Quiénes son Los Blancos de Troya, el grupo criminal que lideraba “El Bótox”
Los Blancos de Troya surgieron como un grupo de autodefensas en Michoacán, hasta evolucionar hacia un grupo criminal dedicado a extorsiones y tráfico de drogas
El grupo criminal tiene su bastión principal en el municipio de Apatzingán, Michoacán. Crédito: X/@JaliscoRojo | Cortesía
Durante años, Los Blancos de Troya operaron fuera del foco nacional, sin la visibilidad de los grandes cárteles que operan en México. En la región michoacana de Tierra Caliente, productores agrícolas, comerciantes y autoridades locales los identificaron como uno de los principales motores de la violencia y la extorsión, en particular en Apatzingán y municipios vecinos.
Ese perfil cambió de forma abrupta tras la detención de César Alejandro Sepúlveda Arellano, alias El Bótox, considerado el líder más visible del grupo. El arresto, realizado en un operativo federal conjunto, volvió a colocar a Los Blancos de Troya en el centro del mapa criminal de Michoacán y abrió interrogantes sobre el futuro inmediato de una región marcada por disputas constantes.
El origen del grupo se remonta a alrededor de 2015, cuando surgió en Apatzingán bajo la fachada de una autodefensa comunitaria.
Con el paso del tiempo, ese discurso de protección comunitaria se diluyó. Especialistas citados por el sitio Eje Central señalan que Los Blancos de Troya siguieron un patrón recurrente en Michoacán: evolucionaron hacia una estructura criminal dedicada al narcomenudeo, la extorsión, el robo de vehículos y, más tarde, a la producción local de drogas sintéticas.
La trayectoria del grupo también estuvo marcada por alianzas inestables. En sus primeros años formaron parte de Cárteles Unidos, una coalición de organizaciones regionales que buscaba contener la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Esa alianza se fracturó y, con el tiempo, Los Blancos de Troya, al igual que otros grupos como Los Viagras, comenzaron a colaborar con el CJNG bajo un esquema de asociación funcional, sin integrarse plenamente a su estructura, según reportes retomados por Animal Político.
Ese vínculo explica por qué, en informes de inteligencia, sus líderes aparecen asociados al CJNG, aunque conservaban autonomía local, sobre todo en el cobro de extorsiones. Apatzingán se convirtió en su principal bastión: una zona estratégica por su producción agrícola, la presencia de laboratorios de metanfetamina y la cercanía con el puerto de Lázaro Cárdenas, clave para el ingreso de precursores químicos.
En esa región, la extorsión a productores —especialmente limoneros— fue el eje de su modelo de negocio. El cobro de piso a comerciantes y transportistas, junto con el narcomenudeo y la fabricación de metanfetamina a escala local, sostuvo durante años la operación del grupo. Investigadores coinciden en que no se trataba de grandes exportadores de droga, sino de una célula con fuerte arraigo territorial y control de economías locales.
Dentro de esa estructura, El Bótox consolidó su liderazgo como operador clave en Apatzingán y como enlace en la alianza entre Los Blancos de Troya, Los Viagras y el CJNG. Las autoridades lo señalan como presunto autor intelectual del asesinato de Bernardo Bravo, líder de los productores de limón en Apatzingán, ocurrido en octubre del año pasado, un crimen vinculado a la negativa del sector a seguir pagando extorsiones, según información difundida por Milenio.
La captura de Sepúlveda Arellano generó reacciones inmediatas en la región, con bloqueos carreteros y despliegues armados en localidades como Cenobio Moreno y Buenavista. En esa zona, fuerzas federales aseguraron decenas de artefactos explosivos improvisados, lo que evidenció la capacidad logística y violenta que aún conservan las células del grupo.
Especialistas coinciden en que la detención abre varios escenarios: desde un intento del CJNG por absorber directamente el control territorial, hasta una disputa interna por la sucesión del liderazgo o la incursión de grupos rivales que buscan apropiarse de las rentas de la extorsión.
La caída de El Bótox representa un golpe relevante a una organización que ejemplifica la transformación de las autodefensas en estructuras criminales locales. Sin embargo, analistas advierten que el verdadero reto para las autoridades será evitar que el vacío de poder derive en una nueva ola de violencia y garantizar protección efectiva a productores y habitantes de la Tierra Caliente, en un escenario donde la reconfiguración criminal sigue en marcha.
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