No te aflijas si eres el primero al que un familiar con Alzheimer olvida, no es por falta de afecto
Lo más importante es recordar que, aunque la memoria consciente se desvanezca, las emociones y las conexiones más profundas persisten
Muchos pacientes con Alzheimer, aunque no reconozcan rostros ni nombres, aún responden con calidez a voces familiares. Crédito: PeopleImages | Shutterstock
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta progresivamente la memoria, el pensamiento y el comportamiento de quien la padece. A medida que avanza, los recuerdos se van desdibujando como fotografías expuestas al sol, comenzando generalmente por los más recientes y avanzando hacia aquellos más arraigados en el tiempo.
Para las familias, enfrentar esta realidad representa uno de los desafíos emocionales más complejos, especialmente cuando la persona amada comienza a no reconocer a quienes han estado más cerca en su vida cotidiana.
Uno de los momentos más dolorosos para los cuidadores y familiares cercanos ocurre cuando descubren que son los primeros en ser olvidados, mientras que la persona con Alzheimer aún recuerda vívidamente a familiares más distantes o a personas de su pasado lejano.
Este fenómeno, aunque paradójico y desgarrador, tiene una explicación neurológica que nada tiene que ver con la importancia o el afecto que esa persona sentía por nosotros. Comprender esta realidad es fundamental para sobrellevar el proceso sin culpa ni resentimiento.
Impacto emocional en seres cercanos
El día en que tu madre no recuerda tu nombre, pero sí el de su hermana fallecida hace décadas, tu mundo se derrumba. Cuando tu esposo te pregunta quién eres, mientras recita perfectamente la dirección de la casa donde creció, sientes que el amor de toda una vida se ha evaporado. Sin embargo, este olvido selectivo no es una declaración sobre cuánto significaste para esa persona; es simplemente la cruel aritmética de una enfermedad que borra la memoria en orden cronológico inverso.
El Alzheimer ataca primero los recuerdos más recientes, aquellos almacenados en regiones cerebrales más vulnerables al daño neurológico. Los recuerdos antiguos, especialmente los de la juventud y la infancia, se encuentran más consolidados en diferentes áreas del cerebro y suelen resistir más tiempo.
Así, la persona que te cuidó durante los últimos años puede desaparecer de su memoria antes que el compañero de escuela con quien apenas convivió unos meses hace medio siglo. No es que te amaran menos; es que te conocieron después.
Si eres hijo, cónyuge o cuidador principal, probablemente formes parte de su realidad más reciente y, por tanto, de la más frágil. Esa persona que te olvida aún puede recordar con asombrosa claridad eventos de hace cuarenta años, no porque fueran más importantes, sino porque esos recuerdos tuvieron décadas para consolidarse en estructuras cerebrales que la enfermedad aún no ha alcanzado completamente. Tu presencia, aunque más significativa emocionalmente, está grabada en memorias más nuevas y, por tanto, más susceptibles al deterioro.
Comprendiendo el olvido
Comprender esto no elimina el dolor, pero sí puede aliviar la culpa y la confusión. No hiciste nada mal. No amaste de menos ni estuviste ausente. El cerebro enfermo simplemente está siguiendo su propio patrón de destrucción, despojando primero las capas más superficiales de la memoria antes de alcanzar los cimientos más profundos. Cuando tu ser querido te mira sin reconocerte, no está rechazándote; está perdido en un tiempo donde aún no habías llegado a su vida, atrapado en una época que su mente deteriorada aún puede alcanzar.
Lo más importante es recordar que, aunque la memoria consciente se desvanezca, las emociones y las conexiones más profundas persisten de maneras que la ciencia apenas comienza a comprender.
Muchos pacientes con Alzheimer avanzado, aunque no reconozcan rostros ni nombres, aún responden con calidez a voces familiares, se relajan con ciertas presencias y muestran preferencia por personas específicas. El amor no siempre necesita de la memoria para existir; a veces vive en lo profundo, en un lugar que la enfermedad no puede tocar del todo.
Así que no te aflijas si eres el primero en ser olvidado. No significa que fuiste el menos amado, sino probablemente todo lo contrario: fuiste parte de la etapa más plena y reciente de su vida, y esa es precisamente la parte que la enfermedad se lleva primero. Tu presencia importó, tu amor fue recibido, y aunque ya no puedan recordarlo conscientemente, cada momento compartido formó parte de la historia de una vida que, a pesar de todo, fue más completa porque tú estuviste en ella.
Primeros síntomas del Alzheimer
Los síntomas iniciales de la enfermedad, según la Asociación del Alzheimer, suelen incluir:
- Dificultad para recordar nombres y palabras.
- Problemas para retener información reciente.
- Tendencia a extraviar objetos.
Estos lapsus de memoria a menudo son pasados por alto, y el diagnóstico temprano es crucial para ralentizar el avance de la enfermedad.
Estrategias para mantener la conexión
Por otra parte, un artículo de Yale Medicine, citado por el portal especializado Bupa Salud, brinda recomendaciones para afrontar esta difícil situación:
- No corregir errores de memoria, para evitar ansiedad.
- Fomentar la reminiscencia a través de recuerdos pasados.
- Planificar actividades recreativas que promuevan el bienestar.
Además, es fundamental que los cuidadores mantengan su propia salud mental y física.
Aumentar pasos retardar el deterioro cognitivo
Un estudio reciente evidencia que incrementar el número de pasos diarios podría ralentizar el deterioro cognitivo en adultos mayores que ya presentan signos biológicos de enfermedad de Alzheimer.
La investigación, publicada en la revista Nature Medicine, que analizó a 296 participantes entre 50 y 90 años, refiere que la acumulación de la proteína beta amiloide puede comenzar a una edad temprana, afectando la comunicación neuronal. A medida que aumentan los depósitos, se observa la propagación de proteínas tau, lo que contribuye a la muerte celular. Los resultados indican que quienes caminaron de 5000 a 7500 pasos diarios experimentaron un retraso en el deterioro cognitivo de hasta siete años.
Los investigadores utilizaron tecnologías avanzadas como tomografías para medir los niveles de amiloide y tau, junto con análisis de cognición y seguimiento de la actividad física mediante podómetros. La combinación de estas medidas proporcionó un marco sólido para los hallazgos.
Sin embargo, aunque la actividad física genera beneficios, el Dr. Richard Isaacson, director de investigación del Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas de Florida y quien no participó en el estudio, advierte a CNN que depender de una cifra específica de pasos simplifica excesivamente la prevención del Alzheimer, ya que cada paciente debe tener un plan individualizado.
Aunque los hallazgos son prometedores, los expertos subrayan la necesidad de más investigaciones sobre la relación entre la actividad física y el deterioro cognitivo.
El estudio refuerza la noción de que un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio regular, puede ser beneficioso no solo para la salud cardiovascular, sino también para la salud cerebral. Aunque los resultados son significativos, se destaca la importancia de continuar la investigación en esta área.
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