El alcohol puede dañar antes que aparezcan los síntomas: la idea de beber con moderación está siendo cuestionada
Las alteraciones de biomarcadores causadas por el alcohol también se han relacionado con diabetes, enfermedades cardiovasculares, demencia y cáncer
Joven consume licor en soledad. Crédito: Halfpoint | Shutterstock
Un estudio publicado en Alcohol: Clinical and Experimental Research sobre el consumo de licor mostró alteraciones en biomarcadores relacionados con los sistemas circulatorio, inmunitario y metabólico. Los cambios se observaron tanto en función del consumo habitual como después de una ingesta puntual.
La investigación analizó a 32 adultos jóvenes y sanos, con una edad promedio de 25 años. Los investigadores tomaron muestras de sangre antes y después de que los participantes consumieran dosis bajas o moderadas de alcohol, o una bebida placebo.
El objetivo era observar cómo afecta el alcohol a estos biomarcadores y si la respuesta difiere en función del historial de consumo de alcohol de cada persona, declaró a Newsweek la investigadora principal del estudio, Mollie Monnig, profesora asociada de ciencias del comportamiento y sociales en el Centro de Estudios sobre Alcohol y Adicciones de la Universidad de Brown.
“Durante varias décadas, la creencia predominante, e incluso la opinión médica, fue que ‘el alcohol con moderación es bueno para la salud’. Sin embargo, estudios epidemiológicos recientes han desmentido esta idea al proporcionar evidencia rigurosa de que ninguna cantidad de alcohol promueve una mejor salud”, explicó Monnig.
Tanto así que el alcohol es la tercera causa principal de cánceres prevenibles en los EE.UU. y un factor que contribuye a la demencia, pero que a menudo se subestima, aseveró la investigadora.
5 proteínas vinculadas con enfermedades crónicas
Los participantes con antecedentes de consumo excesivo presentaron niveles elevados de adiponectina, angiogenina, ICAM-1, LCN2 y sRAGE. Estas proteínas intervienen en la regulación de la insulina, la inflamación y el funcionamiento de los vasos sanguíneos.
Las alteraciones de estos biomarcadores también se han relacionado con diabetes, enfermedades cardiovasculares, demencia y cáncer. Sin embargo, el estudio no demostró que los participantes padecieran esas enfermedades.

El alcohol produjo respuestas inmediatas según la dosis
La proteína sRAGE mostró cambios dependientes de la cantidad de alcohol ingerida. Sus niveles aumentaron después de una dosis moderada y disminuyeron tras una dosis baja.
La sRAGE participa en procesos inflamatorios. Sus alteraciones también se observan en personas con diabetes y endurecimiento de las arterias, lo que ofrece una posible explicación biológica para algunos vínculos previamente identificados entre el alcohol y las enfermedades crónicas.
Una advertencia temprana
La investigadora Mollie Monnig señaló que varios biomarcadores ya estaban elevados en los bebedores empedernidos antes de la aparición de enfermedades conocidas o del envejecimiento. El hallazgo sugiere que el consumo excesivo puede afectar procesos biológicos antes de que aparezcan síntomas visibles.
Mientras que el médico Charles Smith, director de Agape, un centro de tratamiento en Florida, quien no participó en el estudio, advirtió que los resultados deben interpretarse con cautela. Los investigadores midieron proteínas asociadas con rutas biológicas relacionadas con enfermedades, pero no ataques cardíacos, diabetes, cáncer o demencia, reseñó Newsweek.
Un estudio que requiere confirmación
La investigación no incluyó un grupo de personas que no consumen alcohol. Los autores explicaron que no era ético administrar alcohol a quienes no beben, por lo que el estudio no puede determinar si el consumo ocasional o social provoca cambios similares.
El reducido número de participantes también limita las conclusiones. Los investigadores plantean realizar estudios más amplios y diversos, con más biomarcadores, técnicas de neuroimagen y seguimiento durante periodos prolongados.
El trabajo aporta evidencia sobre posibles efectos biológicos del alcohol en adultos jóvenes, pero no establece por sí solo que esos cambios conduzcan necesariamente a enfermedades crónicas. Su principal aporte es identificar señales que podrían ayudar a comprender ese riesgo antes de que se manifieste clínicamente.
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