Presentan evidencia de que el gobierno de Trump intentó interferir en los CDC durante la pandemia
Miembros del gobierno del entonces presidente Donald Trump presionaron a otros de los Centros del Control y Prevención de Enfermedades para que alteraran su orientación científica, además de que se les impidió tener una comunicación directa con la sociedad
Donald Trump. Crédito: Michael Zarrilli | Getty Images
Miembros del gobierno del entonces presidente Donald Trump presionaron a otros de los Centros del Control y Prevención de Enfermedades para que alteraran su orientación científica, además de que se les impidió tener una comunicación directa con la sociedad.
Así lo indican muestras que presentó la Subcomisión Selecta de la Cámara de Representantes sobre la Crisis del Coronavirus, y de las cuales informó CNN.
Nancy Messonnier, exdirectora del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias de los CDC, fue quien reveló que supo de la molestia del entonces presidente Donald Trump por una sesión informativa en la que, el 25 de febrero de 2020, advirtió de los peligros del coronavirus.
Transcripciones y notas indican que tras varias llamadas con el exdirector de los CDC, el doctor Robert Redfield, y con el exsecretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, se sintió “molesta”.
Otras transcripciones de funcionarios de los CDC detallan cómo se denegaron solicitudes para realizar sesiones informativas sobre uso de máscaras tapabocas, así como de casos y muertes por covid-19 en menores.
Un informe en poder de CNN da cuenta que muchos funcionarios de los CDC se sentían “amordazados”, sensación que fue reforzada por la Dra. Anne Schuchat, ex subdirectora principal de los CDC, a pregunta expresa. “Esa es la sensación que muchos de nosotros teníamos”.
Además, el gobierno intentó influir e incluso alterar las orientaciones y los informes científicos semanales de la agencia, específicamente en el Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad de los CDC, que no suele ser compartido antes de su publicación.
Schuchat admitió, según una transcripción, que se requirió de “un gran esfuerzo para proteger esa integridad”, además del “esfuerzo activo” de los CDC “para asegurarse de que los intentos (de alterar los informes) no tuvieran éxito”.
Para la Dra. Christine Casey, editora del informe, un intento de Paul Alexander –designado por Trump y exasesor de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos—fue “muy inusual y bastante preocupante que alguien pida que se detengan inmediatamente los informes. No creo que haya ocurrido antes. Y que se le acuse, porque es un lenguaje acusatorio, de que el contenido del mismo está diseñado para perjudicar a nuestro comandante en jefe, el presidente”.
Casey dijo que le dieron la orden de borrar el correo electrónico, orden proveniente de Redfield.
Otra transcripción detalla una conversación con la Dra. Deborah Birx, quien fue coordinadora de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca. En ella, describe cómo el gobierno de Trump presionó por una guía que asegurara que quienes no tuvieran síntomas no necesitaban ser examinados, pese al desacuerdo al respecto de los funcionarios de salud.
“Este documento dio lugar a menos pruebas y pruebas menos agresivas para aquellos sin síntomas que creían que eran la razón principal de la propagación comunitaria inicial”, apuntó.
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