Miedos, amenazas y muerte, un cóctel que sacude al fútbol

Falleció ayer Emanuel Balbo luego de la agresión en el clásico cordobés; entretelones de una historia con doble final trágico

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Miedos, amenazas y muerte, un cóctel que sacude al fútbol
El dolor tras la muerte de Emanuel Balbo.
Foto: La Nación

El diálogo fue estremecedor. “Hablé con Tapia. Me dio su teléfono, se puso a disposición, me preguntó qué necesitaba. ¿Ahora? Nada, le dije. Un cerebro para mi hijo. ¿Qué otra cosa? Un hijo”. El relato, a LA NACION, es de Raúl Balbo, padre de Emanuel, el joven que murió este lunes después de ser golpeado y arrojado de una tribuna en el estadio Mario Kempes el sábado.

El presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, se contactó con Raúl ayer, horas después de que los médicos le comunicaran que su hijo, de 22 años, no registraba más actividad cerebral; su estado era irreversible. Pasarían seis horas más de tensión, angustia y dolor hasta su muerte.

Emeterio Farías, titular de la Liga Cordobesa de Fútbol y representante de esta provincia en la AFA, fue el encargado de mediar en la comunicación. Familiares de Emanuel lo identificaron y empezaron a gritarle.

¿Ahora venís? Dejá de hacer propaganda, ándate“, vociferó una tía. El resto se sumó y el dirigente se fue sin poder terminar de hablar con los periodistas.

Raúl insiste: “Ya no dejan entrar a los visitantes y la violencia es entre los de la misma camiseta. ¿Ahora van a jugar a puertas cerradas?”. En la tarde del domingo estuvieron también los dirigentes de Belgrano; la respuesta fue la misma: desazón e impotencia.

El vicepresidente de Belgrano, Jorge Franceschi, afirmó que el club está a disposición de la familia y de la justicia: “Estas lacras no volverán a entrar al club. Vamos a ir a fondo para dar con los asesinos. Estos hechos nos destruyen”. Dijo que, más allá de lo que haga la Justicia, a los implicados en el caso Balbo se les aplicará el “derecho de admisión de por vida”.

Por el hecho hay cinco detenidos, acusados de “homicidio agravado” por la ley del deporte, con una pena máxima de 34 años. Por la tarde, después de un allanamiento a su casa, se entregó -acompañado por su abogada, Nora Pico- Oscar “Sapito” Gómez, sindicado por la familia y testigos como el instigador del crimen.

Los otros detenidos son Matías y Cristian Oliva, padre e hijo que fueron arrestados en la tarde del domingo y Raúl Vergara y Pablo Robledo, puestos a disposición de la Justicia ayer.

Gómez está imputado de homicidio culposo por la muerte en 2012 de Agustín, el hermano de 14 años de Emanuel que fue arrollado por dos autos que, supuestamente, corrían una picada. Estuvo preso un mes. “¿Arrepentido de qué?”, dijo cuando entraba a la jefatura.

Era vecino de los Balbo en el barrio Ampliación Ferreyra y, aunque se mudó, volvía a ver a su familia. Los cruces nunca se detuvieron. Hace dos semanas, ante la Justicia, la madre de Emanuel planteó que tenían miedo, que sufrían amenazas. Fue una exposición informal, cuando fueron a averiguar por el juicio por la muerte de Agustín.

“No figura en ninguno de los videos ni en las imágenes -dice a LA NACION la abogada Pico-. No tuvo ninguna intervención en el hecho; sí una discusión con Balbo, pero nada más. Incluso hay versiones de que el chico se habría tirado y de que el problema era con otros hinchas”.

La fiscal Sánchez explicó que Gómez “fue a buscar a Emanuel y comenzó a golpearlo, hasta que Balbo se defendió y generó que dijeran que era hincha de Talleres”.

En la tarde de ayer hubo una marcha organizada por hinchas de Belgrano -no por el club- reclamando “justicia”. Gerardo Acosta, uno de los convocantes, explicó: “Esto no puede pasar nunca más. Ví cómo le pegaban y esos son violentos, no hinchas. Nunca más pueden estar en una cancha”.

