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Disfunción eréctil: una señal de advertencia de ataque al corazón

La DE a veces puede manifestarse de uno a tres años antes que los síntomas más clásicos de una enfermedad cardíaca

Disfunción eréctil: una señal de advertencia de ataque al corazón

Los hombres que experimentan cambios en sus erecciones deben consultar a un médico. Crédito: Elnur | Shutterstock

La disfunción eréctil (DE) a menudo se presenta como un síntoma inicial de problemas cardiovasculares subyacentes. Los síntomas de DE pueden preceder a los indicativos más conocidos de enfermedades cardíacas. La evaluación puede ser crucial para identificar riesgos serios en la salud vascular.

Las causas de la DE varían según el paciente, y pueden incluir hipertensión, diabetes, tabaquismo, mala alimentación y estrés. Los hombres más jóvenes pueden no presentar signos obvios de enfermedad cardiovascular, pero es vital considerar cómo los hábitos contemporáneos afectan la salud vascular.

Más puntualmente, la Asociación Americana del Corazón señala que la disfunción sexual a veces puede manifestarse de uno a tres años antes que los síntomas más clásicos de una enfermedad cardíaca, como la angina de pecho o el dolor torácico, reseña CNN Salud.

Esto se explica porque la mayoría de los problemas cardíacos no se originan precisamente en el corazón, sino en los vasos sanguíneos más pequeños del cuerpo, como los capilares. Incluso, las arterias llegan a perder flexibilidad, su revestimiento se vuelve menos sensible y pueden acumular placa debido al colesterol.

Importancia de la prevención y el tratamiento

El tratamiento no debe limitarse a la mejora de la función eréctil. Es esencial abordar los factores subyacentes como la presión arterial, colesterol y glucosa. La intervención médica no solo busca resolver el síntoma, sino prevenir enfermedades mayores en el futuro.

Los hombres que experimentan cambios en sus erecciones, especialmente si son persistentes, deben consultar a un médico. Cualquier cambio significativo puede ser un indicativo de problemas más serios y debe ser evaluado a fondo para garantizar una salud óptima y un bienestar general.

Síntomas que deben alarmar a un paciente con DE

En un paciente con disfunción eréctil, los signos tempranos que deben hacer pensar en un problema cardiovascular son, sobre todo, síntomas “nuevos” o que van en aumento de esfuerzo a reposo.

Síntomas de alarma que requieren consulta rápida:

  • Dolor, opresión o presión en el pecho, que puede irradiarse a brazo izquierdo, mandíbula, cuello, espalda o “boca del estómago”, sobre todo si aparece con esfuerzo o estrés.
  • Falta de aire al hacer actividades que antes toleraba bien (subir escaleras, caminar unas cuadras) o incluso en reposo.
  • Cansancio o debilidad marcada e inexplicable, que no se justifica por falta de sueño o esfuerzo excesivo.
  • Mareos, aturdimiento, visión borrosa o desmayos, especialmente si se acompañan de palpitaciones o dolor torácico.
  • Palpitaciones nuevas, muy rápidas, irregulares o asociadas a malestar, mareo, dolor en el pecho o sensación de “falta de aire”.
  • Hinchazón de tobillos, pies o piernas, que deja marca al presionar con el dedo o que aparece junto con dificultad para respirar al acostarse.

Cualquiera de estos síntomas, si es intenso, de inicio brusco o se combina (por ejemplo, dolor de pecho + sudor frío + falta de aire + náuseas), debe considerarse una urgencia y motivar acudir de inmediato a un servicio de emergencia.

Relación entre DE y corazón

  • La DE puede ser un “primer aviso” de enfermedad de las arterias (aterosclerosis), porque las arterias del pene son más pequeñas y se afectan antes que las coronarias.
  • Por eso, un hombre con DE y alguno de los síntomas anteriores tiene más probabilidad de estar desarrollando un problema cardiaco o vascular y debería valorarse por cardiología (electrocardiograma, análisis, valoración del riesgo).

Señales menos específicas pero importantes

  • Dolor o presión en el pecho solo al esfuerzo moderado y que cede al descansar.
  • Disminución progresiva de la capacidad para hacer ejercicio (se “ahoga” o se fatiga antes que hace unos meses).
  • Sensación de presión en el cuello o mandíbula, o malestar “raro” en el pecho, no siempre como dolor típico.

Estas manifestaciones, aunque no sean tan dramáticas, justifican consulta prioritaria con su médico de cabecera o cardiólogo para estudio de riesgo cardiovascular, más aún si el paciente tiene DE, diabetes, hipertensión, colesterol alto, tabaquismo u obesidad.

¿Qué puede hacer?

  • Si actualmente presenta dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareos intensos, desmayo o sudor frío, debe acudir a urgencias de inmediato.
  • Si reconoce algunos de los signos “menos específicos” anteriores, pida cita en los próximos días para una valoración cardiovascular integral (analítica, presión arterial, colesterol, electrocardiograma y, según el caso, pruebas de esfuerzo).

Estrés emocional y alimentación

El estrés emocional crónico afecta negativamente tanto la salud cardiovascular como la función eréctil mediante mecanismos fisiológicos compartidos, como la liberación de hormonas y la activación del sistema nervioso simpático.

El estrés libera cortisol y adrenalina de forma prolongada, elevando la presión arterial, la frecuencia cardíaca y promoviendo inflamación y arteriosclerosis. Esto aumenta el riesgo de hipertensión, infartos y derrames, con estudios mostrando hasta un 32% más de riesgo en personas con depresión y ansiedad combinadas. La hiperactividad simpática causa vasoconstricción y estrés oxidativo, dañando vasos sanguíneos a largo plazo.

Por otra parte, los hábitos alimenticios juegan un papel fundamental en la prevención tanto de la disfunción eréctil como de las enfermedades cardiovasculares, ya que mejoran la salud vascular y reducen factores de riesgo compartidos como la hipertensión, la obesidad y la inflamación.

La dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva virgen extra, pescado y frutos secos, reduce significativamente el riesgo de infarto, ictus y otras complicaciones cardiovasculares. Limitar azúcares añadidos, grasas saturadas y alimentos ultraprocesados ayuda a controlar el colesterol, la presión arterial y el peso, promoviendo un perfil lipídico saludable. Mientras que patrones basados en plantas, con alto consumo de fibra y antioxidantes, son la “piedra angular” de la prevención.

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