¿Qué es una crisis de ausencia? No la confundas con una simple distracción
El caso del futbolista alemán Jamal Musiala reabre el debate sobre un trastorno neurológico poco comprendido y que en etapas de la vida es confundido
Crisis de ausencia temporal, que se manifiesta en forma de ataque convulsivo. Crédito: CGN089 | Shutterstock
Dos desplomes en tres días bastaron para encender las alarmas del futbol europeo. El mediocampista del Bayern Münich y de la selección alemana, Jamal Musiala, de 23 años, perdió el conocimiento primero ante el RB Leipzig y, apenas setenta y dos horas después, en un amistoso frente al Heidenheim. Las imágenes, difundidas de inmediato en redes sociales, generaron una ola de preocupación entre aficionados y medios deportivos de todo el mundo.
Fue el propio futbolista quien decidió romper el silencio. A través de un comunicado en sus redes oficiales, explicó que los episodios no respondían a un problema cardíaco ni a un desmayo convencional, sino a un diagnóstico más específico: una crisis de ausencia tratable.
El jugador quiso llevar tranquilidad a su entorno al aclarar que no existe un riesgo adicional para su salud y que cuenta con autorización médica para seguir entrenando y compitiendo.
“Entiendo que muchos de ustedes estén preocupados. Hoy quiero disipar esas dudas y explicar la situación: me han diagnosticado crisis de ausencia breves y temporales —pero tratables— derivadas de una disfunción neurológica”, publicó en Instagram.
Un trastorno que va más allá de la distracción
Fuera del ámbito clínico, es común escuchar que alguien “tuvo una ausencia” para describir un simple despiste, un momento de desconexión mental provocado por el cansancio, el aburrimiento o la falta de atención. Sin embargo, la crisis de ausencia es un cuadro médico concreto, clasificado dentro de las epilepsias generalizadas, y no tiene relación con la voluntad ni con el estado de ánimo de quien la padece.
Se trata de episodios breves —de apenas unos segundos— en los que la persona queda momentáneamente desconectada de su entorno debido a una alteración súbita de la actividad eléctrica cerebral. A diferencia de una distracción común, durante una crisis de ausencia quien la sufre no responde a estímulos externos, puede quedar con la mirada fija, interrumpir de golpe lo que estaba haciendo o diciendo y, en ocasiones, presentar parpadeos repetitivos o pequeños movimientos automáticos e involuntarios. Al finalizar el episodio, la persona retoma su actividad como si nada hubiera pasado, muchas veces sin recordar lo ocurrido.
Esa es, precisamente, la clave para diferenciarla de una distracción: la ausencia no es controlable ni interrumpible por un estímulo externo —un grito, un chasquido de dedos o un golpecito en el hombro no logran “despertar” a la persona hasta que el episodio concluye por sí solo—, mientras que una distracción común cede en cuanto algo capta de nuevo la atención.
Como claves del trastorno, tenemos: 1) dura generalmente entre 5 y 20 segundos; 2) la persona retoma su actividad de inmediato como si nada hubiera pasado, sin recordar el episodio; 3) puede incluir parpadeo rápido, movimientos de los labios o masticación; 4) ocurre casi siempre en niños de entre 4 y 14 años; y 5) tiene un fuerte origen genético.

Diagnóstico y tratamiento
Especialistas coinciden en que, ante episodios de este tipo, resulta fundamental diferenciar una crisis de ausencia de un síncope o desmayo convencional, ya que sus causas y tratamientos son distintos. Para confirmar el diagnóstico, los neurólogos suelen recurrir a estudios como el electroencefalograma, la resonancia magnética o la tomografía computarizada, que permiten observar la actividad cerebral y descartar otras afecciones.
Una vez confirmado el cuadro, el tratamiento habitual se basa en medicación anticonvulsiva, que en la mayoría de los casos logra controlar los episodios sin comprometer las capacidades físicas ni cognitivas de quien los recibe. De hecho, especialistas remarcaron que este tipo de fármacos no son agresivos y que el organismo suele adaptarse a ellos sin afectar el rendimiento, algo que cobra especial relevancia tratándose de un deportista de alto nivel como Musiala.
Un mensaje de tranquilidad
Más allá del impacto mediático que generó ver a una de las jóvenes figuras del futbol alemán desplomarse en pleno campo de juego, el caso de Musiala tuvo un efecto adicional: puso sobre la mesa un trastorno que suele pasar inadvertido, sobre todo porque sus episodios son tan breves que muchas veces se confunden con simples lapsos de distracción, especialmente en niños y adolescentes, la población en la que este tipo de epilepsia es más frecuente.
El futbolista aseguró que los síntomas forman parte de su día a día y que, con el respaldo de su equipo médico y del propio club, continuará compitiendo con normalidad. Su testimonio, contado en primera persona, no solo despejó dudas sobre su estado de salud, sino que además contribuyó a que un padecimiento habitualmente invisible gane algo de la atención pública que rara vez recibe fuera de un consultorio médico.
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