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¿Por qué a algunos cuerpos les cuesta adelgazar más que otros?

Estudios científicos han identificado más de 400 variantes genéticas asociadas con la obesidad y el metabolismo

¿Por qué a algunos cuerpos les cuesta adelgazar más que otros?

Mujer preocupada por su sobrepeso. Crédito: Lee Charlie | Shutterstock

La pérdida de peso es uno de los objetivos de salud más perseguidos en la sociedad contemporánea, pero también uno de los más frustrantes. Mientras algunas personas logran reducir su peso corporal con relativa facilidad siguiendo dietas y rutinas de ejercicio, otras batallan durante meses o años sin obtener los resultados esperados, a pesar de mantener el mismo nivel de disciplina.

Esta disparidad ha generado mitos, culpas infundadas y una industria multimillonaria de productos milagro.

Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la respuesta a esta inequidad metabólica es mucho más compleja de lo que se pensaba: una intrincada combinación de genética, hormonas, microbiota intestinal, historia de peso personal y factores ambientales determina la capacidad individual de cada organismo para perder peso.

Puedes ver: Por qué cuesta bajar de peso después de los 40 y cómo hackear el metabolismo

Cuando los genes marcan el camino

La genética juega un papel fundamental en la regulación del peso corporal. Estudios científicos han identificado más de 400 variantes genéticas asociadas con la obesidad y el metabolismo. Estas variaciones pueden influir en aspectos como la velocidad del metabolismo basal (la cantidad de calorías que el cuerpo quema en reposo), la distribución de la grasa corporal, la sensación de saciedad y la tendencia a acumular energía en forma de tejido adiposo.

Algunas personas heredan un metabolismo naturalmente más lento, lo que significa que su cuerpo requiere menos calorías para funcionar y, por tanto, almacena más fácilmente el exceso como grasa. Otros han recibido genes que afectan la producción de leptina, la hormona de la saciedad, lo que puede llevarles a sentir hambre constante incluso después de comer. Esta predisposición genética no es una sentencia inapelable, pero sí representa un terreno de juego desigual desde el inicio.

Metabolismo adaptativo: el cuerpo que se resiste

Uno de los fenómenos más desafiantes en la pérdida de peso es lo que los científicos llaman “adaptación metabólica” o “termogénesis adaptativa”. Cuando una persona reduce significativamente su ingesta calórica, el cuerpo interpreta esta situación como una amenaza de hambruna y activa mecanismos de supervivencia ancestrales. Como respuesta, el metabolismo se ralentiza más de lo que sería esperable por la simple pérdida de masa corporal.

Este mecanismo evolutivo, que en épocas prehistóricas ayudó a la humanidad a sobrevivir períodos de escasez, hoy se convierte en un obstáculo para quienes intentan adelgazar. El organismo no solo quema menos calorías en reposo, sino que también aumenta la producción de hormonas que estimulan el apetito, como la grelina, y disminuye las que generan saciedad, como la leptina. Para algunas personas, esta adaptación es especialmente pronunciada, convirtiendo cada intento de pérdida de peso en una batalla cuesta arriba contra su propia biología.

El efecto yo-yó y sus consecuencias

Las personas que han experimentado múltiples ciclos de pérdida y recuperación de peso, conocido como “efecto yo-yó”, enfrentan desafíos adicionales. Cada vez que el cuerpo atraviesa por un período de restricción calórica seguido de recuperación del peso perdido, los mecanismos de defensa metabólica se vuelven más eficientes. Es como si el organismo aprendiera de cada experiencia y se preparara mejor para la siguiente “hambruna”.

Investigaciones han demostrado que las personas con historial de dietas repetidas pueden desarrollar una mayor resistencia a la pérdida de peso y una tendencia incrementada a recuperar los kilos perdidos, a menudo superando su peso inicial. Este fenómeno explica por qué muchas personas encuentran cada vez más difícil adelgazar con cada intento sucesivo, generando un círculo vicioso de frustración y culpa.

Los mensajeros químicos del peso

El sistema endocrino desempeña un rol crucial en la regulación del peso corporal. Condiciones como el hipotiroidismo, el síndrome de ovario poliquístico, la resistencia a la insulina o el síndrome de Cushing pueden hacer que la pérdida de peso sea extraordinariamente difícil, independientemente del esfuerzo realizado. Incluso niveles hormonales que se encuentran dentro del rango “normal” pero en los extremos inferiores o superiores pueden tener efectos significativos.

Las hormonas sexuales también influyen: las mujeres, especialmente durante la menopausia, experimentan cambios hormonales que favorecen la acumulación de grasa abdominal y ralentizan el metabolismo. El cortisol, la hormona del estrés, cuando se mantiene elevado crónicamente, promueve el almacenamiento de grasa visceral y aumenta los antojos de alimentos ricos en azúcares y grasas. Para muchas personas, factores estresantes de la vida moderna mantienen sus niveles de cortisol permanentemente elevados, saboteando sus esfuerzos de pérdida de peso.

Microbiota intestinal

Algunas personas poseen una microbiota especialmente eficiente en extraer calorías de los alimentos, lo que significa que obtienen más energía de la misma cantidad de comida que alguien con una composición bacteriana diferente.

Factores como el uso de antibióticos, la dieta durante la infancia, el tipo de parto al nacer e incluso el nivel de estrés pueden moldear la microbiota de manera que favorezca o dificulte el mantenimiento de un peso saludable.

Medicamentos: efectos secundarios invisibles

Numerosos medicamentos comúnmente prescritos pueden contribuir al aumento de peso o dificultar su pérdida. Antidepresivos, antipsicóticos, medicamentos para la diabetes, betabloqueantes, corticosteroides y algunos anticonceptivos tienen efectos metabólicos que favorecen la ganancia de peso. Para personas que dependen de estos tratamientos para manejar condiciones de salud crónicas, la pérdida de peso puede convertirse en un desafío prácticamente insuperable sin ajustes médicos apropiados.

El dilema es complejo: muchas veces estos medicamentos son esenciales para la salud y el bienestar, pero sus efectos secundarios metabólicos pueden erosionar la autoestima y la motivación cuando los esfuerzos por adelgazar no producen resultados visibles.

Metabolismo cambia con la edad

Con el paso de los años, el cuerpo experimenta cambios que naturalmente dificultan el mantenimiento del peso. La masa muscular disminuye progresivamente después de los 30 años, un proceso conocido como sarcopenia, y dado que el músculo es metabólicamente más activo que la grasa, esto resulta en una reducción del metabolismo basal. Simultáneamente, los cambios hormonales asociados con el envejecimiento, especialmente en mujeres postmenopáusicas, alteran la distribución de la grasa corporal y la sensibilidad a la insulina.

Una persona de 50 años puede requerir significativamente menos calorías que cuando tenía 25, incluso manteniendo el mismo nivel de actividad física. Esto explica por qué las estrategias que funcionaban en la juventud pierden efectividad con el tiempo, y por qué mantener el mismo peso requiere un esfuerzo cada vez mayor.

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