“¡Sí se puede!”: Gracias, Dolores Huerta

Ya no está con nosotros para liderar la lucha, y el corazón se entristece, pero también se hincha de orgullo por el legado que esta mujer nos dejó

Dolores Huerta falleció a los 96 años víctima de cáncer, pero deja un incalculable legado. En esta foto se le ve durante un evento de la Fundación Clooney por la Justicia en 2024 en Nueva York.

Dolores Huerta falleció a los 96 años víctima de cáncer, pero deja un incalculable legado. En esta foto se le ve durante un evento de la Fundación Clooney por la Justicia en 2024 en Nueva York. Crédito: Evan Agostini/Invision | AP

Dolores Huerta inspiraba respeto allí donde aparecía. Elevaba el espíritu en actos de protesta, celebraciones de aniversarios de organizaciones comunitarias, entrevistas, acciones de apoyo a los candidatos que bregaban por su endoso electoral.

Dolores Huerta fue una amiga de La Opinión y su equipo, por décadas. Quien esto firma fue testigo: la junta editorial se reunió para entrevistar a cierta candidata. Vino con todo un séquito, quizás pensando que ello le ayudaría. Estaba ahí Dolores Huerta.

Cortésmente se pidió a todos los demás que se retiraran. “Menos Dolores. Que se quede con nosotros, porque a nosotros nos honra su presencia”.

Afortunadamente, nuestros caminos se entrelazaron: ella, la protagonista de tantos cambios, la incansable, y el diario, un testigo recogiendo los fragmentos de la historia que ella escribía.

Hasta hace poco la vimos erguida, orgullosa, rodeada de quienes se empujaban para acercarse. Ella entusiasmaba a los presentes como ayer, cuando era una joven activista. Y hablaba con la claridad y convicción de quien lo ha visto todo pero sigue adelante. Hasta el último momento, con serenidad y esa sonrisa…

Porque Dolores Huerta llevaba en sus hombros el peso de la historia del movimiento campesino y obrero en nuestro estado. De la lucha de los latinos por la autodeterminación, que es el verdadero significado de pedir la reforma migratoria.

Porque Dolores Huerta lo dio todo por el movimiento, al punto que durante casi 60 años guardó silencio porque temía que revelar la verdad —el abuso que sufrió a manos de César Chávez— dañaría la lucha de los campesinos. Pagó un precio personal por preservar la causa colectiva.

La Opinión le dio un seguimiento prioritario a sus palabras. Publicamos editoriales sobre su valentía al priorizar la verdad por encima de su propia imagen histórica.

Dolores Clara Fernández había nacido en el pequeño pueblo minero de Dawson, Nuevo México, el 10 de abril de 1930. Había vivido desde niña en Stockton y el resto de California. Fue criada por su madre. Era maestra de primaria. Tuvo 14 hijos, según el comunicado de su fundación. ¡Catorce hijos! No le impidió ser una activista imparable, estoica y humilde. ¡Tantos logros que se debieron a ella pero que los historiadores todavía conceden a sus compañeros de ruta!

El vínculo de Dolores con La Opinión fue más allá. El diario fue una de las principales plataformas de difusión para el movimiento campesino que ella lideró. Durante las huelgas de los trabajadores agrícolas, los boicots de la uva dirigidos por el Sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW) encontraron eco en nuestras páginas.

Nos concedió decenas de entrevistas; algunas, todavía están en los archivos y hasta en YouTube, donde la reportera la presentó como “una de las personas más importantes del siglo XX”.

Porque lo fue.

Festejamos con ella hace muy poco, con un título: “Dolores Huerta llega a los 96 años con una voz firme en medio de nuevos desafíos”.

Y ahora, Dolores Huerta ha muerto. Ha muerto cuando la comunidad latina está pasando por su momento más angustioso, blanco de ataques xenófobos, odio injustificado, violencia ignominiosa. Cuando los votantes enfrentan amenazas, esfuerzos deliberados por suprimir su participación legítima.

Y ya no está con nosotros Dolores Huerta para liderar la lucha, y el corazón se entristece, pero también se hincha de emoción y de orgullo por el legado que esta mujer tan excepcional nos dejó.

Quien firma y toda La Opinión inclinan su cabeza y saludan a la brava luchadora que fue Dolores Huerta. No se olvidará su ejemplo. No se olvidará su lucha.

Y rescatamos también aquí el lema histórico de la UFW que ella fundó y que está en boca de millones en todo el mundo y que la define. Cuando le dijeron que en Arizona no se podía organizar a los trabajadores, contestó indignada: “¿En Arizona? ¡Sí se puede!”

¡Sí se puede! ¡Viva la causa!

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