo cognitivo que lleva a quienes la padecen a ver su piel pálida de manera distorsionada.
El psicólogo Luis Antón, director del Instituto de Psicoterapias Avanzadas, entrevistado por EFE Salud, destaca cómo la presión social y la imagen pública juegan un papel crucial en esta adicción. Resalta que tampoco los hombres “no están exentos, especialmente en contextos donde el cuerpo es parte de la identidad social”, como sucede con deportistas o influencers.
La búsqueda de validación a través del bronceado se asocia con la percepción de atractivo, una noción arraigada en ciertas culturas, especialmente mediterráneas.
Consecuencias para la salud
La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) advierte sobre el riesgo aumentado de melanoma, el tipo más letal de cáncer de piel. La exposición solar excesiva es acumulativa y genera daños que se manifiestan con el tiempo, como manchas y arrugas.
Esto en un contexto donde la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el cáncer de piel como el más frecuente.
La dermatóloga Lourdes Rodríguez, presidenta de la AEDV, sugiere el uso de autobronceadores como una opción segura para lograr un tono deseado sin riesgo para la salud. Además, enfatiza la importancia de utilizar protección solar y de recordar que el bronceado no debe ser asociado con la salud.

Otras adicciones relacionadas con la imagen personal
Además de la vigorexia (o síndrome de Adonis) y la anorexia/bulimia, que son las más conocidas, existen varias adicciones o trastornos psicológicos centrados en la imagen personal:
Dismorfia corporal (TDC). El trastorno dismórfico corporal implica una obsesión con una parte del cuerpo percibida como defectuosa, aunque el defecto sea leve o inexistente. Las personas invierten horas pensando en ese “defecto”, se miran constantemente al espejo, interrogan a otros sobre su aspecto y recurren repetidamente a cirugía estética sin lograr mejorar.
Cosmeticorexia. Es una adicción no reconocida oficialmente, pero cada vez más frecuente en la práctica clínica. Consiste en un culto obsesivo a la belleza y a la mejora estética, que lleva a intervenciones cosméticas repetidas, uso excesivo de productos y una búsqueda interminable de perfección física.
Megarexia. Se usa para describir una percepción distorsionada en la que la persona se ve mucho más delgada de lo que realmente es. A diferencia de la anorexia (donde uno se ve más grande), quien tiene megarexia subestima su tamaño y puede descuidar su salud. Aunque no es un diagnóstico oficial, se vincula al trastorno dismórfico corporal.
Adicciones comportamentales recientes
Fotorexia. Es una obsesión no saludable con tomarse selfies y fotografías de uno mismo. Se asocia con la dismorfia corporal, la necesidad de validación externa y la adicción a redes sociales.
Selfitis (adicción a las selfies). Algunos investigadores proponen este término para describir un deseo obsesivo-compulsivo de tomarse fotos y publicarlas en redes sociales como forma de compensar la falta de autoestima.
Captotrofilia. Es una manía obsesivo-compulsiva que surge de la búsqueda de perfección física. Se caracteriza por mirarse constantemente al espejo en busca de defectos, vinculada al perfeccionismo, la autoexigencia y la autovaloración basada en la imagen. Provoca angustia y autocastigo.
Adicción a filtros de belleza. Cada vez más clínica, se observa en personas que dependen de filtros para sentirse cómodas con su imagen, y que experimentan ansiedad o rechazo hacia su apariencia “sin editar”.
¿Qué tienen en común?
Estas adicciones suelen compartir:
- Percepción distorsionada del propio cuerpo
- Búsqueda constante de validación externa
- Uso compulsivo de espejos, cámaras o redes sociales
- Riesgo de aislamiento, depresión o ansiedad
- Recurrencia a intervenciones estéticas o cambios extremos
Muchas de estas condiciones no están oficialmente reconocidas en manuales diagnósticos, pero son atendidas en la práctica psicológica por su impacto real en la vida diaria.
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