“Traición” a la DEA a favor de “Los Zetas” desató masacre en Coahuila

Lo que provocó la matanza en Allende, Coahuila en 2011 que dejó más 20 muertos, según cifras oficiales; ONG dicen que fueron 300

PEDRO PARDO/AFP/Getty Images

PEDRO PARDO/AFP/Getty Images Crédito: Getty Images/Archivo

MÉXICO – La presunta traición de algunos agentes de  la Policía Federal mexicana a la Administración para el Control de Drogas (DEA) desembocó en una de las masacres más viles que ha sufrido México en los últimos años con un costo calculado en hasta 300 muertos en 2011, cuando los líderes de la organización criminal Zetas volcaron su ira en contra de la comunidad de Allende, Coahuila.

De acuerdo con una investigación conjunta de la organización Propublica y National Geographic, encabezada por Ginger Thomson, todo inició con el operativo  “Demasiado Legítimo para Rendirse” en el que estaban involucrados agentes de la DEA y fiscales federales en Texas que le pisaban los talones al sangriento cártel a los Zetas que a principios de esta década se movía a sus anchas en un reino de impunidad tolerado en Coahuila.

“Los Zetas habían tomado todas las actividades comerciales del estado: tráfico de drogas, armas, negocios, servicios, bienes raíces, construcción, casas de cambio, conciertos, bailes… Abrieron restaurantes, zonas rojas, compra venta de autos usados, hoteles y casinos”, describió el ex presidente de Piedras Negras, Fernando Purón en el informe de Thomson “Radiografía de una Masacre”.

En Allende, un municipio de 23,000 habitantes, ubicado a 40 minutos de la frontera,  los hermanos Miguel Ángel “Z40”  y Omar Treviño “Z42” –ex líderes Zetas capturados en 2013 y 2015 respectivamente – habían montado su centro de operaciones  de millones de dólares de tráfico de armas y lavado de dinero hasta que “Demasiado Legítimo para Rendirse” decomisó $802,000 dólares en efectivo y en la investigación se supo del escondrijo.

El portador del dinero reveló al agente de la DEA Richard Martínez y al fiscal federal estadounidense en Texas Ernest González, que trabajaba para  José Vasquez Jr. “El Diablo”, nacido en Dallas.  Vasquez huyó, pero cuando fue amenazado por las autoridades de que irían por su esposa y madre se entregó y comenzó a cooperar.

“El Diablo” estaba muy bien relacionado con los Treviño y su gente más cercana a través de los cuales pudo conseguir los números telefónicos de los líderes Z40 y Z42 para dárselos a Martínez, el agente de la DEA. Martínez entregó la información  a Terrace Cole, su superior en Dallas, y éste a su vez al supervisor de la DEA en la Ciudad de México,  Paul Knierim.

Knierim confió en la Unidad de Investigaciones Sensibles de la Policía Federal y finalmente desde esta unidad  se filtró la información al cártel de Los Zetas, revelaron los agentes involucrados. 

Cuando los Treviño se enteraron de que la DEA los tenía ubicados  fueron directamente contra algunos pobladores de Allende.

Fue el 18 de marzo de 2011. Cincuenta camionetas con hombres armados se hicieron de las carreteras, entradas y salidas.Su primer punto de ataque -y el más afectado- fue el rancho de la familia Garza, dedicada a la ganadería y el carbón.

José Luis Garza, un miembro de la familia, estaba involucrado con los zetas como operador de bajo rango  y éstos pensaron que él era el soplón.

Los sicarios entraron al rancho la hora del pago de los trabajadores y agarraron parejo. Encerraron en una bodega a todos  junto con otras personas que detuvieron en las calles (familias completas, niños, ancianos) y ahí les lanzaron balas y prendieron fuego.

Luego  metieron máquinas demoledoras y tumbaron casas de los supuestos chivatos que actualmente siguen en ruinas, entre escombros, hierros retorcidos, zapatos y evidencias sin remover.

Nadie intervino. El jefe de bomberos de Allende dijo que cuando llegaron al rancho para mitigar el incendio se encontraron con pistoleros que les impidieron la entrada. “Dijeron que iba a haber muchos incidentes. Que íbamos a recibir llamadas de emergencia sobre balaceras e incendios y cosas así y no teníamos que responder”.

El vicealcalde de Allende en esos años, Evaristo Rodríguez, recordó que se encontraba en la presidencia municipal con el equipo de trabajo pero no sabían qué hacer. “Un regidor sugirió que  nos fuéramos, ‘no vaya a ser que vengan por nosotros'”. Al final no huyeron pero tampoco hicieron más que ignorar las llamadas de auxilio: 250 en total.

Estaban en desventaja. El alcalde de Piedras Negras – vecino a Allende- describió su vulnerabilidad así: “Los Zetas eran más fuertes que el gobierno económicamente, mejor organizados, armados. Todos teníamos miedo”.

Después de la masacre llegó el Ejército a Allende para la vigilancia. Sin embargo, las investigaciones sobre los asesinatos siguen sin esclarecerse. Han sido detenidos una docena de sospechosos, entre ellos, ex policías locales y algunos peones del narco, pero nadie ha sido acusado de homicidio.

“El gobierno de México sólo erigió un monumento a las víctimas sin determinar cuántas fueron ni castigar a los responsables”, destacó Thompson.

Por parte de la DEA, la postura oficial concluye que, al final de cuentas, la culpa de la masacre fue de los Treviño aunque los agentes involucrados dejaron claro en sus declaraciones la impotencia de no poder hacer nada frente a casos como el de Allende.

“Obviamente me siento destrozado por lo que ocurrió”, dijo el fiscal estadounidense González, quien soñó un día con regresar la paz a Coahuila, donde aún tiene familia.

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