Pastor vuelve su iglesia en banco de alimentos para inmigrantes afectados por redadas de ICE en Minneapolis
El templo donde Sergio Amezcua, de origen mexicano, se ha convertido en un enorme centro de acopio donde voluntarios reparten cajas de alimentos
La iniciativa que nació a finales de 2025, cuenta ahora con al menos 4,000 personas, en su mayoría ciudadanos estadounidenses y residentes de Minnesota. Crédito: David Toro | EFE
El pastor Sergio Amezcua convirtió su iglesia cristiana en Minneapolis en un banco de alimentos que beneficia a más de 16,000 familias, principalmente inmigrantes, afectados por la ofensiva de ICE en la ciudad donde ya miles de voluntarios se han sumado a la iniciativa.
Así, la iglesia Dios Habla Hoy, ubicada al sur de Minneapolis, dejó de ser únicamente un templo para convertirse en un enorme centro de acopio. Cada día, voluntarios llegan para registrarse, empacar y distribuir cajas con alimentos, pañales y medicinas destinadas a familias golpeadas por la detención o deportación de uno de sus miembros.
“Cuando he salido a repartir comida he visto mamás con bebés cuyos padres fueron deportados y no saben cómo pagar la renta. También he visto niños muy pequeños siendo capturados. Es una situación devastadora”, relató Amezcua en entrevista con la agencia EFE.
La iniciativa, que nació a finales de 2025, cuenta actualmente con una red de al menos 4,000 voluntarios. Muchos de ellos no pertenecen a la congregación ni comparten la misma fe. “Nuestros primeros voluntarios fueron miembros de la comunidad LGTBIQ+. Llegaron cuando más los necesitábamos”, explicó el pastor. A ellos se han sumado musulmanes, ateos, hispanos y hasta agentes de la policía de Minneapolis.

Las donaciones llegan de múltiples frentes: pequeños empresarios, residentes locales e incluso cargamentos enviados por políticos estatales y de otros puntos del país. Mientras atiende llamadas de personas que ofrecen desde pollo y leche hasta fórmula para bebés, Amezcua reconoce que el reto ahora es logístico y administrativo.
El pastor considera que el despliegue de miles de agentes federales en la ciudad “se salió de las manos” y ha generado un trauma profundo. Según explica, el miedo ha paralizado a la comunidad: muchas personas han dejado de salir a trabajar y la asistencia a iglesias ha caído cerca de un 80%. Constructores, panaderos y trabajadoras de limpieza han perdido ingresos, por lo que la organización también busca apoyar con ayuda para el pago de alquileres.
Cada semana, la iglesia reparte alrededor de una tonelada de alimentos. Solo este miércoles, unos 500 voluntarios formaron cadenas humanas para empacar y trasladar víveres que luego son distribuidos en distintos vecindarios.
Aunque las confrontaciones han disminuido tras recientes hechos de violencia, las redes de apoyo comunitario siguen activas. Para Amezcua, el mensaje es claro: esta situación ya no debe verse como un debate político, sino como lo que es, “una crisis humanitaria” que exige respuestas inmediatas y solidarias.
*Con información de EFE.
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