De la copa a la pastilla: jóvenes eligen ansiolíticos antes que el alcohol
Consumidores jóvenes, a los que se ha dado por llamar miembros de la "generación sobria", evitan sobre todas las cosas el efecto resaca
Consumo compulsivo de pastilla. Crédito: cunaplus | Shutterstock
La Generación Z enfrenta niveles crecientes de ansiedad social, con un 28% de jóvenes en Inglaterra reportando altos niveles de ansiedad. Medicamentos como la pregabalina y el propranolol se han convertido en alternativas populares para manejar estos síntomas, a menudo adquiridos sin receta médica.
Un trabajo publicado en BBC Mundo señala que las redes sociales han impulsado el uso de medicamentos como opciones más “saludables” que el alcohol. La búsqueda de experiencias sociales sin resacas ha llevado a un crecimiento significativo del mercado de estas sustancias, lo que ha generado preocupación entre expertos de la salud.
“La cantidad de alcohol que hay que beber para conseguir los mismos efectos es realmente perjudicial y no sienta bien”, contó Matt, un joven de 22 años del norte de Inglaterra, a la BBC. Explica que las drogas que toma le producen una sensación de “euforia”, calman su ansiedad y facilitan la interacción social.
Riesgos asociados y dependencia
El uso prolongado y no supervisado de medicamentos puede conducir a la dependencia y aumentar los riesgos de insomnio y problemas de salud mental que lleguen al límite de ideas suicidas al intentar dejar de consumirlos.
Aunque algunos jóvenes creen que estos medicamentos son menos dañinos que el alcohol, expertos advierten sobre las implicaciones de depender químicamente para socializar.
Consumidores jóvenes, a los que se ha dado por llamar miembros de la “generación sobria”, dicen no sentirse tan mal al día siguiente, obra de la resaca, y, al ser un medicamento, piensan que “es más seguro”, afirma Liam Knowles, investigador de adicciones de la Universidad de Teesside.
Entre tanto, es difícil saber con exactitud cuántos jóvenes consumen medicamentos recetados y péptidos no regulados para socializar, ya que muchos los obtienen sin receta.
Knowles advierte al medio británico que “probablemente hay una cantidad considerable de personas que se están volviendo adictas”.
Adicción impulsada en las redes sociales
Matt confesó que fue a través de Braden Peters, más conocido como Clavicular, que se enteró del tema. Clavicular es un influencer controvertido que ha hablado abiertamente en transmisiones en vivo sobre el consumo de estos medicamentos como parte de una combinación para reducir su ansiedad social, recuerda BBC Mundo.
También actrices como Rachel Sennott y Kristen Bell se encuentran entre las celebridades que han hablado públicamente sobre el uso de betabloqueadores, igual que la influencer Khloé Kardashian.

Ansiolíticos y cómo operan
Los ansiolíticos son medicamentos que reducen la ansiedad al disminuir la hiperactividad del sistema nervioso central. Buscan aliviar la ansiedad sin causar necesariamente sueño, aunque algunos también producen sedación.
Cómo actúan
El mecanismo más conocido es la potenciación del GABA, un neurotransmisor inhibidor del cerebro:
- El GABA se une al receptor GABA-A.
- Esto permite la entrada de iones cloruro en la neurona.
- La neurona se vuelve menos excitable —se “hiperpolariza”—.
- Disminuyen la tensión, la agitación y la respuesta de alarma.
Las benzodiacepinas, como diazepam, lorazepam o alprazolam, se unen a un sitio específico del receptor GABA-A y hacen que responda con mayor eficacia al GABA natural. Por eso pueden tener efectos ansiolíticos, sedantes, relajantes musculares y anticonvulsivos.
Otros tipos
No todos operan exactamente igual:
- Buspirona: actúa principalmente sobre ciertos receptores de serotonina, especialmente 5-HT1A; suele tener menos efectos sedantes que las benzodiacepinas, pero su efecto puede tardar más en aparecer.
- Algunos antidepresivos: modifican la señalización de serotonina y noradrenalina y se emplean con frecuencia para el tratamiento prolongado de los trastornos de ansiedad.
- Barbitúricos: también potencian GABA-A, pero tienen un margen de seguridad más estrecho y hoy se usan mucho menos como ansiolíticos.
Precauciones
Las benzodiacepinas pueden causar somnolencia, problemas de memoria, disminución de reflejos, tolerancia y dependencia, sobre todo con uso prolongado o dosis altas. No deben combinarse con alcohol, opioides u otros sedantes, ni suspenderse bruscamente tras un uso continuado; deben utilizarse únicamente bajo indicación médica.
Intervención y prevención
Con el aumento del uso de sustancias, es esencial implementar estrategias que eduquen a los jóvenes sobre los riesgos de la automedicación. Las intervenciones deben abordar tanto la salud mental como el manejo de la ansiedad social de manera efectiva y segura.
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