¿Cuál fue la famosa pick-up de Bad Bunny en el Super Bowl?
El espectáculo de medio tiempo tuvo un protagonista inesperado: una Ford F-250 de 1968 que acompañó al artista puertorriqueño en el escenario
Bad Bunny en el Super Bowl LX. Crédito: Frank Franklin II | AP
Luces, fuego y miles de celulares apuntando al escenario. Cuando Bad Bunny apareció en el medio tiempo del Super Bowl LX, el público esperaba una puesta en escena explosiva.
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Lo que pocos anticipaban era que uno de los elementos más comentados de la noche no sería un invitado sorpresa ni un efecto especial, sino una pick-up clásica que irrumpió con la misma fuerza que los primeros acordes del espectáculo.
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El 8 de febrero de 2026, en el Levi’s Stadium, el artista puertorriqueño eligió entrar a escena a bordo de una Ford F-250 de 1968, perteneciente a la quinta generación de la Serie F.
Este modelo, conocido como “Bumpside” por sus molduras laterales marcadas, no fue una elección al azar ni un simple recurso escenográfico. Desde el primer momento, el vehículo capturó miradas y se convirtió en parte central de la narrativa visual del show.
Una elección con intención
No se trató de la popular F-100 ampliamente vista en Latinoamérica, sino de una versión F-250 de tres cuartos de tonelada, equipada con llantas de ocho pernos. Esa configuración no solo refuerza su capacidad de carga, sino que también aportó estabilidad para soportar coreografías sobre el techo y la caja sin comprometer el equilibrio.

La unidad, pintada en blanco —un tono asociado a la pureza y a diversas tradiciones caribeñas—, destacó bajo las luces del estadio. La parrilla cromada y los reflectores laterales obligatorios desde 1968 confirmaron que se trataba de un ejemplar auténtico de esa generación, diferenciándolo de modelos anteriores o posteriores.
Mientras otros artistas suelen optar por superdeportivos valuados en millones de dólares, Bad Bunny eligió una máquina que evoca trabajo duro y raíces familiares. En el mercado de clásicos, una F-250 restaurada de esa época puede alcanzar fácilmente los $40,000 dólares o incluso superar los $70,000 dólares dependiendo de su estado y originalidad.
Simbolismo sobre ruedas
La presencia de la pick-up fue leída como un guiño directo a la clase trabajadora. En Puerto Rico y en buena parte de América Latina, las Ford F-Series han sido herramientas de campo, construcción y transporte diario. Asociarlas con un espectáculo global como el Super Bowl resignifica su valor cultural.
El mensaje visual dejó: movilidad social, identidad y orgullo latino en uno de los escenarios más vistos del planeta. Frases proyectadas como “Together, we are America” reforzaron esa idea de integración y pertenencia. El vehículo, lejos de ser ostentoso, mantuvo un estilo sobrio, sin modificaciones exageradas ni accesorios llamativos.
Su estructura robusta, el chasis elevado y la cabina simple funcionaron como plataforma natural para el artista y sus bailarines. La altura permitió una puesta en escena dominante, mientras que la rigidez de la suspensión evitó balanceos durante los saltos y desplazamientos coreográficos.

Ingeniería clásica que resiste el paso del tiempo
Fabricada en Estados Unidos hasta 1972, esta generación priorizaba durabilidad por encima del lujo. Ofrecía opciones de motores V8 potentes y una cabina más amplia en comparación con sus antecesoras. En países como Brasil y Argentina, la producción se extendió hasta 1992 bajo el apodo de “Punta de diamante”.
La simplicidad mecánica es parte de su encanto. Coleccionistas valoran su construcción en acero y la facilidad de mantenimiento frente a la complejidad tecnológica actual. En una era dominada por pantallas táctiles y sistemas de asistencia avanzados, la F-250 representa una conexión tangible con la ingeniería tradicional.
Tras el espectáculo, las búsquedas de pick-ups Ford de los años sesenta se dispararon en plataformas de autos usados. Restauradores y entusiastas comenzaron a compartir imágenes y proyectos inspirados en la aparición televisiva.
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