Tirador se tomó una selfie antes del intento de asesinato contra Trump, fiscales

Imagen clave muestra armas y equipo previo al incidente en cena de corresponsales en Washington

Fiscales incluyeron fotos del acusado y armas para pedir que siga detenido sin fianza.

Fiscales incluyeron fotos del acusado y armas para pedir que siga detenido sin fianza. Crédito: Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia | Cortesía

Una selfie tomada frente al espejo, minutos antes de abrir fuego, se ha convertido en una de las piezas más reveladoras dentro del caso contra Cole Tomas Allen, el hombre acusado de intentar asesinar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La imagen, incluida en documentos judiciales del Departamento de Justicia (DOJ) muestra al sospechoso con una apariencia cuidadosamente construida: ropa formal negra, corbata roja y una postura aparentemente tranquila que contrasta con lo que estaba por suceder.

La fotografía fue capturada alrededor de las 8:03 de la noche del 25 de abril de 2026, apenas minutos antes de que el acusado descendiera de su habitación en el hotel Washington Hilton y se dirigiera armado hacia un punto de control de seguridad. De acuerdo con el expediente oficial, no se trató de un acto impulsivo. Por el contrario, la imagen refuerza lo que los fiscales han sostenido desde el inicio: que todo formaba parte de un plan meticulosamente preparado.

“Las acciones del acusado fueron premeditadas, violentas y diseñadas para causar la muerte”, señala el memorándum oficial presentado ante la corte.

Lo que hace particularmente alarmante esta selfie no es solo el momento en que fue tomada, sino lo que revela al observarla con detenimiento. Según los investigadores, el acusado ya portaba parte del arsenal que más tarde le sería asegurado: una pistola oculta en una funda, cuchillos y una bolsa con municiones. A simple vista, nada de eso resulta evidente. Esa dualidad —la imagen de alguien listo para un evento formal y, al mismo tiempo, preparado para un ataque armado— es, para las autoridades, una señal clara de frialdad y control.

Minutos después de tomarse la fotografía, el acusado abandonó su habitación y, cerca de las 8:30 p.m., irrumpió corriendo en un punto de revisión de seguridad. Testigos y agentes del Servicio Secreto lo vieron avanzar con una escopeta en posición de disparo. Incluso llegó a accionar el arma antes de ser neutralizado. El propio documento judicial detalla que fue detenido “a escasos metros” del lugar donde se encontraban el presidente, la primera dama y otros altos funcionarios.

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Crédito: Tom Brenner | AP

Otro elemento clave refuerza la narrativa de un ataque premeditado: los correos electrónicos que el acusado programó para enviarse justo en ese mismo momento. En uno de ellos, dirigido a sus familiares, escribió: “Mis más sinceras disculpas por todos los problemas que he causado”, una frase que, leída junto a la selfie, cobra un peso distinto. No se trata solo de un mensaje de despedida, sino de una evidencia de que sabía exactamente lo que estaba por hacer, revela el documento oficial.

En un documento adjunto a esos correos, titulado “Apology and Explanation”, el propio acusado fue aún más explícito. “No espero perdón”, escribió, al tiempo que reconocía que su plan implicaba poner en riesgo a otras personas. Incluso admitió que, de ser necesario, estaba dispuesto a atravesar a terceros para alcanzar su objetivo, al señalar que “iría a través de la mayoría de las personas aquí si fuera absolutamente necesario”. Para los fiscales, estas palabras no solo evidencian intención, sino también una preocupante indiferencia hacia la vida de otros.

La selfie, en este contexto, deja de ser un detalle anecdótico y se convierte en una pieza central para entender el caso y el nivel de escalada. No solo documenta la presencia del acusado en el lugar y momento clave, sino que ofrece una alerta sobre su estado mental: organizado, decidido y sin señales de duda.

“No existe ninguna condición que garantice la seguridad de la comunidad si el acusado es liberado”, advierte el gobierno en su argumentación, subrayando el nivel de riesgo que representa y por lo que no debería quedar bajo libertad.

A medida que el caso avanza, la imagen ha comenzado a circular como uno de los símbolos más claros de lo ocurrido esa noche.

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