Así puedes evitar el reflujo ácido

Los especialistas coinciden en que la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) afecta a una proporción significativa de la población adulta

Así puedes evitar el reflujo ácido

Malestar por reflujo ácido. Crédito: PeopleImages | Shutterstock

Millones de personas conocen esa sensación: apenas se acuestan, una quemazón sube desde el pecho hacia la garganta, un sabor ácido invade la boca y el sueño se convierte en una batalla contra el propio cuerpo. El reflujo gastroesofágico nocturno no solo arruina el descanso; con el tiempo puede derivar en problemas más serios si no se controla a tiempo. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, se puede prevenir con cambios de hábitos relativamente sencillos.

El reflujo ocurre cuando el esfínter esofágico inferior —una especie de válvula muscular que separa el estómago del esófago— se relaja en momentos inadecuados, permitiendo que el ácido gástrico ascienda. Durante el día, la gravedad y la posición vertical ayudan a que ese ácido regrese rápido al estómago. Pero de noche, al estar acostados, esa ayuda desaparece y el contenido ácido puede permanecer más tiempo en contacto con el esófago, generando irritación, tos, ronquera e interrupciones del sueño.

Los especialistas coinciden en que la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) afecta a una proporción significativa de la población adulta, y su versión nocturna suele ser la más molesta porque compromete directamente la calidad del descanso.

Claves para prevenir el reflujo

Cuidar el horario y el contenido de la cena. Cenar copiosamente y acostarse poco después es una de las combinaciones más perjudiciales. Los expertos recomiendan dejar pasar al menos entre dos y tres horas entre la última comida y el momento de acostarse. Además, conviene evitar cenas muy abundantes, grasas, picantes o con alto contenido de cítricos, tomate, chocolate, menta o café, alimentos que suelen relajar el esfínter esofágico o aumentar la acidez estomacal.

Elevar el cabecero de la cama. Dormir completamente plano facilita que el ácido viaje con mayor libertad hacia el esófago. Elevar la cabecera de la cama entre 15 y 20 centímetros —usando tacos bajo las patas o una cuña específica, no simplemente apilando almohadas— ayuda a que la gravedad juegue a favor y reduce los episodios nocturnos de forma notable.

Elegir bien la postura. Dormir sobre el lado izquierdo se asocia con menos reflujo, ya que en esa posición el estómago queda por debajo del esófago, dificultando el ascenso del ácido. Dormir sobre el lado derecho, en cambio, tiende a favorecerlo.

Moderar el alcohol y dejar el tabaco. El alcohol relaja el esfínter esofágico y aumenta la producción de ácido, por lo que su consumo por la noche suele agravar los síntomas. El tabaco produce un efecto similar y, además, reduce la producción de saliva, que normalmente ayuda a neutralizar el ácido.

Vigilar el peso corporal. El exceso de peso, especialmente abdominal, incrementa la presión sobre el estómago y favorece que su contenido se desplace hacia el esófago. Perder algunos kilos, cuando existe sobrepeso, suele traducirse en una mejora notable de los síntomas.

Evitar ropa ajustada a la hora de dormir. Prendas o cinturones muy ceñidos a la altura del abdomen aumentan la presión intraabdominal y pueden empeorar el reflujo.

Revisar la medicación con el médico. Algunos fármacos —como ciertos antiinflamatorios, sedantes o medicamentos para la presión arterial— pueden relajar el esfínter esofágico o irritar la mucosa gástrica. Ante síntomas persistentes, conviene consultar con un profesional para revisar si algún tratamiento habitual está contribuyendo al problema.

Cuándo acudir al médico

Aunque las medidas anteriores resuelven o mejoran los síntomas en buena parte de los casos, los especialistas advierten que no deben tomarse a la ligera los episodios frecuentes de reflujo. Si la acidez nocturna se repite varias veces por semana, si aparecen dificultades para tragar, pérdida de peso involuntaria o dolor torácico, es necesario acudir a un médico. El reflujo mal controlado durante años puede favorecer complicaciones como la esofagitis o alteraciones en el tejido del esófago, por lo que el diagnóstico y seguimiento profesional resultan claves.

En definitiva, evitar el reflujo nocturno no depende de una única solución mágica, sino de la combinación de varios hábitos: cenar temprano y ligero, elevar la cabecera de la cama, dormir del lado izquierdo y moderar el consumo de alcohol y tabaco. Pequeños ajustes que, sostenidos en el tiempo, pueden devolver algo tan valioso como una noche de sueño tranquila.

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