Guerra en Oriente Medio eleva temor de accidente nuclear con impacto global: OMS
Un incidente en las instalaciones atómicas no solo devastaría la región, sino que tendría consecuencias radioactivas a escala planetaria durante décadas
“El peor escenario es un incidente nuclear, y es lo que más nos preocupa", afirmó Hanan Balkhy, directora regional de la OMS. Crédito: Khaled Elfiqi | AP
Lo que comenzó como una ofensiva militar focalizada se ha transformado, en menos de tres semanas, en una pesadilla de dimensiones apocalípticas que amenaza con traspasar las fronteras del campo de batalla. La posibilidad de un accidente nuclear en Oriente Medio ha dejado de ser una teoría de pasillo para convertirse en la principal urgencia de los organismos internacionales, en un conflicto que ya arrastra a Estados Unidos, Israel e Irán hacia un abismo incierto.
A medida que se intensifican los ataques contra infraestructuras estratégicas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una advertencia que hiela la sangre: un incidente en las instalaciones atómicas no solo devastaría la región, sino que tendría consecuencias radioactivas a escala planetaria durante décadas. “El peor escenario es un incidente nuclear, y es lo que más nos preocupa”, afirmó Hanan Balkhy, directora regional de la OMS, señalando que ningún nivel de preparación puede mitigar totalmente un desastre de tal magnitud.
Un tablero de ajedrez bajo fuego atómico
La ofensiva lanzada el pasado 28 de febrero por las fuerzas de Estados Unidos e Israel ha golpeado directamente puntos neurálgicos en Irán, incluyendo los complejos de Fordow, Isfahán y Natanz.
Aunque hasta el momento no se han reportado fugas de radiación, el fantasma de Chernóbil recorre las cancillerías del mundo. La preocupación es doble: por un lado, el daño colateral de los bombardeos a centros de investigación; por otro, la retórica inflamatoria sobre el uso de ojivas nucleares que ya empieza a asomar en los círculos de inteligencia.
Mientras el presidente Donald Trump asegura que busca eliminar la “amenaza inminente” del régimen de Teherán, la realidad en el terreno es de un caos humanitario sin precedentes. En Irán, las autoridades reportan más de 1,200 muertos y hasta un millón de hogares desplazados por los bombardeos que han alcanzado 20 provincias.
La destrucción de refinerías ha cubierto los cielos de nubes tóxicas, sumando enfermedades respiratorias a una población que ya carece de agua potable y suministros básicos.
El colapso de la salud y la economía
La guerra no solo destruye edificios, sino que está aniquilando los sistemas de asistencia vital. En el Líbano, la situación es crítica; una de cada cinco personas ha huido de sus hogares, hacinándose en refugios donde la falta de cuidados obstétricos y la violencia sexual acechan a miles de mujeres embarazadas.
La OMS ha denunciado ataques “inaceptables” contra hospitales y paramédicos, con al menos 241 centros sanitarios dañados en Irán y decenas más en suelo libanés. Pero el impacto no se detiene en los hospitales. El Estrecho de Ormuz, el nervio motor del comercio energético mundial se encuentra prácticamente bloqueado.
El precio del petróleo ha llegado a rozar los $118 dólares por barril, disparando el costo de la vida en países tan distantes como Bangladesh y Pakistán. La interrupción de las rutas marítimas ha generado un efecto dominó que ya provoca escasez de componentes electrónicos y alimentos esenciales en Asia y el Pacífico.
“Es hora de que la diplomacia se imponga a la guerra”, sentenció el Secretario General de la ONU, António Guterres, en un llamado desesperado desde Bruselas para detener una escalada que califica de “totalmente incontrolable”. Sin embargo, mientras los misiles sigan surcando el cielo del Golfo, el mundo permanece en vilo, esperando que el próximo impacto no sea el que desate una tragedia nuclear que no conozca fronteras.
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