“Como nación, nunca podremos olvidarlo”, afirma bombero de L.A.

Capitán de bomberos de Los Ángeles narra a La Opinión su experiencia de trabajar en labores de rescate durante dos semanas tras ataques terroristas del 9/11

Tom Kitahata, capitán del LAFD, participó en las labores de rescate tras los atentados en Nueva York.

Tom Kitahata, capitán del LAFD, participó en las labores de rescate tras los atentados en Nueva York.  Crédito: Jorge Luis Macías | Impremedia

Junto al monumento en Elysian Park que recuerda a los 343 bomberos que perdieron la vida durante los ataques terroristas islámicos del 11 de septiembre de 2001, el capitán de bomberos de Los Ángeles, Tim Kitahata, recuerda con melancolía las dos semanas que estuvo involucrado en las labores de rescate en la “Zona Cero” donde las Torres Gemelas del World Trade Center fueron reducidas a cenizas y escombros.  

“Sí. Estuve en la Zona Cero. Llegamos al día siguiente. Aquel día fue un acontecimiento catastrófico”, dijo Kitahata, de 62 años y 38 de ellos en el Departamento de Bomberos de Los Ángeles, a La Opinión.  

En un avión militar, horas después del mayor ataque en la historia de Estados Unidos, Kitahata y aproximadamente 70 miembros de la Asociación de Socorro de Bomberos de Los Ángeles (Los Angeles Firemen’s Relief Association) fueron desplegados en Manhattan, Nueva York. A la mañana siguiente ya estaban en la zona del desastre.  

“Nos fuimos ese mismo día. Llegamos el día 12, temprano por la mañana; nos movilizaron. Recibí una llamada; yo formaba parte del equipo de rescate. Y mientras volábamos, éramos el único avión en el cielo. El primer avión”.  

Añadió que estaban tan inmersos en el momento de los rescates que no tuvieron tiempo para pensar en la magnitud de la tragedia.  

“Buscábamos supervivientes. Por desgracia, no encontramos ninguno; solo hallamos cuerpos”, recordó Kitahata.  

En ese sentido, él y sus colegas ofrecieron cierto cierre a las familias de los bomberos, de los policías, de los agentes de la policía portuaria que estaban de servicio y de los civiles fallecidos.  

“Si lográbamos recuperar cuerpos, o incluso restos o fotografías, ellos lo agradecían”, narró, con tristeza en sus palabras.  

El capitán del LAFD ha intentado dejar atrás el incidente desde que regresó a sus tareas habituales.  

“Ha sido doloroso porque he estado en muchos desastres: terremotos, inundaciones, huracanes. Pero esto fue obra de otros seres humanos; ahí radica el dolor. No fue un desastre natural, sino uno provocado por terroristas. Así que es imposible olvidar todo lo que se vio. Nunca se olvida; yo nunca lo olvidaré”.  

“Sabe, he pasado por muchísimos sucesos distintos, pero eso jamás lo olvidaré. Como nación, nunca podremos olvidarlo; había gente de todas partes, de todos los rincones del mundo”.  

De hecho, Kitahata mencionó que, justo al lado donde cuadrillas de bomberos de Los Ángeles realizaban heroicas labores, se toparon con un equipo de búsqueda y rescate de México.  

Se trataba de “Los Topos Mexicanos”, el grupo de rescatistas expertos en estructuras colapsadas que viajó voluntariamente a la ciudad de Nueva York y que dirige Héctor Rafael Méndez, “El Topo Mayor”, ahora de 80 años. Los rescatistas mexicanos ofrecieron también su experiencia de décadas en catástrofes para colaborar directamente en la remoción de escombros y la búsqueda de víctimas en la “Zona Cero”, donde se erigían las Torres Gemelas.  

“Ellos acamparon junto a nosotros, y entablé amistad con ellos. En fin, había gente de todo el mundo allí para ayudar con un único objetivo: brindar algo de paz a las familias de las víctimas”, informó el capitán Kitahata.  

Tras el 11 de septiembre de 2001 y la muerte de casi 3,000 personas entre civiles, bomberos, policías y los pasajeros de las aeronaves, Estados Unidos cerró su espacio aéreo por completo por varios días y el impacto global de los ataques terroristas inició la llamada “guerra contra el terrorismo” a nivel internacional, transformando la seguridad aeroportuaria y la geopolítica mundial de las siguientes décadas.  

En total fueron 19 secuestradores de los aviones que se estrellaron en las Torres Gemelas, en Pensilvania y cerca del Pentágono: 15 ciudadanos de Arabia Saudita; 2 de los Emiratos Árabes Unidos, 1 de Egipto y 1 del Líbano.  

Los secuestradores del vuelo 11 de American Airlines que impactó la Torre Norte del World Trade Center fueron: Mohamed Atta (Piloto), Abdulaziz al-Omari, Satam al-Suqami, Wail al-Shehri, y Waleed al-Shehri.  

