Del amor al odio hay un penal y Luis Romo camina con la cruz a cuestas en el Guadalajara
De la gloria del Mundial al calvario con Gabriel Milito por los errores de un Luis Romo que ya colmó la paciencia de los rojiblancos
Luis Romo pasó de hijo pródigo a enemigo público en dos semanas con las Chivas. Crédito: Juan Carlos Cubeyro | Imago7
El fútbol es un sube y baja de emociones que te premia un día y al otro te manda al rincón de los acusados. Bien dicen que del amor al odio hay un solo penal de distancia, y si no, pregúntele a Luis Romo, que pasó de tocar el cielo con las manos en el Mundial 2026 a convertirse en el nuevo “dolor de cabeza” en las Chivas.
El romance con la tribuna tapatía se enfrió más rápido que un café olvidado, y hoy, el sinaloense camina con la cruz a cuestas en Verde Valle y no parece existir un brebaje que sirva de remedio para disminuir los cuestionamientos sobre su rendimiento en la Leagues Cup.
La verdad sea dicha y sin pelos en la lengua: el bache de Romo no es obra de la mala suerte, se lo ha ganado a pulso. La desconexión empezó a notarse en la Leagues Cup contra el LAFC. Ahí, el polifuncional seleccionado se aventó un cobro desde los once pasos con una soberbia y una desidia que terminaron por exasperar a la exigente afición del Guadalajara.
No fue un simple tropiezo; fue una cadena de despistes que delatan a un futbolista fuera de ritmo, víctima de un “viajazo” vacacional tras la justa mundialista. Ese chip caribeño le borró la brújula y lo bajó de la nube en la que lo tenía Javier “El Vasco” Aguirre.
Para colmo de males, en ese mismo duelo contra la escuadra Black & Gold, Romo se durmió en la marca y dejó que el franco-gabonés Denis Bouanga hiciera de las suyas para vacunar al chiverío en una acción donde pareció no tener ganas de estar en la cancha.
La gota que derramó el vaso llegó en la tanda de penales, donde su disparo displicente acabó en las manos del arquero gringo. Chivas besó la lona con un 5-4 en la definición y Romo salió del estadio con el traje de villano bien puesto.
La malaria no paró ahí y se la llevó al encuentro frente al FC Dallas. Es justo decir que el sinaloense tuvo sus destellos, como esa barrida milagrosa que ahogó el grito de gol texano y nos recordó por momentos al Romo de la selección.
Pero la alegría duró poco. Otra vez, una mala salida y una decisión con los ojos vendados dejaron la retaguardia de Chivas en bandeja de plata para el rival. Las redes sociales no perdonan y le tupieron con todo a un jugador que ya venía con el santo de espaldas.
El asunto ya escaló y la papa caliente la tiene Gabriel Milito. Lo de Romo ya no es solo un penal fallado por puro adorno; son errores de concentración groseros que ponen a temblar la pizarra del técnico argentino.
Lo irónico del asunto es que regresó de la Copa del Mundo con el cartel de intocable y hoy no puede dar un pase al compañero. A un tipo con sus espuelas, que ya sabe lo que pesa un gafete de capitán y con tantas batallas encima, no se le perdonan estas siestas en la cancha. La afición ya le tomó la matrícula y la tregua se terminó.
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