Tener auto en EE.UU. nunca fue tan caro como ahora
El costo de propiedad de un vehículo en EE.UU. sigue aumentando. Precios más altos, seguros caros y aranceles presionan el bolsillo de los conductores
Toyota Corolla 2024. Crédito: Toyota. Crédito: Cortesía
Para millones de estadounidenses, tener un auto dejó de ser un gasto predecible y se convirtió en una carga financiera cada vez más difícil de sostener.
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El aumento constante en los precios de los vehículos, sumado a seguros más caros, mantenimiento elevado y nuevas presiones económicas, ha llevado el costo total de propiedad a cifras récord. De cara a 2026, el panorama no muestra señales claras de alivio.
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Lo que antes era un símbolo de independencia y movilidad hoy exige una planificación financiera mucho más rigurosa. Ya no se trata solo del precio de compra: mantener un vehículo en circulación implica asumir una cadena de costos que crece año tras año y afecta tanto a propietarios de autos nuevos como usados.
Vehículos nuevos más caros y menos accesibles
Uno de los factores más visibles del problema es el precio de los autos nuevos. En los últimos cinco años, el valor promedio de un vehículo en Estados Unidos aumentó alrededor de un 33%, según datos de Edmunds. Para 2026, las estimaciones sitúan el precio medio cerca de los $55,000 dólares, impulsado por una combinación de inflación persistente, escasez de componentes y políticas comerciales más restrictivas.
A esto se suma una tendencia clara por parte de los fabricantes: priorizar modelos más grandes, rentables y cargados de tecnología. Marcas como Ford y General Motors han reducido de forma significativa su oferta de autos compactos y económicos, dejando a muchos compradores sin opciones de entrada realmente accesibles.

Los aranceles también juegan un papel clave. Estudios de Anderson Economic Group señalan que estas medidas podrían incrementar el precio de un SUV en aproximadamente $4,000 dólares, mientras que en el caso de un vehículo eléctrico el impacto podría llegar hasta $12,000 dólares. Estos costos adicionales terminan reflejándose directamente en el precio final que paga el consumidor.
Mantenimiento y seguros: gastos que no dejan de subir
Comprar el auto es solo el comienzo. Mantenerlo operativo se ha vuelto considerablemente más caro. De acuerdo con la AAA, el costo promedio anual de poseer y operar un vehículo nuevo fue de $12,182 dólares en 2023, lo que equivale a unos $1,015 dólares mensuales y representó un aumento del 12% frente al año anterior.
En estados como California, donde el combustible y los seguros tienen precios elevados, el gasto mensual supera fácilmente los $1,100 dólares. Para 2026, las proyecciones indican que estos costos seguirán aumentando, especialmente por el encarecimiento de repuestos y de la mano de obra especializada.
El seguro de auto, un gasto obligatorio, es otro factor que presiona los presupuestos familiares. Durante 2024 y 2025, el costo promedio anual de una póliza a todo riesgo alcanzó los $2,299 dólares, y las primas continúan subiendo. Las aseguradoras justifican estos aumentos en la mayor complejidad de los vehículos modernos, cuyos sistemas electrónicos y de asistencia encarecen notablemente las reparaciones.

Incluso gastos tradicionales como cambios de aceite, neumáticos o reparaciones menores representan hoy un desafío, en especial para propietarios de vehículos eléctricos o de lujo, cuyos componentes suelen ser más costosos.
Aranceles y cadenas de suministro bajo presión
Las políticas comerciales recientes añadieron un nuevo nivel de incertidumbre al sector automotriz. Los aranceles impuestos en 2025, que alcanzan el 25% para importaciones desde México y Canadá y el 10% para China, elevaron significativamente los costos de producción.
General Motors estima que estas medidas tendrán un impacto de entre $4,000 y $5,000 millones de dólares en sus beneficios operativos, mientras que Ford prevé un golpe cercano a los $2,500 millones de dólares. Como es habitual, gran parte de ese impacto termina trasladándose al consumidor final.
La fuerte integración de las cadenas de suministro en Norteamérica agrava la situación. Muchos componentes cruzan varias veces las fronteras durante el proceso de fabricación, multiplicando el efecto de los aranceles. El resultado no solo se refleja en autos nuevos más caros, sino también en repuestos más costosos, lo que encarece el mantenimiento de vehículos usados.

Qué opciones tienen los conductores ante este escenario
Frente a este contexto, los conductores buscan alternativas para contener el gasto. Comprar autos usados sigue siendo una opción, aunque sus precios también han subido. Optar por seguros con deducibles más altos, realizar mantenimientos preventivos y evitar reparaciones mayores se volvió una estrategia común.
La transición hacia vehículos híbridos o eléctricos aparece como una posible solución a largo plazo, gracias al menor gasto en combustible. Sin embargo, el alto precio inicial y la infraestructura de carga aún limitada hacen que esta opción no sea viable para todos.
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