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Super Bowl LX: los autos mostrados con anuncios millonarios

Con solo dos fabricantes apostando por la plataforma más cara de la televisión, el evento mostró un cambio profundo desde varios puntos de vista

Entrada al Super Bowl en Levi's Stadium

Tener un lugar en el Super Bowl LX dentro del Levi's Stadium puede salirte desde un mes hasta casi 10 meses de renta. Crédito: Charlie Riedel | AP

La transmisión del Super Bowl LX no estuvo marcada por una avalancha de camionetas, sedanes y deportivos rugiendo entre jugadas. El espectador atento notó desde los primeros cortes comerciales que algo había cambiado: la categoría automotriz pasó de ser protagonista a convertirse en una presencia selecta y casi simbólica.

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Lejos de tratarse de una casualidad, esta reducción responde a una decisión estratégica.

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Las marcas de autos han comenzado a medir con lupa cada dólar invertido en publicidad masiva, especialmente en un evento donde la atención es global, pero también extremadamente costosa. En 2026, el gran juego dejó de ser una obligación automática para el sector.

El precio de aparecer ante millones

Poner un anuncio en el Super Bowl LX fue, una vez más, un ejercicio de alto riesgo financiero. Las estimaciones del mercado publicitario señalan que el costo por segundo de transmisión superó los $230,000 dólares, una cifra que explica por sí sola la ausencia de muchas marcas tradicionales.

Al llevar ese número al formato clásico de 30 segundos, el resultado es contundente: cerca de $7,000,000 dólares por un solo spot. En ese contexto, cada decisión creativa y cada segundo al aire tuvieron que justificarse con precisión quirúrgica ante los equipos de marketing y finanzas.

El bloque más caro del evento volvió a ser el asociado al espectáculo de medio tiempo. Las marcas que decidieron aparecer en ese espacio tuvieron que asumir un sobrecosto significativo, muy por encima del promedio del resto de la transmisión. Para muchas automotrices, el retorno potencial no compensó semejante desembolso en un único impacto publicitario.

Toyota y Volkswagen, los únicos en pista

Dentro de este escenario de cautela extrema, solo dos fabricantes mantuvieron en alto la bandera del sector automotriz: Toyota y Volkswagen. Ambas marcas optaron por aprovechar el vacío dejado por sus competidores y concentrar toda la atención disponible.

Toyota apostó por un relato emocional, vinculando la movilidad con momentos clave de la vida cotidiana y reforzando su imagen de marca confiable y cercana.

Volkswagen, en cambio, eligió un camino más nostálgico, resaltando la herencia de sus modelos históricos, pero reinterpretados bajo un enfoque tecnológico y contemporáneo.

La ausencia de las grandes marcas estadounidenses y de los fabricantes premium europeos fue notoria. Sin embargo, esa falta de saturación permitió que los mensajes de Toyota y Volkswagen destacaran con una claridad inusual, algo que en otros años habría sido casi imposible entre tantos anuncios similares.

Las cifras que definieron la noche

Más allá de la narrativa, los números ayudan a entender la magnitud del cambio.

  • Inversión aproximada por spot de 30 segundos: $7,000,000 dólares.
  • Costo estimado por segundo de transmisión: $233,333 dólares.
  • Marcas automotrices participantes: Toyota y Volkswagen.
  • Espacio más costoso: bloque publicitario del medio tiempo.
  • Tiempo total de anuncios de autos: menos de 3 minutos.

Estas cifras confirman que el Super Bowl LX fue menos un desfile de marcas y más un escaparate de decisiones estratégicas.

Un cambio de paradigma en la publicidad automotriz

Desde una perspectiva analítica, la retirada de muchas automotrices no representa una crisis, sino una evolución. El Super Bowl ya no es el “territorio obligatorio” para cualquier fabricante que quiera demostrar poderío. En su lugar, las marcas están explorando canales más segmentados, medibles y sostenibles a largo plazo.

Toyota y Volkswagen no solo ganaron visibilidad por la ausencia de rivales, sino que también asumieron la responsabilidad de representar a toda una industria ante una audiencia masiva y crítica. El resultado fue un mensaje claro: la potencia publicitaria ya no se mide solo en alcance, sino en eficiencia.

La gran incógnita ahora es si esta tendencia continuará en el Super Bowl LXI. Todo apunta a que el costo por segundo seguirá aumentando, lo que podría alejar incluso a compañías con grandes presupuestos.

Si ese escenario se confirma, el evento podría consolidarse como un espacio dominado por tecnología, plataformas digitales y servicios de consumo rápido, mientras los autos pasan a ocupar un rol cada vez más de segundo plano.

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