Los terroristas del vuelo 175 de United Airlines que se estrelló en la Torre Sur del WTC fueron: el piloto Marwan al-Shehhi, Fayez Ahmed, Ahmed al-Ghamdi, Hamza al-Ghamdi, y Mohand al-Shehri.  

En el vuelo 77 de American Airlines que impactó el Pentágono) viajaban los terroristas: Hani Hanjour (piloto); Nawaf al-Hazmi, Salem al-Hazmi, Khalid al-Mihdhar, Majed Moqed.  

En Shanksville, Pensilvania, en el vuelo 93 de United Airlines estaban los terroristas: Ziad Jarrah, como piloto, Saeed al-Ghamdi, Ahmed al-Haznawi, y Ahmed al-Nami.  

Rescatistas realizan labores de búsqueda el 12 de septiembre en la zona de desastre. Foto de Archivo.
Crédito: AP

“Nos fortalecieron”  

¿Por qué cree que ocurrió esta tragedia en la historia de Estados Unidos?  

“No sé por qué esos grupos tienen la idea de que Estados Unidos es malvado, cuando en realidad es el mejor lugar para vivir. Usted lo sabe. Yo lo sé, No sé qué es exactamente, pero el hecho es que eso nos hizo aún más fuertes. Si su objetivo era debilitarnos, lograron lo contrario: nos fortalecieron todavía más”.

¿Y cómo cambió su vida este incidente?  

“Me hizo ver que, sin importar a dónde vayas, la gente es sumamente agradecida. Todos están unidos. Todos se sienten muy orgullosos de ser estadounidenses. Todos salieron a ayudar. Había gente de todo el mundo allí, y los neoyorquinos se mostraron muy agradecidos. Pase lo que pase en Estados Unidos, la gente demuestra resiliencia: tenemos huracanes, inundaciones, incendios… La gente siempre responde. Siempre se aprecian y se cuidan unos a otros. Eso es clave: se cuidan mutuamente”.  

Durante las dos semanas que usted estuvo en la “Zona Cero”, ¿conoció a alguna familia que hubiera perdido a un ser querido?  

“No, pero muchas personas se acercaban a nosotros con fotografías. Eso era triste. Decían: “Oiga, ¿puede encontrar a esta persona…? ¿Puede encontrar a mi papá? Sí. Hablábamos mediante gestos…Traían fotos, nos mostraban el teléfono y preguntaban: “Oiga, ¿puede ayudarnos a encontrar a esta persona?”, respondió el capitán Kitahata.  

Recordó que, a lo largo de las vallas que rodeaban la Zona Cero, había fotos de los seres queridos de las personas y que, cuando encontraban pequeños objetos, fotos o notas de las oficinas —porque había cosas por todas partes—, era separarlos.  

“Todo lo que fuera un recuerdo personal o tuviera algo escrito lo apartábamos y tratábamos de conservarlo, porque tal vez fuera lo único que les quedaba: un cuaderno o una fotografía. Así que separábamos eso y, por supuesto, también separábamos los restos humanos y cosas por el estilo”.  

¿Recuerda cuántas víctimas encontraron los bomberos de Los Ángeles?  

“No. Encontramos víctimas; principalmente restos. Así que, al clasificarlos… teníamos cubetas y metíamos los restos en ellas. ¿Te imaginas? Ya sabes, dedos, manos en cubetas. Los clasificaban y luego hacían las pruebas de ADN”.  

¿Qué fue lo que más le impactó de esa experiencia?  

“La… la destrucción de esa zona. Ya sabes, lo vimos en las noticias, nos informaron antes de entrar, con el humo y todo eso. Pero al llegar a la “zona cero”… simplemente la magnitud de la destrucción en esa área era inmensa. Yo había estado en Nueva York antes, había estado por esa zona. Nunca había entrado a las torres, pero sí había estado en los alrededores; ver tal destrucción…”  

El capitán Kitahata no pudo continuar la frase. Sus ojos parecieron humedecerse.  

El hombre de ascendencia japonesa, nacido en Los Ángeles, finalmente, envió un mensaje a sus compañeros bomberos del país, en el aniversario 25 de los ataques terroristas,  

“Mi mensaje es: gracias. Su trabajo… el trabajo de los bomberos no pasa desapercibido. Tienen una labor muy noble; sabemos por qué hacen lo que hacen y se valora mucho”.  

Apuesto a que usted lloró mucho. ¿Le contó su experiencia a su familia?”.  

“Sí, sí. Fue algo triste para la familia. Mis hijos eran pequeños en ese entonces. Ni siquiera lo recuerdan. Eran niños, en 2001. Eran muy pequeñitos, así que pensaban que simplemente me iba a trabajar…Por eso, nunca hay que olvidar”. 

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Aniversario 9/11
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