Aunque suene parecido, no es lo mismo: diferencias entre artritis y artrosis

Artritis y artrosis se confunden con frecuencia, pero tienen causas, perfiles de paciente y tratamientos distintos. Conocer la diferencia es vital

Aunque suene parecido, no es lo mismo: diferencias entre artritis y artrosis

Síntomas de artritis o artrosis. Médico examina la mano de paciente. Crédito: News Africa | Shutterstock

Millones de personas en el mundo conviven a diario con dolor articular, rigidez y limitaciones de movimiento sin saber exactamente qué nombre tiene lo que padecen. “Me duelen las articulaciones: ¿tengo artritis o artrosis?” es una de las preguntas más frecuentes en consultas de reumatología.

La confusión es comprensible: ambas palabras comparten raíz, ambas afectan las articulaciones y ambas generan dolor. Sin embargo, son enfermedades distintas con orígenes, mecanismos y tratamientos que no siempre se solapan.

En el origen está la diferencia:

La artrosis, también llamada osteoartritis, es una enfermedad degenerativa del cartílago articular. Con el paso del tiempo —y bajo la influencia de factores como el peso corporal, el uso repetido de ciertas articulaciones o la predisposición genética—, el cartílago que amortigua el contacto entre los huesos se va desgastando. Es, en esencia, un proceso de deterioro mecánico.

La artritis, en cambio, es un proceso inflamatorio. El sistema inmunitario ataca por error el tejido sinovial que recubre las articulaciones, provocando inflamación crónica que, si no se trata, puede erosionar el hueso y deformar la articulación. La forma más conocida es la artritis reumatoide, una enfermedad autoinmune.

¿A quiénes afecta?

La artrosis es mucho más prevalente y está estrechamente ligada al envejecimiento: se estima que más del 30% de las personas mayores de 65 años la padece en algún grado. Rodillas, caderas, columna vertebral y las articulaciones de los dedos de las manos son las zonas más afectadas.

“Suele producir un dolor que la mayoría de las veces es lento y progresivo. Nosotros lo llamamos dolor mecánico. Aparece al usar las manos y causa rigidez breve por la mañana”, explica Damián Duartes Noé, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Británico, al medio español La Vanguardia.

“La artrosis aparece a medida que vamos creciendo”, recalca.

La artritis reumatoide, por su parte, puede aparecer a cualquier edad —incluso en niños, donde se denomina artritis idiopática juvenil— y afecta con mayor frecuencia a mujeres en una proporción de tres a uno respecto a los hombres. No discrimina por edad y, a diferencia de la artrosis, es una enfermedad sistémica: puede comprometer órganos más allá de las articulaciones.

Síntomas similares

Ambas condiciones comparten dolor articular, inflamación visible en algunos casos y limitación del movimiento. Sin embargo, hay señales que permiten diferenciarlas en la práctica. En la artritis reumatoide, la rigidez matutina suele durar más de una hora y mejora con el movimiento. En la artrosis, la rigidez es breve y el dolor empeora precisamente con el uso de la articulación a lo largo del día.

Otro signo orientador es la simetría: la artritis reumatoide tiende a afectar las mismas articulaciones en ambos lados del cuerpo —ambas manos, ambas muñecas—, mientras que la artrosis puede ser asimétrica y depender de factores locales como una lesión previa o el esfuerzo físico acumulado en un solo lado.

Diagnóstico: la importancia de no confundirlos

El diagnóstico diferencial requiere historia clínica detallada, exploración física y pruebas complementarias: análisis de sangre en busca de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva o el factor reumatoide, y estudios de imagen como radiografías o resonancias magnéticas.

Confundir ambas enfermedades tiene consecuencias prácticas. Tratar una artritis reumatoide activa solo con analgésicos —como se haría en artrosis— permite que la inflamación siga dañando el tejido articular sin control. A la inversa, someter a un paciente con artrosis a inmunosupresores innecesarios conlleva riesgos sin beneficio real.

Perspectiva de tratamiento

Los avances en reumatología han transformado el pronóstico de la artritis. Los fármacos biológicos y los inhibidores de quinasas han permitido que muchos pacientes alcancen la remisión de la enfermedad. En artrosis, aunque no existe aún un tratamiento que revierta el desgaste cartilaginoso, la fisioterapia, el control del peso y, en casos avanzados, la cirugía de reemplazo articular ofrecen una mejora significativa de la calidad de vida.

Conocer bien con qué enfermedad se está lidiando es el primer paso para elegir el camino terapéutico correcto. Y ese camino empieza, siempre, con un diagnóstico preciso.

Cómo ganar fuerza en las manos

Duartes Noé advierte que a partir de los 45 años empezamos a perder masa muscular. “Si esto sucede en las manos y le sumamos un poco de artrosis, tendrán menos fuerza y habilidad”, señala.

“En el consultorio les enseñamos a los pacientes a hacer algunos ejercicios para contraerlas y también para elongarlas. Porque si yo solo hago ejercicios para apretar, estoy fortaleciendo únicamente la parte de prensión. Y necesito también estirar esos tendones”, explica el reumatólogo.

Mientras que desde la casa se recomiendan ejercicios para lograr fuerza de manos y rango de movimiento. Por ejemplo, agarrar una pelota de tenis blanda, “que esté pinchada, y apretarla y soltarla varias veces”.

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