Ola Källenius revela la presión para “americanizar” Mercedes
El CEO de Mercedes-Benz reveló que el Gobierno de Estados Unidos intentó convencer a la compañía para trasladar su sede y abandonar sus raíces alemanas
Ola Källenius. Crédito: Mercedes-Benz. Crédito: Cortesía
El peso de una marca centenaria no se mide solo en ventas o en presencia global, sino también en identidad. Mercedes-Benz, uno de los nombres más influyentes de la industria automotriz, se encontró recientemente en el centro de una maniobra geopolítica que buscaba alterar ese equilibrio.
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Desde Estados Unidos surgió un intento directo por convencer al fabricante alemán de trasladar su núcleo empresarial y redefinir su pertenencia nacional.
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La revelación llegó de boca de su propio director ejecutivo. Ola Källenius confirmó en una entrevista que altos funcionarios estadounidenses presionaron para que Mercedes-Benz dejara atrás su condición de empresa alemana y se convirtiera, en términos corporativos, en una compañía estadounidense. Una propuesta ambiciosa que, sin embargo, chocó con la historia y los valores del grupo.
Incentivos y presión desde Washington
Según explicó Källenius en una conversación con el medio The Pioneer, el acercamiento se produjo a través del secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick.
El objetivo era claro: atraer a una de las empresas industriales más emblemáticas del mundo hacia territorio norteamericano, en una estrategia más amplia para reforzar la economía local con multinacionales de alto perfil.
El plan incluía incentivos económicos y ventajas fiscales diseñadas para resultar atractivas incluso para compañías de gran tamaño. No obstante, el CEO de Mercedes-Benz dejó claro que este tipo de ofertas tienen un alcance limitado cuando se trata de corporaciones con una estructura global profundamente arraigada.

“Si bien estas ofertas pueden convencer a algunas empresas de trasladar sus sedes de un estado a otro, la situación es completamente distinta cuando se trata de empresas extranjeras y tan grandes como lo es Mercedes-Benz”, afirmó Källenius. El directivo reconoció que escuchó la propuesta, aunque aseguró que desde el primer momento no despertó un interés real.
Identidad alemana como pilar irrenunciable
Más allá de los números y los beneficios fiscales, la decisión de Mercedes-Benz estuvo guiada por un factor menos tangible, pero decisivo: su identidad. La compañía nació en Alemania y mantiene un vínculo histórico con la región de Suabia, al suroeste del país, donde se forjó gran parte de su legado industrial y tecnológico.
Källenius fue especialmente contundente al abordar este punto en una entrevista con Bloomberg. “La estrella de tres puntas ha sido una empresa global durante más de 100 años, pero nuestras raíces están en Suabia. Esas raíces no pueden, ni deben, arrancarse de la tierra”, señaló.

La oferta estadounidense se habría producido hace casi un año, coincidiendo con las primeras etapas del mandato de Donald Trump. Aun así, el CEO evitó entrar en detalles adicionales, calificando el episodio como parte de “importantes conversaciones empresariales que no deben salir a la luz completamente”.
Presencia global sin renunciar a Europa
Aunque Mercedes-Benz descartó mover su sede central, la compañía mantiene una fuerte presencia industrial en Estados Unidos. El fabricante opera una gran planta en Tuscaloosa, Alabama, que se ha convertido en un pilar clave de su producción para el mercado norteamericano.

A partir de 2027, esta fábrica producirá modelos de alto volumen como los GLC, GLE, GLE Coupé, GLS, EQE SUV y EQS SUV. Además, la marca anunció nuevas inversiones en el país, incluido un centro de investigación y desarrollo en el estado de Georgia, cerca de Sandy Springs, reforzando su apuesta tecnológica en la región.
En Europa, Mercedes-Benz conserva su red de plantas estratégicas, con instalaciones clave en ciudades como Bremen, Sindelfingen, Rastatt y Düsseldorf. A ellas se suma el centro de Vitoria-Gasteiz, en España, especializado en la producción de furgonetas, que desempeña un papel relevante dentro de su estructura industrial.
Trasladar la sede de una empresa del tamaño de Mercedes-Benz no es una operación sencilla, ni siquiera con generosos incentivos fiscales. Implica reorganizar estructuras legales, operativas y culturales, además de redefinir una identidad construida durante más de un siglo.
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