Editorial: Metales en la comida de bebés

La presencia de estos metales pueden tener un impacto devastador en los bebés

Bebé

Bebé. Crédito: Pixabay

Una significativa cantidad de la comida para los bebés tiene un peligroso nivel de metales contaminantes que pone en peligro su futuro. No es una novedad. El problema es que pese a conocerse esta amenaza todavía el causante del riesgo está en los estantes de los supermercados. Esta es una grave falla en el sistema regulatorio que deja a los padres con la responsabilidad de seleccionar cuidadosamente el alimento de sus hijos.

Un estudio reciente dado a conocer por Healthier Babies Better Future mostró que el 95% de la comida infantil contiene uno o más de los cuatros metales pesados tóxicos: arsénico, plomo, cadmio y mercurio. Todos excepto nueve de las 168 comidas infantiles analizadas tenía uno de los metales, la mayoría tenía más de uno y una de cada cuatro comidas tenía cantidades detectables de los cuatro metales.

La presencia de estos metales pueden tener un impacto devastador en los bebés. Todos ellos contienen toxinas que perjudican el desarrollo neurológico del infante, reducen su coeficiente de inteligencia y afectan el desarrollo cerebral. Todo ello crea futuros problemas de educación y conducta. El efecto es acumulativo.

Los alimentos más perjudiciales son los productos infantiles hechos con base de arroz, zanahorias, la papa dulce y los jugos de fruta. Los metales pesados que están en el suelo y el agua son absorbidos en distinta medida por las plantas, y el arroz absorbe el arsénico inorgánico 10 veces más que otros cereales.

Todo esto se sabía con anterioridad a este análisis, desde la presencia de los metales al daño en los bebés. Hay varios estudios de la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA) que muestran el problema. La buena noticia es que la contaminación de arsénico en el cereal de arroz y los jugos es de 37% y 67% menor, respectivamente, que hace 10 años. La mala es que todavía causa daño y que pese a todo el FDA aún no lo ha tomado en serio como para tomar medidas fuertes.

Se han hecho recomendaciones federales para el cultivo y procesamiento de los productos. Pero no existe un límite de la cantidad permisible de arsénico.

El FDA tienen que imponer esos límites y vigilar que no se supere la cantidad aceptable de metales pesados en el alimento infantil, en vez de limitarse a emitir solo recomendaciones. Lo ideal es que no haya estos contaminantes en la comida del bebé. Para eso los padres ya pueden actuar cambiando la dieta y reemplazando los alimentos determinados en el estudio que no tienen arsénico.

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