Tu forma de caminar podría revelar pistas de tu estado mental

Investigadores subrayan la importancia de utilizar el movimiento como biomarcador para revelar signos tempranos de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias

Tu forma de caminar podría revelar pistas de tu estado mental

Caminata como rutina de ejercicio. Crédito: Harbucks | Shutterstock

Investigadores de la Universidad de Texas A&M están explorando cómo los patrones de caminar pueden revelar signos tempranos de la enfermedad de Alzheimer antes de que aparezcan síntomas cognitivos evidentes.

Así lo hizo saber Jenna Yentes, profesora asociada del Departamento de Kinesiología y Gestión Deportiva, quien lidera el estudio, que subrayó la importancia de la marcha como un biomarcador potencial.

“Los cambios en la forma de caminar pueden mejorarse e incluso prevenirse mediante diversas rutinas de ejercicio”, declaró Yentes a Newsweek. Explicó que mantener los músculos activos y fuertes, así como el equilibrio, es importante durante todo el proceso de envejecimiento.

Yentes aclaró que la disminución de la velocidad se suele considerar una parte normal del envejecimiento, pero las intervenciones físicas y neurológicas pueden ayudar a mantener la movilidad.

Metodología del estudio

Para el estudio se tiene previsto reclutar 50 adultos entre 45 y 85 años sin demencia. Los participantes realizarán pruebas cognitivas, análisis de sangre y resonancias magnéticas, además de evaluaciones detalladas de la marcha utilizando tecnología de captura de movimiento.

El estudio examinará la “reserva de marcha”, la diferencia entre la velocidad habitual del caminar y el ritmo máximo alcanzable. También analizará la “variabilidad de la marcha”, enfocándose en cómo las pequeñas fluctuaciones en el andar reflejan la capacidad adaptativa del individuo.

Importancia de la detección temprana

La identificación de cambios en la marcha podría alertar a los médicos sobre el inicio de procesos neurológicos subyacentes antes de que se manifiesten síntomas cognitivos. Esto podría abrir la puerta a intervenciones más efectivas y tempranas en el tratamiento del Alzheimer y otras demencias, ya que los métodos actuales para detectar esta afección suelen basarse en escáneres cerebrales, análisis de sangre o evaluaciones cognitivas, los cuales normalmente solo se realizan después de que aparecen los síntomas.

Exponen que la investigación puede transformar la forma en que se monitorea la salud de los adultos mayores, posiblemente integrando la evaluación de la marcha en revisiones médicas rutinarias, similar a chequeos de presión arterial y frecuencia cardíaca. La Dra. Yentes anticipa que la detección precoz facilitaría la implementación de medidas preventivas para combatir el Alzheimer.

La especialista hace notar que estudios anteriores ya han relacionado los cambios en la forma de caminar con la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia, pero muchos solo se centraron en personas que ya estaban experimentando un deterioro cognitivo, no antes.

Signos de alerta

Los cambios en la forma de caminar (marcha) pueden ser una de las primeras señales de alerta de una condición neurológica, a veces incluso antes de que aparezcan otros síntomas como problemas de memoria o debilidad marcada.

Señales de alerta principales

Debes prestar atención si notas alguno de los siguientes cambios nuevos, progresivos o inexplicables en tu manera de caminar:

  • Pasos más cortos y lentos: reducción en la longitud de la zancada y en la velocidad al caminar, especialmente si es progresivo.
  • Arrastre de un pie o “pie caído”: tendencia a tropiezos frecuentes, necesidad de levantar mucho la rodilla para no arrastrar el pie, o un pie que “golpea” el suelo al caminar.
  • Inestabilidad o equilibrio alterado: sensación de mareo, necesidad de apoyarse en paredes/muebles o dificultad para mantener el equilibrio, sobre todo en superficies irregulares.
  • Marcha inestable o “como ebrio”: pasos amplios, base de apoyo muy separada, balanceo exagerado o sensación de caminar “borracho” sin haber bebido.
  • Asimetría al caminar: un lado del cuerpo se comporta diferente al otro (por ejemplo, un brazo no se balancea, una pierna se mueve en círculos).
  • Dificultad para iniciar o detener la marcha: vacilación al empezar a caminar, “bloqueo” de los pies, o pasos que se vuelven rápidos y descontrolados una vez en movimiento (marcha festinante).
  • Cambios al girar: necesidad de dar varios pasos pequeños para cambiar de dirección, o dificultad repentina para girar.
  • Mirar al suelo al caminar: si antes mirabas al frente y ahora caminas mirando hacia abajo, puede indicar problemas de equilibrio y percepción espacial.
  • Problemas de “doble tarea”: perder el equilibrio fácilmente cuando caminas y hablas al mismo tiempo.
  • Caídas repetidas o aumento de tropiezos: sin una causa clara (como un obstáculo o calzado inadecuado).

Cuándo buscar atención médica urgente

Algunos cambios en la marcha requieren evaluación inmediata, especialmente si aparecen de forma repentina:

  • Cambio brusco en la capacidad para caminar, sobre todo después de un golpe, caída o evento vascular.
  • Dificultad súbita para caminar acompañada de: debilidad en cara/brazo/pierna, dificultad para hablar, visión doble o borrosa, vértigo intenso, confusión o dolor de cabeza severo (posible accidente cerebrovascular).
  • Inestabilidad grave que impide caminar sin ayuda o que lleva a caídas frecuentes en poco tiempo.

Qué pueden indicar estos patrones

Aunque solo un médico puede diagnosticar, algunos patrones se asocian con ciertas condiciones:

  • Pasos cortos, rígidos, brazos poco móviles, cuerpo inclinado: sugieren enfermedad de Parkinson u otros trastornos parkinsonianos.
  • Marcha inestable, base amplia, como “ebrio”: puede indicar disfunción cerebelosa (ataxia).
  • Arrastre de una pierna, brazo flexionado sin balanceo: puede ser consecuencia de un ictus (hemiparesia).
  • Pie caído, necesidad de levantar mucho la rodilla: puede relacionarse con neuropatía periférica o enfermedad de las neuronas motoras.
  • Cambios de marcha junto con problemas de memoria, confusión o cambios de personalidad: pueden sugerir afecciones que afectan varias áreas del cerebro, incluidas algunas formas de demencia.

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