window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-laopinion'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

Estos alimentos comunes se vinculan a un menor coeficiente intelectual en los niños

Se enfatiza la necesidad de medidas preventivas para mitigar su consumo en la infancia

Estos alimentos comunes se vinculan a un menor coeficiente intelectual en los niños

Bebé come una papita frita. Crédito: Petrychenko Anton | Shutterstock

Investigadores detectaron que una dieta rica en alimentos ultraprocesados a los dos años está relacionada con un rendimiento cognitivo inferior, incluso considerando factores socioculturales, económicos y familiares. Descubrieron que estos niños obtenían posteriormente puntuaciones más bajas en sus pruebas de inteligencia (IQ) a los seis y siete años.

El análisis, publicado en British Journal of Nutrition, se basó en datos de la Cohorte de Nacimientos de Pelotas, que sigue a miles de niños nacidos en el sur de Brasil desde el nacimiento hasta la infancia y más allá.

Es de hacer notar que, en lugar de examinar alimentos individuales, los investigadores se centraron en los patrones alimentarios generales. Esto mediante una técnica estadística llamada análisis de componentes principales. El estudio clasificó los hábitos alimenticios en dos patrones: “saludable”, que incluye legumbres, frutas y verduras, y “poco saludable”, caracterizado por snacks y alimentos ultraprocesados, como galletas y refrescos.

Los efectos más severos se observaron en niños con desventajas biológicas previas. La investigación ajustó variables como la educación materna y la estructura familiar, pero no incluyó el CI parental.

Los autores sugieren que las conclusiones pueden ser aplicables a nivel mundial, dada la omnipresencia de alimentos ultraprocesados. Se enfatiza la necesidad de medidas preventivas para mitigar su consumo en la infancia.

Otros efectos sobre la salud de los niños

Además de estos datos reveladores del informe, es conocido que el consumo de alimentos ultraprocesados en niños está asociado a múltiples efectos negativos en su salud, más allá de la obesidad. Estos incluyen trastornos metabólicos, problemas cognitivos y alteraciones digestivas, según evidencias científicas.

Obesidad y trastornos metabólicos. Los alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares añadidos, grasas saturadas y calorías vacías, promueven el aumento de peso y obesidad infantil. También elevan el riesgo de resistencia a la insulina, hipertensión, colesterol alto y diabetes tipo 2, incluso en edades tempranas.

Problemas cognitivos y conductuales. Ingredientes como colorantes artificiales, glutamato monosódico y azúcares excesivos interfieren en el desarrollo neurológico, vinculándose a déficit de atención, hiperactividad, bajo rendimiento escolar y trastornos emocionales como ansiedad o depresión.

Alteraciones digestivas e intestinales. Bajos en fibra y con aditivos como conservadores y edulcorantes, estos alimentos desequilibran la microbiota intestinal, causando estreñimiento, inflamación crónica, alergias alimentarias y mayor riesgo de enfermedades gastrointestinales.

Riesgos crónicos a largo plazo. Aumentan la probabilidad de enfermedades cardiovasculares, algunos cánceres (por sustancias como 4-MEI o benceno) y deficiencias nutricionales que afectan el crecimiento y bienestar general. Estudios indican que consumirlos más de 4 veces por semana eleva un 45% el riesgo de obesidad antes de los 10 años.

Recomendaciones de alimentos sustitutivos

Existen varias alternativas saludables y accesibles para reemplazar los alimentos ultraprocesados en la dieta infantil, priorizando opciones frescas y naturales que aportan nutrientes esenciales. Estas sustituciones ayudan a fomentar hábitos alimenticios positivos y reducen riesgos como la obesidad o problemas digestivos.

Sustitutos para snacks y cereales

  • En lugar de cereales azucarados o galletas industriales, opta por avena natural con fruta fresca, granola casera sin azúcar (avena, frutos secos y dátiles) o galletas de avena con plátano.
  • En vez de chucherías o dulces procesados, elige fruta deshidratada sin azúcar añadido, batidos de frutas o gomitas caseras con agar-agar y puré de frutas.

Opciones para desayunos y meriendas

  • Reemplaza yogures de sabores o barritas energéticas con yogur natural (o kéfir) mezclado con fruta fresca, aguacate en pan integral o queso fresco.
  • Prepara pudding de chía, porridge de quinoa o tostadas con hummus, mantequilla de frutos secos o mermelada sin azúcar.

Ingredientes base diarios

  • Incorpora frutas, verduras, legumbres, granos enteros, proteínas magras (huevos, pescado, carne blanca), frutos secos y grasas saludables como aceite de oliva o aguacate.
  • Evita envasados con listas largas de ingredientes; cocina en casa para controlar azúcares y aditivos, involucrando a los niños para que prueben más.

Estas opciones son económicas, sabrosas y promueven un desarrollo óptimo, mejorando el bienestar físico y mental de los niños.

También te puede interesar:

· ¿El refresco prebiótico de Pepsi es tan beneficioso para la salud como se promueve?
· Detectan altos niveles de plomo y otros metales en batidos y polvos de proteínas

En esta nota

Alimentos procesados Coeficiente intelectual niños Nutrición Vida saludable
Contenido Patrocinado