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Prolongar tu vida es posible: unos pequeños cambios en el estilo de vida son suficientes

Solo cinco minutos adicionales de sueño y pequeños incrementos en actividad física y calidad de la dieta pueden resultar en un año adicional de vida

Prolongar tu vida es posible: unos pequeños cambios en el estilo de vida son suficientes

Atender la calidad del sueño es uno de los puntos fundamentales. Crédito: Geber86 | Shutterstock

Investigaciones recientes indican que pequeños ajustes en el sueño, la dieta y el ejercicio pueden contribuir significativamente a mejorar la salud. Un estudio publicado en eClinicalMedicine muestra que individuos con hábitos de salud deficientes podrían aumentar su expectativa de vida al mejorar sus horas de sueño y calidad de dieta.

Científicos de la Universidad de Sydney en Australia analizaron datos de más de 59,000 adultos, revelando que solo cinco minutos adicionales de sueño y pequeños incrementos en actividad física y calidad de la dieta pueden resultar en un año adicional de vida.

Especificaciones de la puntuación de calidad de la dieta muestran un enfoque sistemático en la incorporación de más frutas y verduras.

Ejercicio: clave de la longevidad

La actividad física, aun en pequeñas dosis, se asocia con una mejora notable en la salud. Los participantes que se dedicaron a unos minutos más de ejercicio diario mostraron beneficios significativos.

El estudio comparó los resultados entre aquellos con los mejores y peores hábitos de salud, destacando cómo cambios modestos en el ejercicio y sueño pueden influir en la duración de la vida y salud. Aumentar el ejercicio de 7.3 minutos a más del doble podría resultar en una mejora de la salud y la longevidad.

Implementación de hábitos sanos

Los investigadores también enfatizan las barreras que existen al intentar realizar cambios de estilo de vida significativos.

Expertos como Dr. Maha Alattar y Dr. David D’Alessio subrayan la importancia de pequeños cambios, aunque aclaran que la precisión en el seguimiento de hábitos alimenticios sigue siendo un desafío. Esto refleja la dificultad de mantener y modificar hábitos de salud profundamente arraigados en la vida diaria.

Ejemplos de pequeños cambios

Cambios pequeños y sostenibles en la dieta, como reducir carnes procesadas y aumentar cereales integrales, pueden sumar hasta 10 años de vida según estudios recientes. Otros ajustes simples incluyen priorizar frutas, verduras y legumbres sobre azúcares añadidos. Estos hábitos reducen riesgos de enfermedades crónicas y mejoran la longevidad general.

Sustituciones clave. Reemplazar bebidas azucaradas por agua o infusiones naturales elimina calorías vacías y protege contra diabetes. Cambiar carne roja por pescado o legumbres dos veces por semana baja el colesterol y fortalece el corazón. Incorporar un puñado de nueces diarias aporta antioxidantes que combaten la inflamación.

Hábitos diarios. Elegir cereales integrales en lugar de refinados, como avena en el desayuno, estabiliza el azúcar en sangre. Añadir verduras de hoja verde a cada comida aumenta fibra y nutrientes esenciales. Comer despacio y en porciones moderadas mejora la digestión y previene el sobrepeso.

Impacto por edad. Iniciar estos cambios a los 40 años maximiza ganancias de hasta 10 años de vida. Incluso a los 70, se logran beneficios de unos 5 años. La consistencia es clave para resultados duraderos.

Calidad del sueño

La calidad del sueño se mide mediante métodos clínicos precisos como la polisomnografía y herramientas accesibles como wearables o cuestionarios. Su impacto en la salud abarca desde la función cognitiva hasta el riesgo de enfermedades crónicas.

Métodos clínicos. La polisomnografía, realizada en laboratorios del sueño, registra ondas cerebrales (EEG), movimientos oculares (EOG), tensión muscular (EMG), frecuencia cardíaca, respiración y oxigenación. Este estudio genera un hipnograma que detalla fases del sueño (REM y no REM), latencia para dormir, despertares y eficiencia del sueño, comparándolos con normas para adultos sanos. Es el estándar oro para diagnosticar trastornos como apnea del sueño.

Herramientas de consumo. Wearables como pulseras o relojes inteligentes usan acelerómetros para detectar movimientos, frecuencia cardíaca, variabilidad (HRV), temperatura y ronquidos, estimando fases de sueño aunque con menor precisión que métodos clínicos. Apps móviles colocadas bajo la almohada miden sonidos y vibraciones, mientras que el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI) evalúa subjetivamente duración, latencia y perturbarciones vía cuestionario. Entre apps móviles para medir tu calidad de sueño se encuentra Sleep Cycle, SleepWatch, Calm, Headspace, BetterSleep, y ShutEye.

Impacto en la salud. Un sueño de calidad reduce riesgos cardiovasculares, mejora la inmunidad, regula hormonas y potencia memoria y estado de ánimo. Alteraciones como sueño fragmentado elevan estrés oxidativo, obesidad e inflamación; por ejemplo, baja saturación de oxígeno indica hipoxia que afecta corazón y cerebro. Monitorear regularmente ayuda a intervenir tempranamente para prevenir diabetes tipo 2 o depresión.

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