Fruitvale Station, de la realidad a la ficción

Una película trae de vuelta a la Bahía la polémica muerte de Oscar Grant

Fotograma de la película Fruitvale Station, que aborda la polémica muerte del afroamericano Oscar Grant a manos de un policía en el transporte público BART.

Fotograma de la película Fruitvale Station, que aborda la polémica muerte del afroamericano Oscar Grant a manos de un policía en el transporte público BART. Crédito: Suministrada

SAN FRANCISCO.— Para contar la historia de Oscar Grant, la película Fruitvale Station inicia con el suceso más relevante de su vida: la manera en que murió.

Fruitvale Station es “un filme sobre relaciones humanas”, describió su director, Ryan Coogler; la mercadotecnia lo presenta como una obra por la justicia social; pero, en términos cinematográficos, es llanamente una cinta de explotación.

“Hay quienes hicieron a Oscar Grant un mártir y dicen que nunca hizo nada malo en su vida. Para otros, es alguien que hizo todo mal, un villano, que merecía eso que le sucedió. Yo traté de mostrarlo como lo veía la gente que más lo quería”, dijo Coogler en entrevista.

Nativo de Oakland, Coogler agregó sobre las intenciones de su primer película, por la que ya recibió premios en los festivales de Sundance y Cannes: “Hay una gran cantidad de jóvenes, afros, latinos, que pierden su vida en las calles y nadie los mira como seres humanos completos. Son chicos que tienen alguien que los quiere y que desean que lleguen a casa y son devastados cuando eso no ocurre. Quise dar esa perspectiva”.

Mezcla de ficción, hechos y anécdotas familiares, la historia recrea el último día en la vida de Grant, un nativo de Hayward. Frutivale Station, que se estrena en el Área de la Bahía el 12 de julio, dura 85 minutos. El mayor reto del guión es hacer de Grant un personaje carismático, esencial para el estilo narrativo de Hollywood.

Pero Oscar Grant no tuvo una vida ejemplar. Apenas tres meses antes de su muerte había salido de la cárcel —a sus 22 años, había estado ya dos veces en prisiones estatales de California, entre otros delitos por tráfico de drogas, posesión de armas y resistencia a un arresto—; su padre, Oscar Grant I, suma ya 27 años encarcelado, convicto por asesinato.

Con estudios truncados, desempleado, padre él mismo de una niña, en relación abierta con la madre de ésta, Oscar Grant tenía, en la narrativa de Fruitvale Station y las anécdotas de familiares y amigos, el deseo de recomponer su vida. Fue entonces que lo mataron.

En los años setenta, en los Estados Unidos una riada de películas de bajo presupuesto protagonizadas, producidas y dirigidas por afroamericanos fueron con el tiempo genéricamente clasificadas como “blaxplotation”. El término en inglés combina las palabras negro (black) y explotación (explotation).

La mayoría de las películas de ese género, ha definido el crítico de cine Gary Morris, “son melodramas de gangsters con elementos de protesta social, dominados por una sola personalidad (hombre o mujer) carismática”. Con excepción de que Fruitvale Station es un drama, se ajusta por entero al concepto.

Si Fruitvale Station existe es porque hubo quienes grabaron la tragedia de Grant y la distribuyeron en las redes sociales. En dos minutos, en un video tomado con celular, la historia se cuenta completa.

Pero cuidado con esos dos minutos de realidad. Son terribles, no entretenidos. Sometido boca abajo en el suelo, un joven es herido de muerte por el disparo de un policía blanco.

Apenas sucedió, el 1 de enero de 2009, el hecho suscitó disturbios en Oakland y luego, tras ser liberado el policía, 11 meses después de su encarcelamiento, nuevas revueltas se registraron. Reverdecieron añejos conflictos raciales. Oscar Grant es hoy un símbolo, al menos en el Área de la Bahía, de la lucha contra la desigualdad social y racial.

Fruitvale Station es, pues, un espectáculo sombrío. La película puede dejar al espectador momentáneamente aturdido, nublado y con amenaza de lluvia en los lagrimales.

El cuadro actoral es destacado. Sobresale la reciente ganadora del Oscar, Octavia Spencer, como la madre de Oscar Grant, Wanda Jhonson. Michael B. Jordan, como Grant, y Melonie Diaz, quien interpreta a Sophina, la novia, merecen también las palmas.

“Es una película dura de ver”, reconoció Melonie Diaz. “Pero a veces la verdad duele”, agregó. “Oscar fue un padre de familia, un hijo, una persona, no sólo un blip de televisión. No era perfecto; pero lo que quisimos mostrar es lo difícil que es tener veintitantos años y vivir en Oakland”.

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