Nadie daba un peso por ellos: el humilde Atlante le saca el orgullo al América

Atlante regresó al Estadio Azteca después de 19 años y lo hizo con autoridad al rescatar un empate ante el poderoso América que terminó abucheado por el 1-1

Ciudad de México, 24 de julio de 2026. Eugenio Pizzuto en festejo de gol, durante el partido correspondiente a la jornada 2 del torneo Apertura 2026 de la Liga BBVA MX, entre los Potros de Hierro del Atlante FC y las Águilas del América, realizado en el estadio Banorte. Foto: Imago7/ Alexis Chavez

Eugenio Pizzuto inicia la danza del gol que representó el empate con el América 1-1. Crédito: Alexis Chavez | Imago7

Los Potros de Hierro del Atlante suplieron todas las carencias futbolísticas que puedan tener actualmente para enfrentar al América con más corazón que recursos en el terreno de juego.

Lo hicieron cobijados por una atmósfera nostálgica y festiva, en medio de un entradón de casi 70 mil personas que abarrotaron el Estadio Banorte (Azteca) para atestiguar el renacer de una de las rivalidades más añejas del balompié nacional.

Fue un duelo de contrastes donde todo mundo daba por hecho que las Águilas se llevarían los tres puntos sin mayores contratiempos. Sin embargo, en los hechos, al conjunto azulcrema le faltó la contundencia necesaria para liquidar el encuentro.

No supieron capitalizar el partido por nota de Isaías Violante, quien se convirtió en una auténtica pesadilla por la banda; el habilidoso volante nunca pudo ser detenido por la zaga de los azulgranas, desbordando a placer, pero sus centros e internadas terminaron diluyéndose al no encontrar jamás a un rematador letal en el área que pudiera empujar la pelota a las redes.

Ambos factores —la falta de un “killer” americanista y el pundonor atlantista— terminaron siendo los más significativos en un duelo donde los dos equipos se brindaron con sus recursos en busca de controlar el encuentro.

El trámite tuvo momentos de clara alternativa: arrancó con un América que saltó a la cancha a tambor batiente, asfixiando la salida de los Potros, pero gradualmente el Atlante fue asentándose en el terreno de juego, tomó la alternativa con personalidad y regaló buenos momentos de circulación de balón que equilibraron la balanza.

Es cierto que el América no pasa por su mejor momento y arrastra la losa de un plantel muy limitado por las circunstancias. La ausencia de sus grandes estrellas como Israel Reyes, Alejandro Zendejas y Brian Rodríguez, quienes siguen recibiendo un prolongado descanso tras su participación en el Mundial, ha desarmado el esquema habitual.

Esta situación ha obligado a las Águilas a echar mano de urgencia de futbolistas muy jóvenes y con escaso roce en la máxima categoría de la Liga MX, tales como el brasileño Ícaro Da Conceição o el propio Dagoberto Espinoza, a quienes por momentos se les notó la falta de ritmo y el peso del escenario.

Mientras que el Atlante, con un plantel con pocos jugadores de experiencia en la Primera División, depositó toda su confianza en la zaga y, de forma muy especial, en Óscar Jiménez.

Para el guardameta chihuahuense, la noche en el Estadio Banorte (Azteca) no era un partido más; significaba plantarse bajo los tres postes ante la camiseta con la que fue multicampeón y ante su entrañable amigo Henry Martín, con quien compartió tantas charlas en Coapa.

Jiménez entendió su rol de líder desde el calentamiento. Aunque las Águilas salieron a asfixiar, el arquero azulgrana demostró por qué Miguel Herrera lo pidió como pieza angular para el regreso al máximo circuito.

Su primera gran intervención llegó temprano, atajando con solvencia un violento disparo con potencia de Raphael Veiga que amenazaba con abrir el marcador, apagando el fuego defensivo cuando la zaga atlantista aún se asentaba ante los 70 mil espectadores.

A pesar de recibir el gol de Borja al 61′, Jiménez no permitió que el orden se rompiera. Su verdadera recompensa y clímax de la noche llegó en los últimos suspiros del encuentro.

Cuando el América volcó sus últimas naves buscando la victoria tras el empate de Pizzuto, apareció la figura de Óscar con una espectacular atajada a un cabezazo a quemarropa de Cárdenas, ahogando el grito de gol de su exequipo y amarrando un punto con sabor a victoria para los Potros de Hierro. Una actuación redonda de 5 atajadas clave que justificó con creces su capitanía moral en la cancha.

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