Nonna Maxxing: la tendencia viral que invita a apagar el celular y vivir más despacio
El Nonna Maxxing invita a jóvenes a apagar el celular, cocinar, caminar y descansar como sus abuelas. En qué consiste esta tendencia viral
La moda viral invita a bajar el ritmo, cocinar sin apuro, reducir el uso del celular y recuperar hábitos simples. Crédito: Imagen creada con AI / Georgina Elustondo | Impremedia
El video empieza con una escena mínima: una joven deja el celular boca abajo sobre la mesa de la cocina. No lo apaga del todo, pero lo aparta. Después aparece amasando pasta, regando plantas, doblando un mantel, sirviendo café en una taza de cerámica y sentándose junto a una ventana abierta, sin auriculares, sin notificaciones, sin la obligación de transformar cada minuto en algo útil.
La frase que acompaña las imágenes dice: “Entering my nonna era”.
Ese gesto pequeño, casi doméstico, resume una tendencia que crece en TikTok e Instagram con un nombre curioso: Nonna Maxxing. La expresión combina “nonna” (abuela en italiano) con el sufijo “maxxing”, usado en internet para hablar de la búsqueda de potenciar o llevar algo al máximo.
Pero aquí no se trata de verse mejor, rendir más o producir más. La idea es bastante menos ansiosa: vivir un poco más como una abuela italiana.
Qué es Nonna Maxxing y en qué consiste
Cocinar sin apuro. Caminar al sol. Comer en una mesa de verdad. Cuidar plantas. Hacer pan. Tejer. Sentarse a conversar. Dormir la siesta sin sentirse culpable. Aburrirse un rato sin llenar el silencio con una pantalla.
La tendencia tomó impulso después de que la marca Tallow Twins publicara un manifiesto invitando a pasar un “verano nonna”, con comidas caseras, rutinas lentas y más vida fuera del teléfono. Desde entonces, miles de usuarios empezaron a compartir sus propias versiones de esa fantasía cotidiana: tardes sin reloj, cenas largas, caminatas sin prisa y cocinas donde el tiempo parece correr distinto.

Una moda que habla de cansancio
A primera vista, el Nonna Maxxing puede parecer una estética más: manteles florales, tomates frescos, vestidos de lino, cocinas luminosas y música suave de fondo. Pero su éxito dice algo más profundo sobre una generación que creció conectada todo el día y empezó a sentir que la vida digital le estaba cobrando factura.
Durante años, las redes promovieron una versión hiperproductiva de la existencia. Había que levantarse temprano, entrenar, leer, emprender, organizar la semana, preparar comidas saludables, cuidar la piel, responder mensajes, crear contenido y, además, parecer relajado mientras se hacía todo eso.
El Nonna Maxxing aparece como una reacción a ese agotamiento. No propone una revolución ni una renuncia total a la tecnología. Nadie está tirando el celular al mar. Lo que muchos buscan es algo más modesto y, tal vez por eso, más posible: recuperar espacios donde no todo esté mediado por una pantalla.
“Me di cuenta de que no sabía cocinar sin poner un podcast”, cuenta Emma, de 26 años, en uno de los videos que circulan bajo esta tendencia. “No era porque quisiera aprender algo todo el tiempo. Era porque el silencio me incomodaba. Un día hice pasta sin escuchar nada y al principio me pareció raro. Después sentí una calma que no recordaba”.
Ese tipo de testimonio se repite. Jóvenes que no quieren abandonar internet, pero sí dejar de sentir que viven dentro de él.
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La paradoja de desconectarse en TikTok
Lo más interesante del fenómeno es su contradicción central: miles de personas usan TikTok para explicar por qué quieren pasar menos tiempo en TikTok. Filman sus intentos de desconexión, editan rutinas lentas, publican tardes sin celular y convierten la pausa en contenido.
Esa paradoja no invalida la tendencia. Más bien la vuelve muy propia de este momento. Las redes sociales son, al mismo tiempo, el problema y el lugar donde se conversa sobre el problema.
El fenómeno encaja con una conversación más amplia sobre el cansancio digital. Pew Research Center informó que casi la mitad de los adolescentes en Estados Unidos dice estar online “casi constantemente”, una señal de hasta qué punto la conexión permanente se volvió parte de la vida cotidiana.
Por eso, cuando alguien muestra una tarde haciendo pasta, leyendo al sol o tomando café sin revisar mensajes, no está mostrando solo una actividad doméstica. Está vendiendo —aunque sea sin querer— una fantasía de descanso.
No es nostalgia, es necesidad
Hay algo tentador en imaginar que las abuelas vivían mejor porque tenían menos pantallas. La realidad, por supuesto, era más compleja. Pero el Nonna Maxxing no parece buscar una vuelta literal al pasado. Toma algunas imágenes de esa vida —la comida casera, la mesa compartida, el tiempo lento, el contacto con lo manual— y las convierte en una respuesta emocional al presente.
“Mi abuela nunca hablaba de wellness”, dice Julia, de 31 años, en una publicación viral. “Pero caminaba todos los días, cocinaba comida real, se sentaba a tomar café con sus vecinas y no se disculpaba por descansar después de almorzar. Yo pago aplicaciones para intentar hacer algo parecido”.
La frase resume el encanto de la tendencia: lo que antes era rutina ahora aparece como lujo.
Cocinar, caminar, descansar
Entre los hábitos que más se repiten en los videos de Nonna Maxxing aparecen cocinar desde cero, caminar sin destino urgente, pasar más tiempo al aire libre, arreglar cosas con las manos y compartir comidas largas. No son prácticas nuevas ni extraordinarias, pero contrastan con la velocidad de una vida organizada por notificaciones.
También conectan con una idea que distintos especialistas en bienestar vienen señalando: no todo descanso ocurre cuando dormimos. A veces descansar también significa recuperar atención, bajar estímulos y hacer algo que no tenga una recompensa inmediata.
En ese sentido, el Nonna Maxxing funciona menos como una lista de tareas y más como una autorización simbólica. Permite decir: no tengo que convertir cada minuto libre en productividad. Puedo cocinar lento. Puedo caminar sin grabarlo todo. Puedo sentarme al sol sin justificarlo.
The Guardian describió el Nonnamaxxing como una especie de antídoto generacional frente al malestar moderno, inspirado en hábitos asociados con longevidad, vínculos comunitarios y comida hecha en casa. Cosas sencillas, cotidianas, que en los tiempos que corren parecen sentirse (y se muestran) como actos de resistencia.
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