Cuando ocurre un desastre, la clínica comunitaria ya está ahí
Un desastre no termina cuando se desactiva el centro de operaciones de emergencia. Termina cuando las personas recuperan su salud.
Las clínicas de AltaMed en una jornada de atención en Boyle Heights. Crédito: Impremedia
Adrienne Martínez-Hollingsworth (*)
El 24 de septiembre se cumplieron cien días desde que un almacén de refrigeración en Boyle Heights se incendió. El fuego ardió durante ocho días y dejó 85 millones de libras de alimentos quemados, contaminación del aire en los vecindarios cercanos y miles de personas afectadas.
Los escombros ya fueron retirados, las órdenes de emergencia comienzan a levantarse y el incendio ha dejado de ocupar los titulares. Pero la comunidad aún se está recuperando, y clínicas como AltaMed seguimos aquí.
Un desastre no termina cuando se desactiva el centro de operaciones de emergencia. Termina cuando las personas recuperan su salud.
Desde el incendio, nuestra clínica móvil ha atendido a más de 400 personas durante visitas a centros como el Centro Recreativo Lou Costello Jr. Los problemas respiratorios han sido la principal preocupación, con 157 consultas relacionadas con síntomas respiratorios durante los rebrotes y reactivaciones del incendio entre principios de julio y principios de agosto.
Además, alrededor de 400 personas recibieron apoyo para conectarlas con servicios médicos y sociales. Son vecinos que quizá no habrían recibido atención cerca de su hogar, en su propio idioma y de parte de un proveedor que conocen y en quien confían.

Lo ocurrido en Boyle Heights no es un caso aislado. Cuando el incendio de Eaton devastó Altadena en enero de 2025, AltaMed brindó atención durante 21 días en el centro de evacuación del Centro de Convenciones de Pasadena, donde se registraron entre 650 y 850 encuentros de atención médica.
El 28% de las personas atendidas presentaba síntomas respiratorios y el 18% necesitaba renovar medicamentos para enfermedades crónicas. Más de 80 residentes evitaron una visita al departamento de emergencias gracias al acceso a medicamentos esenciales. Muchos habían perdido su hogar, sus medicamentos y hasta la farmacia donde surtían sus recetas.
Aproximadamente 230 empleados de AltaMed trabajaron en ese centro de evacuación, muchos mientras enfrentaban su propia exposición al humo o el desplazamiento de sus familias. Respondían no solo como proveedores de salud, sino también como miembros de una comunidad afectada.
Nuestra presencia clínica y de investigación también permitió identificar patrones de salud. Durante tres semanas monitoreamos cinco categorías de enfermedades infecciosas, entre ellas Covid-19, influenza, norovirus y sarna. Realizamos pruebas, coordinamos medidas de aislamiento, brindamos tratamiento y educación para prevenir su propagación.
Ese trabajo fue posible por nuestra experiencia y conexión con las comunidades a las que servimos. Los centros de salud comunitarios atienden aproximadamente a uno de cada cinco residentes del Condado de Los Ángeles. Como centros de salud federalmente calificados, atendemos a las personas independientemente de sus ingresos o cobertura médica y permanecemos en estos vecindarios año tras año.
Aproximadamente 78,000 pacientes de AltaMed viven en un radio de cinco millas del almacén que se incendió. No tuvimos que llegar a una comunidad desconocida para comenzar a ayudar. Nuestros pacientes ya estaban allí. Ya nos conocían. Y nosotros los conocíamos a ellos.
La recuperación suele ser más lenta y silenciosa que la respuesta inmediata. Por eso debemos preguntarnos: ¿Quién ha podido regresar con su médico? ¿Quién tiene nuevamente acceso a sus medicamentos? ¿Quién todavía está enfermo?

Responder a esas necesidades requiere personal, unidades móviles, trabajadores de salud comunitaria y programas de alcance. Esa capacidad se encuentra hoy bajo presión.
Aproximadamente la mitad de los pacientes atendidos por centros de salud comunitarios cuentan con Medicaid. La Asociación Nacional de Centros de Salud Comunitaria estima que los cambios a Medicaid incluidos en H.R. 1 podrían representar aproximadamente $7 mil millones anuales adicionales en atención no compensada y costos operativos a nivel nacional.
Cuando los centros de salud deben absorber esos costos, pueden quedar en riesgo servicios que no siempre pueden facturarse, como el alcance comunitario, los trabajadores de salud comunitaria, las clínicas móviles y la experiencia en salud pública. Son precisamente los recursos que una comunidad necesita cuando ocurre un desastre.
Han pasado más de cien días desde que comenzó el incendio, pero para las personas que viven alrededor del lugar, la emergencia sigue su propio calendario.
Las clínicas comunitarias permanecen cuando la atención de los medios desaparece. Seguimos cuidando la salud de nuestros vecinos durante la emergencia y la recuperación. Para continuar haciendo ese trabajo, necesitamos contar con los recursos necesarios para estar presentes cuando nuestras comunidades más nos necesitan.
Adrienne Martinez-Hollingsworth, PhD, RN, PHN, WAN, es directora de Investigación y Evaluación en AltaMed.