Cómo el CJNG pasó de ser un brazo armado a cártel designado por EE.UU. como organización terrorista
Su crecimiento no fue repentino, sino el resultado de rupturas internas entre cárteles, políticas de seguridad mal ejecutadas y una demanda creciente de drogas
La trayectoria del CJNG sintetiza una crisis estructural de seguridad en México. Crédito: Eduardo Verdugo | AP
El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se ha consolidado como uno de los actores criminales más poderosos y violentos de México, con una expansión que en poco más de una década reconfiguró el mapa del narcotráfico y la seguridad pública.
Su crecimiento no fue repentino ni aislado, sino el resultado de rupturas internas entre cárteles, políticas de seguridad fallidas y una demanda internacional sostenida de drogas sintéticas.
Hoy, el CJNG mantiene presencia documentada en la mayoría de los estados del país y redes operativas fuera de México, particularmente en Estados Unidos, Sudamérica y Canadá. Esa expansión internacional se reflejó en 2025, cuando el gobierno estadounidense lo designó organización terrorista extranjera, una medida que elevó la presión financiera y penal contra sus estructuras y aliados.
De acuerdo con sitios como Insight Crime, el origen del CJNG se remonta a la fragmentación del Cártel del Milenio, una organización vinculada a la familia Valencia y subordinada durante años al Cártel de Sinaloa a través de Ignacio “Nacho” Coronel, operador clave en Jalisco y figura central en la producción de metanfetaminas. La muerte de Coronel en un operativo militar en 2010 aceleró la ruptura de esa red y abrió paso a nuevos grupos armados.
Según medios locales como RíoDoce, en ese proceso emergió un brazo que se presentó públicamente como “Los Mata Zetas”, activo en Veracruz y otras zonas estratégicas del Golfo en medio de disputas por puertos y rutas de exportación. Diversos análisis identifican a ese grupo como el antecedente directo del CJNG, primero alineado con Sinaloa y después convertido en una organización autónoma con ambiciones nacionales.
A partir de 2011, el nombre Cártel Jalisco Nueva Generación comenzó a aparecer en mensajes y acciones públicas, con un liderazgo atribuido a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, un expolicía municipal con trayectoria en el Cártel del Milenio y experiencia en el mercado de drogas sintéticas. La transformación implicó dejar atrás el papel de fuerza de choque para convertirse en una estructura integral, capaz de producir, traficar, controlar territorios y administrar economías criminales completas.
El crecimiento del CJNG coincidió con un contexto de debilidad institucional y con la militarización de la seguridad pública iniciada en 2007. Para mediados de la década de 2010, informes oficiales y de agencias estadounidenses ya lo ubicaban entre los grupos de expansión más acelerada del país, impulsado por los ingresos de metanfetaminas, heroína y, posteriormente, fentanilo destinados al mercado estadounidense.
En pocos años, la organización pasó de controlar un puñado de entidades a disputar plazas clave en más de 20 estados, especialmente en el Bajío, el occidente y la franja del Pacífico. Autoridades federales y estatales lo han señalado por enfrentamientos armados, desplazamientos forzados y homicidios ligados a la disputa territorial, así como por una diversificación de actividades ilícitas que va más allá del narcotráfico.
La economía criminal del CJNG incluye esquemas de extorsión, control de cadenas productivas, robo de combustible, explotación de minas ilegales y lavado de dinero mediante empresas fachada. En el plano internacional, investigaciones periodísticas y de inteligencia han documentado su capacidad para exportar drogas y establecer redes en ciudades estadounidenses como California, Texas, Illinois y Nueva York, además de vínculos en Sudamérica y Canadá.
Un rasgo distintivo de su consolidación ha sido el uso de armamento y tecnología de tipo militar. Desde 2020 se han registrado ataques con drones adaptados para transportar explosivos en estados como Michoacán y Guerrero, una escalada que obligó a las fuerzas de seguridad a improvisar respuestas en ausencia de un marco regulatorio específico.
La visibilidad del CJNG también se construyó a partir de acciones de alto impacto. En 2015, una ofensiva coordinada en Jalisco incluyó bloqueos, vehículos incendiados y el derribo de un helicóptero militar durante un operativo para capturar a su líder, un episodio que evidenció su capacidad para confrontar directamente al Estado.
Años después, emboscadas a policías en Michoacán y un atentado contra el entonces secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, reforzaron la percepción de un grupo capaz de operar incluso en zonas altamente resguardadas.
La trayectoria del CJNG sintetiza una crisis estructural de seguridad en México, derivado de una estrategia centrada en el despliegue militar sin desmantelar redes financieras y políticas, estados con capacidades limitadas de investigación y altos índices de corrupción.
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