El poder adictivo del vapeo: víctima cuenta su testimonio tras 10 años de consumo

“Me di cuenta de que era adicta al vapeador cuando ya no podía simplemente dejarlo en el carro. Vapeaba incluso en los baños públicos”

El poder adictivo del vapeo: víctima cuenta su testimonio tras 10 años de consumo

Holly Kurtz Crédito: IG: hollykurtz | Cortesía

Holly Kurtz, de 27 años, comenzó a vapear a los 17 años, impulsada por la influencia de sus amigos. Su relato revela cómo el vapeo, inicialmente considerado inofensivo, se convirtió en una adicción firme durante una década. Al extender su consumo a todos los ámbitos de su vida diaria, la dependencia se volvió innegable.

La epifanía de Kurtz llegó en 2026, recogió Newsweek, cuando se visualizó como una anciana incapaz de interactuar con sus futuros nietos. Este momento crítico la llevó a reconsiderar el impacto negativo de su adicción y a tomar acciones concretas para cambiar su estilo de vida.

“Vapeaba siempre que podía: en el coche, en mi habitación, en casa de algún amigo”, dijo la oriunda de Nashville, Tennessee. “Durante 10 años, lo primero que hacía al despertar era vapear. Lo último que hacía antes de dormirme era vapear. Me dormía con el vaporizador al lado de la almohada todas las noches, y en la mano”, confesó.

Lo pagó caro

Tras 10 años de adicción a los cigarrillos electrónicos, Kurt empezó a ser consciente de la situación que atravesaba. “Experimenté respiración superficial, dolor ocasional en el pecho, náuseas, pérdida del apetito y daños importantes en los dientes y las encías”, dijo.

“Me empezó a doler la garganta constantemente. Pero cuanto más vapeaba, más me insensibilizaba. Sin mencionar los efectos secundarios emocionales de la vergüenza y el pánico cuando sabes que se va a acabar o si lo olvidas en casa”, relató a Newsweek.

“Me di cuenta de que era adicta al vapeador cuando ya no podía simplemente dejarlo en el carro. Vapeaba mientras caminaba desde mi coche hasta mi destino, e incluso en los baños públicos”, hasta allí llegada su dependencia.

A pesar de los desafíos emocionales y físicos, Kurtz trabajó para reducir su consumo de nicotina, logrando finalmente desprenderse de su “vapeador de apoyo emocional”. Ahora, siente un renovado sentido de confianza y propósito en su vida, enfocándose en convertirse en una abuela activa y saludable.

Aumento del uso de cigarrillos electrónicos

En Estados Unidos, los cigarrillos electrónicos son el producto de tabaco más consumido entre los jóvenes. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los datos de la Encuesta Nacional Anual sobre el Consumo de Tabaco entre Jóvenes muestran que más del 27 % de los jóvenes que vaporizan lo hacen a diario.

Esta tendencia resalta la creciente preocupación por la salud pública.

Impacto del vapeo en la salud mental

El vapeo puede afectar la salud mental y emocional, sobre todo cuando contiene nicotina. Aunque algunas personas sienten calma inmediata, ese efecto suele ser temporal y puede corresponder al alivio de la abstinencia, no a una reducción real del estrés.

Principales efectos

  • Mayor ansiedad e irritabilidad: la dependencia provoca deseos intensos de vapear y malestar cuando pasa el efecto de la nicotina.
  • Síntomas depresivos: existe una asociación entre vapear y mayores niveles de depresión; en adolescentes, la relación puede ser bidireccional: la depresión puede favorecer el consumo y el consumo puede empeorar los síntomas.
  • Estrés y malestar psicológico: el vapeo puede crear un ciclo de alivio breve seguido de ansiedad, preocupación por conseguir nicotina y síntomas de abstinencia.
  • Problemas de atención, aprendizaje y control de impulsos: la nicotina durante la adolescencia puede afectar zonas cerebrales que todavía están desarrollándose.
  • Alteraciones del sueño y la concentración: la nicotina puede dificultar el descanso y contribuir a fatiga, irritabilidad y menor concentración.

Por qué puede sentirse “relajante”

La nicotina activa temporalmente los circuitos de recompensa del cerebro. Cuando sus niveles disminuyen, pueden aparecer nerviosismo, irritabilidad, ansiedad y dificultad para concentrarse; al volver a vapear, esos síntomas se reducen por un rato, reforzando la dependencia. Por eso, vapear no es un tratamiento seguro para la ansiedad, el estrés o la depresión.

Cuándo pedir ayuda

Conviene consultar a un profesional de salud si el vapeo se acompaña de tristeza persistente, ataques de pánico, aislamiento, insomnio, pérdida de interés, consumo cada vez mayor o dificultad para dejarlo. Si aparecen pensamientos de hacerse daño o de suicidio, hay que buscar ayuda de emergencia inmediatamente y no quedarse a solas.

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