Entrenamiento de ICE es “deficiente” y “defectuoso”, porque Trump redujo cursos de formación: exinstructor
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que supervisa tanto al ICE como a la CBP, rechazó tajantemente las acusaciones
Grupos de derechos humanos y políticos han acusado a los agentes de deportación de usar fuerza excesiva al arrestar a inmigrantes, atacar a transeúntes, y de incumplir las garantías constitucionales de los derechos de las personas. Crédito: Adam Gray | AP
El ambicioso plan de deportaciones masivas del presidente Donald Trump enfrenta una nueva y grave acusación que pone en duda la seguridad tanto de los inmigrantes como de los propios oficiales.
Ryan Schwank, un exinstructor y abogado del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), rompió el silencio ante legisladores demócratas, calificando el programa de formación de la agencia como “deficiente, defectuoso y roto”.
Schwank, quien renunció a su puesto en una academia de Georgia hace apenas una semana, presentó documentos internos que revelan un recorte drástico en la preparación de los nuevos reclutas.
Según el testimonio, la agencia eliminó 240 horas de clases vitales de un programa que originalmente constaba de 580 horas. Entre las materias sacrificadas se encuentran protocolos sobre el uso de la fuerza, manejo seguro de armas de fuego y las bases legales para realizar detenciones.
“Una formación deficiente puede provocar y provocará la muerte de personas”, advirtió Schwank ante los legisladores, al tiempo que acusó a la agencia de mentir al Congreso sobre el alcance de los cambios.
Recortes para acelerar deportaciones
De acuerdo con documentos internos entregados por el exinstructor, los centros de formación en Georgia redujeron la duración del curso de 72 a 42 días. Además, se habrían eliminado más de una docena de exámenes prácticos y varias materias, entre ellas entrenamientos de simulación sobre el uso de la fuerza.
Schwank sostuvo que estos cambios buscan acelerar el despliegue de agentes en el terreno para cumplir con las metas de deportación prometidas por Trump tras su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025.
El Congreso aprobó en julio pasado un presupuesto adicional de $75,000 millones de dólares para reforzar las operaciones migratorias. Desde entonces, el ICE ha contratado a unos 12,000 nuevos oficiales y proyecta entrenar a otros 4,000 en 2026.
El testimonio del exinstructor contradice declaraciones previas del director interino del ICE, Todd Lyons, quien aseguró ante comités legislativos que el “núcleo” del programa de capacitación no había sido reducido y que simplemente se había optimizado el proceso para graduar antes a los reclutas.
La controversia se produce en medio de crecientes cuestionamientos sobre el accionar de agentes del ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), tras la muerte de dos ciudadanos estadounidenses durante redadas realizadas en Mineápolis a principios de año.
DHS niega acusaciones y defiende estándares
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que supervisa tanto al ICE como a la CBP, rechazó tajantemente las acusaciones. En un comunicado, la portavoz Lauren Bis afirmó que los reclutas reciben 56 días de formación académica y un promedio de 28 días de entrenamiento práctico, además de instrucción exhaustiva en armas de fuego, tácticas de desescalada y derechos constitucionales bajo la Cuarta y Quinta Enmienda.
“El departamento ha simplificado la capacitación para reducir redundancias e incorporar avances tecnológicos, sin sacrificar el contenido básico”, señaló Bis. Sin embargo, la oficina del senador demócrata Richard Blumenthal, quien organizó el foro junto al representante Robert García, afirmó que los documentos proporcionados por denunciantes revelan “recortes drásticos” tanto en horas de formación como en estándares de evaluación.
Los demócratas han bloqueado parte de la financiación del DHS hasta el cierre del año fiscal en septiembre, exigiendo reformas en los protocolos operativos, como el uso obligatorio de cámaras corporales, la prohibición de máscaras en operativos y la necesidad de órdenes judiciales para ingresar a domicilios.
Mientras el debate político se intensifica en Washington, la expansión acelerada del aparato de deportaciones continúa, alimentando preocupaciones sobre si la rapidez en el reclutamiento podría estar comprometiendo la preparación de quienes ejercen una de las funciones más sensibles del sistema migratorio estadounidense.
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