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Jubilación: ¿descanso o estrés emocional?

La transición del mundo laboral a la inactividad profesional representa uno de los cambios vitales más significativos en la vida adulta

Jubilación: ¿descanso o estrés emocional?

Tiempo libre que, según como lo veas, aprovecharás o será fuente de ansiedad. Crédito: PeopleImages | Shutterstock

Durante décadas, la jubilación fue idealizada como el premio dorado al final de una larga trayectoria laboral: ese momento esperado con expectativa no es tan como lo pintan. Esta narrativa optimista que domina el imaginario colectivo contrasta cada vez más con una realidad compleja que miles de personas enfrentan cuando cruzan ese umbral.

La transición del mundo laboral a la inactividad profesional representa uno de los cambios vitales más significativos en la vida adulta, comparable, según expertos, en impacto psicológico a la pérdida de un ser querido o un divorcio.

Los especialistas en salud mental y gerontología advierten que la jubilación no es simplemente dejar de trabajar, sino reinventar la identidad personal construida durante treinta o cuarenta años alrededor de una profesión. Este proceso de transformación puede desencadenar desde una liberadora sensación de libertad hasta cuadros de ansiedad, depresión y crisis existenciales que sorprenden tanto a quienes los experimentan como a sus familias.

Choque con la realidad

Para María González, contadora pública que se jubiló a los 63 años tras cuatro décadas de carrera, los primeros meses fueron desconcertantes. “Desperté el primer lunes sin trabajar y no sabía qué hacer conmigo misma. Me sentí vacía, como si me hubieran arrancado una parte de mi identidad”, confiesa. Su experiencia no es aislada. Estudios psicológicos señalan que entre el 25% y 40% de los jubilados experimentan síntomas depresivos durante el primer año de retiro, un fenómeno que los expertos han denominado “síndrome de jubilación”.

El trabajo proporciona mucho más que un salario: estructura el día, ofrece propósito, genera interacciones sociales y refuerza la autoestima. Cuando estos pilares desaparecen abruptamente, muchas personas enfrentan un vacío existencial que no anticiparon. La sensación de ser útil, de contribuir a algo más grande que uno mismo, se desvanece y puede ser reemplazada por sentimientos de invisibilidad social y obsolescencia.

Factor identidad

“Durante toda mi vida adulta fui ingeniero. Ahora, ¿quién soy?”, se pregunta Roberto Martínez, quien tras jubilarse se dio cuenta de que la mayoría de sus amistades provenían del entorno laboral y que sus conversaciones giraban inevitablemente alrededor de proyectos y logros profesionales. Esta crisis identitaria es particularmente aguda en sociedades donde el valor personal se mide por la productividad y el estatus profesional.

Los psicólogos explican que quienes han invertido excesivamente su identidad en el rol laboral tienden a experimentar transiciones más traumáticas. El sentimiento de pérdida puede asemejarse a un duelo: duelo por la rutina perdida, por el reconocimiento profesional, por la sensación de competencia y maestría en un campo específico. Reconstruir una identidad más allá del trabajo requiere tiempo, introspección y, frecuentemente, apoyo profesional.

La trampa del tiempo libre

Paradójicamente, el exceso de tiempo libre puede convertirse en una fuente de estrés. Mientras algunos sueñan con tener días enteros para dedicar a hobbies y pasiones postergadas, la realidad muestra que muchos jubilados luchan con la falta de estructura. Los días sin propósito definido pueden volverse largos y monótonos, generando una sensación de desperdicio existencial.

Elena Ramírez, psicóloga especializada en adultos mayores, observa que sus pacientes jubilados frecuentemente reportan sentirse culpables por no estar haciendo algo productivo. “Nos han condicionado a asociar valor con ocupación constante. Cuando esa presión desaparece, en lugar de disfrutar el descanso, muchos experimentan ansiedad por no estar produciendo”, explica. El desafío consiste en aprender a valorar el ser sobre el hacer, una reeducación emocional que no resulta sencilla.

Relaciones bajo presión

La jubilación no solo afecta al individuo, sino también a las dinámicas familiares. Las parejas que funcionaban armónicamente con rutinas separadas durante décadas, de repente se encuentran compartiendo veinticuatro horas diarias. Este ajuste puede generar fricciones inesperadas, especialmente cuando los niveles de actividad o las expectativas sobre el retiro difieren entre ambos miembros.

Los terapeutas de pareja reportan un incremento en consultas de matrimonios en crisis tras la jubilación de uno o ambos cónyuges. La pérdida de espacio personal, las diferencias en cómo organizar el tiempo libre y la renegociación de tareas domésticas se convierten en fuentes de conflicto. Algunos expertos hablan incluso del “síndrome del marido jubilado”, particularmente común en culturas donde los roles de género han sido muy marcados y el hombre jubilado interfiere en el espacio doméstico tradicionalmente gestionado por su pareja.

El factor económico

El estrés de la jubilación no es únicamente emocional; la dimensión económica pesa significativamente. Muchos trabajadores descubren que sus pensiones no alcanzan para mantener el estilo de vida al que estaban acostumbrados, generando ansiedad financiera que se suma a la crisis identitaria. La preocupación por los ahorros, los gastos médicos crecientes y la inflación convierte el retiro en una fuente constante de inquietud.

Esta realidad es especialmente dura en países donde los sistemas de pensiones son insuficientes. La necesidad de buscar trabajos parciales o depender de familiares erosiona la imagen idealizada de la jubilación como época de descanso merecido, transformándola en una etapa de vulnerabilidad económica que añade capas adicionales de estrés a una transición ya de por sí compleja.

Los que encuentran el descanso y la comodidad

Pero no todas las historias son sombrías. Carlos Herrera, profesor universitario jubilado hace tres años, describe su retiro como la mejor época de su vida. “Finalmente, tengo tiempo para leer sin culpa, viajar sin mirar el calendario académico, y dedicarme a la carpintería, que siempre fue mi pasión secreta”, relata. Su experiencia positiva comparte características comunes con otros jubilados satisfechos: planificación anticipada, diversificación de intereses y una red social sólida fuera del ámbito laboral.

Los estudios muestran que quienes desarrollan hobbies significativos, mantienen actividad física regular, cultivan relaciones sociales diversas y establecen nuevas rutinas estructuradas tienden a experimentar la jubilación como una liberación genuina. El factor determinante parece ser la preparación: quienes comienzan a construir una vida más allá del trabajo años antes del retiro, transitan más suavemente hacia esta nueva etapa.

No es un fin, es un comienzo

Expertos sugieren replantear la jubilación no como un fin, sino como un comienzo: la oportunidad de redefinirse, de explorar dimensiones de la personalidad que el trabajo pudo haber eclipsado.

En conclusión, la jubilación puede ser tanto un merecido descanso como una fuente de estrés emocional. Mientras que para algunos es una etapa de disfrute, para otros puede generar ansiedad, depresión y una sensación de pérdida de identidad debido a los cambios de rutina, la pérdida de propósito y las preocupaciones financieras.

Es crucial prepararse mental, física y financieramente, y buscar apoyo si aparecen sentimientos difíciles.

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