El deseo no caduca: por qué es un mito que los mayores pierden el interés sexual
La evidencia científica de los últimos años dibuja un panorama claro: la sexualidad no se apaga con los años, se transforma
El deseo sexual no muere. Crédito: metodej | Shutterstock
Cuando se piensa en la vejez, casi nunca se piensa en el deseo. La imagen social del adulto mayor suele estar despojada de cuerpo, de piel, de erotismo. Sin embargo, la evidencia científica de los últimos años dibuja un panorama muy distinto: la sexualidad no se apaga con los años, se transforma.
Los investigadores lo llaman “edadismo sexual”: la suposición generalizada de que las personas mayores no sienten, no desean o no deberían desear. Una revisión sobre las percepciones de la sexualidad en la vejez señala que el envejecimiento ha sido asociado históricamente con ideas negativas, entre ellas la creencia de que las personas mayores pierden el interés sexual, que se trata de un tema exclusivo de la juventud o que carecen de las capacidades necesarias para mantener relaciones sexuales en esta etapa de la vida.
Ese prejuicio no es inocuo. Un estudio realizado en Paraguay con 100 adultos mayores encontró una asociación estadística entre sostener mitos y prejuicios sobre la sexualidad y presentar peores puntuaciones en escalas de depresión, lo que respalda la idea de que las actitudes negativas hacia la sexualidad favorecen un estado deteriorado de salud mental en esta población.
Lo que dicen los datos
La investigación reciente desmiente la idea de una vejez asexuada. Un estudio español de 2025, realizado con adultos mayores universitarios de la Comunitat Valenciana, analizó los factores que predicen la actividad sexual —tanto física como íntima— en esta etapa de la vida, y planteó que una mayor satisfacción con la pareja y una mayor importancia atribuida al sexo se relacionan de forma positiva con la frecuencia de la actividad sexual, ya sea física o afectiva.
En la misma línea, una revisión sobre el bienestar sexual en parejas mayores de 60 años, publicada en 2024, sistematizó evidencia que confirma que la vida íntima sigue siendo relevante para buena parte de esta población, aunque con expresiones que no siempre coinciden con el modelo genital y penetrativo asociado a la juventud.

No es ausencia, es transformación
Los especialistas insisten en que hablar de sexualidad en la vejez exige ampliar el concepto. Una revisión reciente sobre cómo se entiende la sexualidad en las personas mayores explica que se trata de un constructo amplio, que abarca sentimientos, comportamientos y cogniciones que van más allá del acto físico. Un trabajo publicado en 2024 sobre el envejecimiento en mujeres mayores plantea algo similar: las expresiones de la sexualidad se modifican con la edad, pero permanecen presentes a lo largo de toda la vida, ligadas a la identidad, el placer y los vínculos afectivos, más allá de los cambios físicos propios de la menopausia y el envejecimiento.
Esto significa que el deseo, la ternura, la caricia, la complicidad y el erotismo no desaparecen: buscan nuevos canales cuando el cuerpo cambia. La disminución de determinadas funciones —como ciertos aspectos de la respuesta genital— no equivale a la desaparición del interés o del placer sexual.
El peso de la cultura y la religión
Otro factor documentado es la represión social. Una investigación sobre los constructos socioculturales que rodean la sexualidad en la vejez concluyó que muchas personas mayores terminan reprimiendo su propia sexualidad al chocar con normas heredadas de la religión, la familia y el entorno, aun cuando se trata de una necesidad que debe satisfacerse porque, aunque sus expresiones se modifiquen, permanecen a lo largo de la vida.
Esta represión no siempre es individual: también está en el sistema de salud. Distintos estudios señalan que buena parte de la formación médica y de enfermería apenas aborda la sexualidad de las personas mayores, lo que deja a muchos profesionales sin herramientas para conversar sobre el tema con sus pacientes, y perpetúa el silencio en torno a una dimensión de la salud que sigue siendo importante en la vejez.
Por qué importa hablar de esto
Reconocer que el deseo sexual puede persistir —y en muchos casos reinventarse— en la vejez no es un dato anecdótico. Tiene consecuencias directas sobre la salud mental, la calidad de vida, la autoestima y los vínculos de pareja de millones de personas mayores. Callar el tema, o darlo por clausurado, no protege a nadie: invisibiliza necesidades reales y refuerza el estigma.
La ciencia lo dice con cada vez más claridad: la sexualidad no tiene fecha de caducidad. Lo que cambia con los años es su forma, no su existencia.
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