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¿Cuál es la mejor dieta?: muchos estadounidenses no comen alimentos reales

La eficacia de una dieta para individuos específicos se mide mediante una combinación de métricas objetivas y subjetivas, adaptadas a metas personales

¿Cuál es la mejor dieta?: muchos estadounidenses no comen alimentos reales

Variedad de alimentos según los requerimientos calóricos y nutricionales. Crédito: Elena Veselova | Shutterstock

Casi la mitad de los estadounidenses intentan perder peso cada año, siendo el 17% (aproximadamente 43 millones de adultos) quienes siguen dietas como la cetogénica, vegana o mediterránea.

El Dr. Mark Hyman, M.D., investigador y autor de obras como Come grasa y adelgaza, enfatiza que no existe un plan de dieta universalmente efectivo: “La mejor dieta es la que funciona para tu biología”. Su enfoque resalta la importancia de consumir alimentos reales en lugar de “sustancias alimenticias”.

Hyman diferencia entre alimentos mínimamente procesados y productos ultraprocesados, destacando que estos últimos son diseñados para conveniencia y duración en estantería.

La comida como medicina

El galeno Hyman resalta que “la comida es medicina”, señalando el impacto de los compuestos bioactivos en la salud. Todo alimento consumido puede influir positivamente o negativamente en el organismo.

Advierte además sobre los riesgos de dietas altas en almidones refinados y azúcares, que pueden afectar la salud metabólica y contribuir a problemas como diabetes y enfermedades cardíacas.

Mirada crítica a las dietas populares

Dieta cetogénica, paleo y vegana ofrecen beneficios potenciales, siempre que se adapten al individuo. Hyman menciona en un episodio de su podcast The Dr. Hyman Show, referido por Fox News, que la dieta cetogénica puede ser útil para estabilizar el azúcar en sangre, pero enfatiza la necesidad de evitar errores comunes.

Por otra parte, la eficacia de las dietas de estilo mediterráneo, a menudo consideradas responsables de la longevidad y la salud del corazón, también depende de cómo se interpreten, señaló el médico.

Incluso distingue las versiones tradicionales ricas en verduras, aceite de oliva, pescado y legumbres de las imitaciones modernas, ricas en pan refinado y pasta. “Es una buena base, pero en realidad se trata de dietas personalizadas”, dice.

La clave para una dieta efectiva radica en la personalización y la atención a los signos del cuerpo. Hyman aconseja a los interesados en adoptar un nuevo plan dietético que consulten primero a un profesional de la salud.

Errores más comunes de una dieta cetogénica

Los errores más comunes al seguir una dieta cetogénica incluyen consumir carbohidratos ocultos, excederse en proteínas y descuidar las verduras bajas en carbohidratos.

Errores en macronutrientes. Consumir demasiada proteína activa la gluconeogénesis, convirtiéndola en glucosa y sacando al cuerpo de cetosis. Elegir grasas de baja calidad, como las procesadas o trans, en lugar de fuentes saludables como aguacate o aceite de oliva, genera inflamación y reduce beneficios. No priorizar suficientes grasas saludables deja al cuerpo sin energía principal, causando fatiga.

Falta de planificación. Incluir solo carnes limita la variedad nutricional y puede causar estreñimiento o déficits vitamínicos, como de vitamina C. Comer pocas verduras densas en nutrientes agrava el déficit calórico típico de la dieta keto. Omitir planificación de comidas lleva a improvisaciones que rompen la cetosis.

Otros errores habituales. No beber suficiente agua ni reponer electrolitos provoca deshidratación durante la cetosis. Depender de alimentos procesados “keto-friendly” introduce aditivos artificiales poco saludables. Ignorar el ajuste inicial, con fluctuaciones de energía, impide la adaptación adecuada.

Personalizar una dieta vegana

Personalizar una dieta vegana implica evaluar las necesidades individuales como edad, peso, actividad física y objetivos de salud, luego ajustar los macronutrientes y micronutrientes clave de fuentes vegetales. Este proceso asegura un equilibrio nutricional sin carencias comunes en proteínas, hierro, B12 o calcio. Consultar a un nutricionista especializado maximiza la efectividad y seguridad.

