Ese fraude llamado fraude electoral

Si usted es ciudadano mayor de 18 años, su derecho al voto está consagrado en la Constitución.

Manifestantes se expresan a favor del derecho al voto.

Manifestantes se expresan a favor del derecho al voto. Crédito: Cortesía

Cierto estudiante de leyes solía pasar sus vacaciones de verano en los años 60 intimidando a votantes latinos en su natal Arizona. Poco sospechaban esos votantes que el autor de tal acto criminal se convertiría en el Magistrado Jefe de la Corte Suprema de Estados Unidos. William Rehnquist fue parte de la larga tradición del movimiento conservador de impedir a votantes vulnerables ejercer sus derechos constitucionales, especialmente latinos. 

Rehnquist falleció en 2005, pero su fantasma sigue hoy vivito y coleando en la peor campaña de supresión del votante desde la Era de Jim Crow. Este subterfugio se basa fundamentalmente en la siguiente fábula: Un inmigrante indocumentado abandona su hogar, arriesga su vida y cruza un desierto inhóspito para entrar en un país extraño en busca de una vida mejor, pese a que sabe que le van a recibir con todo tipo de hostilidades. Una vez aquí, compromete toda su apuesta para votar ilegalmente, pese a que su recompensa sería prácticamente nula. 

La verdad es que la probabilidad de que esto ocurra es infinitesimal. Un estudio citado por el Washington Post concluyó que en mil millones de votos emitidos entre 2000 y 2014 en todo el país, se detectaron 31 casos de fraude de votante, un 0.000000031%. Otro reporte del Departamento de Justicia concluyó que en elecciones federales desde 2002 a 2004 se detectó un 0.00000013% de votos fraudulentos. El Estado de Kansas revisó 84 millones de votos emitidos en 22 estados, de los cuales 14 resultaron ser fraudulentos, un 0.0000017%.

Estudio tras estudio a lo largo de décadas prueba que los alegatos de fraude electoral se resumen en imponer una solución en desesperada búsqueda de un problema. Y con las elecciones parlamentarias más cruciales en décadas a la vuelta de la esquina, Trump y su Partido Republicano están acelerando su maquinaria supresora.

En agosto de 2025, a instancias de Trump, Texas alteró sus mapas electorales para favorecer a candidatos conservadores, logrando así cinco escaños adicionales en el Congreso Federal, en detrimento de votantes demócratas y minoritarios, una maniobra llamada gerrymandering. Cinco estados republicanos más hicieron lo mismo, contra solo uno demócrata, California. Por ley, esta redistribución debe hacerse cada diez años al completarse el Censo Nacional, y no a los cinco años como se está haciendo ahora. 

Asimismo, acuciado por niveles récord de desaprobación y encuestas que predicen una derrota republicana en las elecciones parlamentarias del 3 de noviembre, Trump está urgiendo a la mayoría republicana del Congreso a aprobar la Ley SAVE America. La iniciativa pretende reducir la votación ilegal de no ciudadanos?algo extremadamente improbable o inexistente?exigiendo la presentación de pasaporte o certificado de nacimiento para registrarse para votar. Solo la mitad de la población tiene pasaporte, y sacarse uno puede costar casi $200, un nuevo obstáculo para millones de latinos acuciados por la carestía de la vida. Asimismo, las mujeres casadas que hayan adoptado el apellido de su marido tendrán enorme dificultad en probar su identidad con el certificado de nacimiento.

Por si todo esto no funciona para evitar una debacle electoral, Trump también ha anunciado que desplegará a sus agentes de ICE en los centros de votación como arma intimidatoria contra personas de color, especialmente latinos.

Si usted es ciudadano mayor de 18 años, su derecho al voto está consagrado en la Constitución. Para registrarse para votar y saber dónde hacerlo, visite la página de Naleo “Ve Y Vota”.

No deje que ese fraude llamado fraude electoral silencie su voz.

Javier Sierra es comentarista sobre temas económicos, ambientales y de justicia social. 

En esta nota

Elecciones
Contenido Patrocinado