Otra sede se baja del Mundial y deja una advertencia que preocupa a la FIFA
A Coruña renunció a ser sede del Mundial 2030 y reavivó el debate sobre el costo del torneo. La decisión ya genera preocupación en la FIFA.
La renuncia de una sede vuelve a poner el foco en el costo de organizar un Mundial. Crédito: Imagen creada con AI / Georgina Elustondo | Impremedia
El Mundial 2026 todavía no empezó y faltan cuatro años para el campeonato siguiente, pero ya hay una señal fuerte fuera de la cancha. A Coruña decidió renunciar a ser sede en el campeonato de fútbol de 2030, que coorganizan España, Portugal y Marruecos.
La frase que acompañó el anuncio fue contundente y marca el tono del debate: “No a cualquier precio”. No es solo una decisión local. Es un mensaje que empieza a escalar y vuelve a poner en duda el modelo de organización del torneo.
Por qué A Coruña se bajó como sede
La ciudad gallega venía trabajando en su candidatura, con el estadio de Riazor como eje del proyecto. Sin embargo, los números terminaron inclinando la balanza. Organizar partidos del Mundial implicaba inversión en infraestructura, adaptación del estadio, refuerzos en transporte y accesos y costos operativos y de seguridad.
Las autoridades concluyeron que ese gasto no era prioritario frente a otras necesidades. El argumento central fue claro: los recursos públicos deben destinarse primero a la ciudad y sus habitantes.
“Teníamos la responsabilidad de analizar con serenidad qué era lo mejor para La Coruña. Queríamos ser sede del Mundial pero no a cualquier precio”, declaró la alcaldesa Inés Rey.
En lugar de mantener la aspiración de formar parte del torneo, las instituciones locales han optado por centrar sus esfuerzos en un proyecto de modernización del complejo deportivo de Riazor, en colaboración con el Real Club Deportivo y la Diputación provincial.
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La frase que encendió el debate
El “no a cualquier precio” no es solo una declaración política. Es un síntoma. Marca un cambio en cómo las ciudades evalúan estos eventos: ya no alcanza con la visibilidad global o el impacto turístico.
Ahora la pregunta es otra: ¿vale realmente lo que cuesta? Las postulaciones no sobran… Hoy, pese a no estar incluida entre las finalistas, Vigo es la única ciudad gallega que pide ser sede.
El antecedente de Málaga
El caso de A Coruña no aparece en el vacío. En España ya había señales de dudas en otras ciudades, como Málaga, donde también surgieron cuestionamientos por el costo de adaptar el estadio La Rosaleda y asumir inversiones millonarias.
En julio de 2025, también optó por renunciar a su candidatura como sede debido a las implicaciones que tendrían las obras del estadio de La Rosaleda. Y algo similar había hecho Gijón un año antes, alegando también motivos económicos antes de la selección final de las sedes.
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Las sedes de España, Portugal y Marruecos para el Mundial 2030
En cifras: España mantiene por ahora nueve de las once sedes que propuso tras las bajas de Málaga y A Coruña. Marruecos apunta a seis y Portugal mantiene tres ciudades en su plan reducido.
Inicialmente, se presentaron veinte estadios y hoy quedan dieciocho. Según fuentes de FIFA, un total de entre dieciséis y dieciocho sería aceptable.
Ser sede exige cumplir exigencias estrictas: capacidad próxima a los 42.000 asientos y garantías de financiación para reformas que muchos no pudieron asegurar. Esa realidad provocó bajas tempranas como Murcia o Gijón, por dudas sobre viabilidad técnica y económica.
Los proyectos deben estar listos para 2029, fecha tope que presionó a varias candidaturas a retirarse.
Un problema que la FIFA empieza a sentir
La FIFA necesita sedes comprometidas, con capacidad de inversión y estabilidad política. Cuando una ciudad se baja, el impacto no es solo organizativo. También es simbólico, porque muestra que algo cambió. Hay más análisis económico, menos decisiones automáticas y más presión social sobre el gasto.
Todo eso complica el modelo tradicional del Mundial.
El verdadero costo de ser sede
El Mundial es el evento deportivo más importante del planeta, pero también uno de los más exigentes. Los gastos incluyen renovación o construcción de estadios, transporte y urbanismo, seguridad y logística y servicios para millones de visitantes.
En muchos casos, estos costos recaen en administraciones locales, y no siempre se recuperan rápido.
Un cambio que puede marcar el futuro
Durante décadas, las ciudades competían por ser sede. Hoy, algunas empiezan a bajarse. No porque el fútbol haya perdido atractivo, sino porque la ecuación económica ya no es tan clara.
Por eso la renuncia de A Coruña deja algo más que un lugar vacante. Deja una advertencia. Porque cuando una ciudad dice que no, lo que pone sobre la mesa no es solo un proyecto descartado, sino una pregunta que empieza a repetirse en voz alta: ¿cuántas sedes están realmente dispuestas a pagar el precio del Mundial?
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