Godzilla vs. Kong – Demián Bichir: “Cada uno puede convertirse en héroe o villano de su propia vida”

El actor mexicano interpreta a un poderoso millonario en Godzilla vs. Kong, película que espera convertirse en el estreno más taquillero en cines en más de un año

Bichir es una escena de Godzilla vs. Kong.
Bichir es una escena de Godzilla vs. Kong.
Foto: Warner Bros.

AMC, la cadena de cines más grande de Estados Unidos, tiene ya abiertas el 98% de sus salas. Regal Cinemas, su competencia, reabrirá muchas de las suyas este viernes 2 abril, “a tiempo para Godzilla vs. Kong”, según un comunicado de la compañía.

¿Vuelven los cines para no perderse la pelea entre estos dos míticos monstruos o, más bien, Godzilla vs. Kong ha esperado al momento exacto para convertirse en el estreno más taquillero desde que comenzó la pandemia?

En cualquier caso, el blockbuster de Warner Bros. –que se estrenará al mismo tiempo en salas y en HBO Max el 31 de marzo–  ya recaudó $123 millones de dólares el fin de semana pasado en su estreno internacional y espera repetir éxito los próximos días en el mercado nacional.

Los grandes protagonistas de la película son los personajes que le dan nombre, pero a su alrededor Godzilla vs. Kong cuenta con un elenco internacional en el que destacan Millie Bobby Brown, Alexander Skarsgård, Rebecca Hall y los mexicanos Eiza González y Demián Bichir.

Godzilla vs. Kong tuvo el mejor estreno internacional de una película de Hollywood desde que comenzó la pandemia.
Godzilla vs. Kong tuvo el mejor estreno internacional de una película de Hollywood desde que comenzó la pandemia. / Foto: Warner Bros.

El actor de 57 años, que también acaba de estrenar “Land” junto a Robin Wright, nos atendió desde su casa en California días antes del estreno de Godzilla vs. Kong.

Pregunta: Godzilla vs. Kong es un blockbuster. No se han estrenado muchos durante el último año. Es como otro pasito hacia la normalidad.

Demián Bichir: Es un buen punto. Poco a poco vamos a regresar a esa normalidad si todos ponen de su parte. Porque esto no es una cuestión gubernamental. Ningún gobierno le puede poner un vigilante a cada ciudadano para que hagan lo elemental, lo correcto, para ponerse la put* mascarilla de una buena vez, ¡por favor! Mantener la distancia, lavarse las manos. Tampoco se necesita tanto. Parece que les están exigiendo: oye para terminar esta pandemia tenemos que cortarte un brazo. Eso sería otra cuestión. Es algo tan fácil de llevar a cabo, pero parece increíble como en este nihilismo en que vive todo el mundo lo único que importa es lo que tú sientas. Por eso esta película es fundamental: se trata de la empatía, la generosidad y la responsabilidad que requiere y conlleva tener poder, o ser un multimillonario como mi personaje. Aquí no se trata de cuánto poder o cuánto dinero tienes, sino de qué vas a hacer con eso.

P.: Junto a Eiza González, que hace de tu hija, sois un poco los “malos” de la película…

D.B.: Yo nunca aproximo un personaje en ese sentido. No los veo como villanos o como héroes, sino como seres humanos. Todos tenemos esa dualidad. Todos tenemos la elección, cada día, en cada momento de nuestras vidas, de hacer lo correcto o no hacer lo correcto. Y así te convertirás en un héroe o en un villano de tu propia vida. Mi personaje representa lo que significa el poder que da tener tanto dinero: puedes hacer cosas formidables con él o puedes ayudar a que el planeta se deteriore más rápidamente.

P.: Godzilla y King Kong llevan en el cine casi desde que se inventó. ¿Por qué crees que siguen fascinando generación tras generación?

D.B.: La posibilidad de lo imposible es lo que nos sigue fascinando. Por eso nos encanta también la ciencia ficción y las películas que suceden en el espacio. Estos monstruos colosales únicamente pueden existir en la fantasía. Y cuando se pueden lograr técnicamente tan bien, es emocionante pensar que eso puede ser real. La magia del cine transforma esos elementos de fantasía en una realidad casi palpable.

P.: El rodaje fue anterior a la pandemia…

D.B.: Sí, un poco en Hawaii y el resto en Australia, lo que hizo la aventura hermosamente atractiva. Es la segunda vez que ruedo en Australia y es un lugar maravilloso. No me extraña nada que tengan tan bajos casos de covid. Es una isla que parece otro planeta. Todo funciona muy bien. La gente es súper linda, se come delicioso y los paisajes son formidables.

P.: Tienes una larga carrera con trabajos en español y en inglés. ¿Te sientes totalmente asentado en Hollywood?

D.B.: Para mí no es una meta. Es una vía, una avenida. He tenido la fortuna de rodar en distintos países y cada país es una avenida distinta. Yo sigo en busca de lo mismo desde niño: historias hermosas, personajes memorables. Y que sean un reto, que sean opuestos entre sí, que me exijan cosas y capacidades distintas. El problema no es geográfico, yo voy a dónde sea que haya un proyecto hermoso. Estados Unidos es una industria formidable, pero también hay un montón de cosas que no me interesa hacer. La mejor forma de determinar qué es lo que quieres es diciendo que no a un montón de cosas que te llegan, que tienen que ver con estereotipos, clichés, lugares comunes o retos que no significan ningún riesgo para mí. Me mantengo con esa independencia y libertad para elegir lo que quiero hacer. Y luego he tenido la enorme fortuna de que pesos pesados me han llamado directamente, como Chris Weitz, Soderbergh, Tarantino, Ridley Scott, recientemente George Clooney o Robin Wright.

P.: Siempre has levantado la voz en defensa de los hispanos en Estados Unidos. ¿Cómo valoras el cambio en la Presidencia y la situación que se está dando en la frontera?

D.B.: El fenómeno migratorio –que es universal, no exclusivo de Estados Unidos con Latinoamérica– tiene décadas. Esta historia de los migrantes llegando a Estados Unidos es una de las grandes hipocresías en todas las mesas políticas de cada rincón de este país. Se insiste en negar la importancia de los trabajadores indocumentados y del poder económico que han generado. Se mantiene un doble discurso constante: “No los queremos, pero los necesitamos”. “Que se vayan, pero que se queden”. Se tienen que poner de acuerdo, no pueden ser las dos. Es una ecuación que a todo el mundo le funciona menos a los inmigrantes, menos a los trabajadores indocumentados. Estados Unidos y México se benefician de esa fuerza laboral. Los dos países, porque los inmigrantes no tienen ningún derecho para poder reclamar nada. Y al mismo tiempo ninguno de los dos le brinda las posibilidades para que se queden a producir en su propio país o se les reconozca la labor que hacen en Estados Unidos. Eso tiene mucho tiempo y se agudizó en los últimos cuatro años, porque con Trump se agudizaron todos los males de este país. Pero los políticos estadounidenses llevan mucho tiempo prometiendo una reforma migratoria integral, que es necesaria no sólo para conocer el rostro y el nombre de esos 12 millones de seres humanos, sino también para agradecer por todo lo que hacen por la economía de este país.