Pasos iniciales. Evalúa tu perfil: calcula requerimientos calóricos diarios según edad, género, peso, altura y nivel de actividad usando fórmulas como Harris-Benedict. Identifica objetivos como pérdida de peso, ganancia muscular o manejo de condiciones como diabetes o embarazo. Realiza análisis de sangre para detectar deficiencias en B12, hierro, omega-3 o vitamina D.

Nutrientes críticos. Prioriza proteínas de legumbres, tofu, tempeh y quinoa; hierro de lentejas con vitamina C para mejor absorción; calcio de vegetales de hoja verde, bebidas fortificadas y semillas. Suplementa B12, posiblemente omega-3 (de algas) y D si es necesario, especialmente en etapas como lactancia o deporte intenso. Adapta porciones: atletas necesitan más proteínas vegetales (1.2-2g/kg de peso).

Planificación práctica. Elabora menús semanales variados: desayunos con avena y frutos secos, almuerzos con bowls de granos y legumbres, cenas con stir-frys de tofu. Usa apps o listas de compra para incluir 5 porciones de frutas/verduras diarias y omega-3 de nueces. Experimenta recetas adaptadas a gustos y restricciones como alergias o bajo FODMAP.

Monitoreo y ajustes. Registra ingesta con apps como Cronometer para verificar macros (45-65% carbs, 20-30% grasas, 10-35% proteínas) y ajusta semanalmente. Reevalúa cada 4-6 semanas con peso, energía y chequeos médicos; modifica para vida activa o cambios hormonales. Busca comunidades veganas para soporte y recetas personalizadas.

Enfoques de la dieta mediterránea

La dieta mediterránea tradicional presenta variaciones clave según enfoques adaptados a objetivos específicos de salud, como cardiovascular, antiinflamatorio o presión arterial. Estas diferencias radican en énfasis nutricionales, restricciones y componentes culturales.

Vs. Dieta Antiinflamatoria. La mediterránea clásica prioriza grasas saludables del aceite de oliva y permite vino tinto moderado, enfocándose en salud cardiovascular general. En cambio, la antiinflamatoria enfatiza omega-3 de pescados grasos, reduce estrictamente carnes rojas, procesados y alcohol para combatir inflamación crónica.1

Vs. Dieta Atlántica. La mediterránea destaca cereales, legumbres y aceite de oliva como base energética con antioxidantes vegetales. La atlántica prioriza pescado, mariscos, frutas y patatas sobre cereales, con menor énfasis en legumbres y más sencillez en preparaciones.

Vs. Dieta DASH. Diseñada para bajar presión arterial, DASH limita sal estrictamente, prioriza potasio/magnesio/calcio y prohíbe alcohol/dulces. La mediterránea permite moderación en estos, centrándose en fibra de plantas y grasas saludables sin restricción explícita de sodio.

Efectividad de una dieta

La eficacia de una dieta para individuos específicos se mide mediante una combinación de métricas objetivas y subjetivas, adaptadas a metas personales como pérdida de peso, mejora de energía o control de condiciones médicas. Métodos como diarios alimentarios, análisis de composición corporal y seguimiento de biomarcadores permiten evaluaciones precisas y personalizadas.

Métricas físicas. Monitorea cambios en peso corporal, porcentaje de grasa, masa muscular y circunferencias (como cintura-cadera) usando bioimpedancia o calibradores, ya que superan la simple báscula al reflejar composición real. Compara mediciones iniciales y mensuales para ajustar la dieta según progreso individual.

Evaluación dietética. Registra ingesta con diarios alimentarios, recordatorios de 24 horas o cuestionarios de frecuencia para verificar adherencia al plan y balance de nutrientes. Analiza si las calorías y macronutrientes se alinean con necesidades personales, detectando déficits o excesos.

Indicadores subjetivos y clínicos. Evalúa mejoras en energía, digestión, sueño y estado de ánimo mediante cuestionarios semanales, junto con análisis de sangre para biomarcadores como glucosa o colesterol. El seguimiento mensual con un nutricionista permite ajustes basados en adherencia y resultados reales.

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