En la marcha desde la cancha de Belgrano a la jefatura policial, también había camisetas de otros clubes. Mario, con una de la “T”, apuntó: “Es hora de que reflexionemos, somos personas“.

Talleres emitió un comunicado: “Alentamos a todos a multiplicar nuestros esfuerzos para erradicar la intolerancia, la discriminación y la violencia en todas sus formas”.

“Tenemos una profunda tristeza por el doloroso momento que vive la familia de Emanuel Balbo. Compartimos el sentimiento de toda la comunidad celeste”, agrega.

El gobernador Juan Schiaretti pidió que caiga “todo el peso de la ley sobre aquellos que cobardemente asesinaron” a Emanuel. “No podemos seguir en este nivel de virulencia y violencia, no puede ser que una fiesta como es el fútbol termine de esta manera, con la vida de un joven”.

Los testimonios recogidos por la fiscal Liliana Sánchez apuntan que, apenas iniciado el entretiempo del clásico Belgrano-Talleres, Gómez y un grupo empiezan a agredir a Emanuel; él baja por la tribuna Willington unos 25 metros para escapar y, cuando llega al paravalancha, cae.

Se investiga si ya estaba inconsciente. Todo indica que sí porque en el piso no atinaba a defenderse. Lucas Ortega, quien fue con Emanuel a la cancha, ratifica ante este medio que él agarró a Gómez para que no le pegara, pero “siguieron. Gritaban que era de Talleres”.

Pablo, un hombre que se presentó para ofrecerse como testigo, describe que él y un amigo se tomaron de las manos para intentar frenar a los que seguían castigándolo cuando ya había caído.

“No se movía, no atinaba a nada; estaba inconsciente. No dejaban de pegarle de todos lados”, relata. Mientras a Emanuel lo retiraban en camilla, agonizante, desde la tribuna gritaban: “Gallina puta, la puta que te parió”.

Así salió del estadio, horas después de jugarle a su papá -hincha de la “T”- cuatro kilos de asado a que Belgrano ganaba. Aunque su familia insiste en que el origen del enfrentamiento con Gómez es por otro tema, fue el fútbol el que desencadenó la tragedia: como creían que era “gallina” nadie lo defendió.

La política de la Policía cordobesa es no poner efectivos en la tribuna para no exacerbar los ánimos (en el clásico hubo 600 agentes); hay quienes entienden que de haber habido agentes allí la golpiza se hubiera parado.

“Otro caso Micaela”

La mamá de Emanuel, Alejandra, integra el foro Familiares de Víctimas de Siniestros Viales (VsV) que ayer hizo un abrazo al hospital pidiendo justicia. “Emanuel pagó con su vida la injusticia por su hermano”, decían.

La presidenta de VsV, Marcela Alfaro, confirmó a este medio lo sucedido en Tribunales: “Fuimos a reclamar por el inicio del juicio. Dije que temía por la vida de los hijos más grandes porque las trifulcas en el barrio no paraban”.

Luis Luna, tío materno de Emanuel, dijo: “Esto es otro caso Micaela; ojalá esta vez se pudra en la cárcel, por Agustín seguimos esperando justicia. Nunca se arrepintió, nunca agachó la cabeza. Al contrario, se cruzaba riéndose, burlándose“.

Hacía 6 meses que Emanuel se había mudado a la casa de unos tíos, en Colonia Lola, para estar tranquilo. “Entre los recuerdos de Agustín y la tensión por los cruces en el barrio, se fue. Nosotros queríamos vender la casa, irnos a Alta Gracia porque ya no es vida”, apunta el padre.

Raúl trabaja en un taller mecánico y antes del partido, su hijo lo llamó por teléfono para decirle que quería comprarse unas zapatillas, pero que no tenía margen en la tarjeta. “¿Me prestás 300 pesos para ir a la cancha?”. Por eso pudo ir.

“Hay quienes me piden que hagamos justicia nosotros. Es una locura, nos van a dar 50 años. Esto es terrible, pero hay que seguir. Tengo que pararme y seguir por mi familia, ya perdimos dos hijos”, insiste y pide “justicia”.