La picadura más dolorosa del mundo: seguro preferirás que te golpee Mike Tyson o que te apliquen un martillo neumático en los riñones
No solo los insectos tienen el privilegio de "picar duro". Las medusas poseen diminutas células en forma de arpón que inyectan cargas de veneno castigadoras
Asas gigantes atacan colmena | Referencial. Crédito: QueSeraSera | Shutterstock
Los avances en la clasificación del dolor por picadura, iniciados por el entomólogo Justin Schmidt, proporcionan una base para entender las picaduras de diversas especies. Schmidt, el padre del campo moderno de “dejarse picar a propósito”, referido en un trabajo de la BBC, diseñó un índice que clasifica el dolor en cuatro niveles, desde lo trivial hasta experiencias prácticamente insoportables.
Sostiene que entre los insectos con picadas más dolorosas se encuentran la hormiga bala y la avispa guerrera. Ambas se han clasificado dentro del más alto nivel del índice de Schmidt, en el que se representan dolores extremos comparables a las quemaduras y la tortura.
Los animales que pican y los que muerden
Para esta clasificación, se destaca la distinción entre los animales que pican y los que muerden.
Los animales que pican ―desde los insectos que zumban en el jardín de la casa hasta curiosas criaturas marinas― utilizan un cóctel de defensas químicas que incluye neurotoxinas y agentes inflamatorios para defenderse o someter a sus presas, reseña la BBC.
Mientras que los animales que muerden (como arañas y serpientes) usan sus bocas con colmillos para administrar veneno. En el caso de los que pican, es del otro extremo de su cuerpo del que deberías mantenerte alejado.
Los cuatro niveles de picaduras
Primer nivel. Este alberga lo trivial. La picadura de una abeja anthophorini, por ejemplo, es “casi agradable, como si un amante te hubiera mordido el lóbulo de la oreja un poco demasiado fuerte”, expresa el entomólogo de Arizona.
Segundo nivel. Reúne a algunos pesos pesados, como la avispa melífera: “Picante, abrasadora. Un hisopo empapado en salsa de habanero ha sido empujado por tu nariz”. Y la feroz avispa negra Polybia: “Un ritual que salió mal, satánico. La lámpara de gas de la vieja iglesia explota en tu cara cuando la enciendes”.
Tercer nivel. Schmidt señala que este nivel está conformado por siete especies que llevan a una “auténtica tortura”: hormiga de terciopelo de Klug. “Explosiva y duradera, suenas como un loco cuando gritas. Aceite caliente de freidora derramándose sobre toda tu mano”.
Cuarto nivel. Este último escalafón distingue, a la vez, varios subniveles. Schmidt señala a la hormiga bala, un artrópodo de unos 2.5 cm. de las selvas tropicales de Centro y Sudamérica, a menudo llamada la “hormiga de las 24 horas” por el tiempo que dura el tormento de su picadura. “Dolor puro, intenso, brillante. Como caminar sobre brasas con un clavo de tres pulgadas incrustado en el talón”. Le sigue en otro subnivel superior la avispa caza tarántulas, una cazadora de arañas de unos 77 milímetros y con distribución casi mundial. “Cegador, feroz, sorprendentemente eléctrico. Un secador de pelo encendido ha caído en tu baño de burbujas”, cuyo efecto dura solo unos minutos. Finalmente, está el escaño donde se ubica la avispa guerrera (Synoeca septentrionalis), que vive en colonias y es nativa de Centro y Sudamérica. “Tortura. Estás encadenado en el flujo de un volcán activo”.

Otras especies peligrosas
Tras la muerte de Schmidt, en 2023, queda como autoridad en estas lides Coyote Peterson, una personalidad de YouTube que se ha sometido a las picaduras de especies sin antes clasificar,
Tras viajar por el mundo para experimentar las picaduras de 30 especies, Peterson propone dos más para el estatus de nivel 4: el avispón gigante japonés, popularizado en 2020 como el “avispón asesino”, y la avispa verdugo (executioner wasp), reseña el medio británico.
“El avispón gigante japonés fue, sin duda, el peor en el impacto, como recibir un golpe en la cara de Mike Tyson”, dice Peterson. “Me quedé en blanco. Fue instantáneo y explosivo”. Nativo de Asia, este avispón tuvo una breve pero llamativa presencia en el noroeste del Pacífico de Estados Unidos entre 2019 y 2024.
Sin embargo, la avispa verdugo (Polistes carnifex) es para Peterson la ganadora absoluta. “El dolor duró quizá unas 12 horas”, dice, pero fueron los efectos posteriores del veneno los que se quedaron con Peterson.
“Había algunas propiedades necróticas que dejaron un agujero como una marca de viruela, como un hoyo en mi antebrazo. Esa es la única picadura que literalmente devoró tejido, y todavía tengo una cicatriz… como una quemadura de cigarrillo”, aseveró.
Aunque los científicos aún no han determinado la composición del veneno de la avispa verdugo, se sabe que algunos de sus parientes utilizan enzimas que dañan los tejidos al activar la respuesta inmunitaria.
Medusas: más allá de lo inesperado
Pero no solo los insectos tienen el privilegio de “picar duro”. Las medusas poseen diminutas células en forma de arpón llamadas nematocistos, que inyectan cargas de veneno realmente castigadoras.
Las medusas, en particular la Irukandji, presentan un veneno que causa un dolor prolongado y devastador. Este fenómeno ha desafiado a los médicos durante años hasta su identificación gracias al arduo trabajo del médico australiano Jack Barnes.
El síndrome de Irukandji presenta un dolor que evoluciona en etapas, comenzando como una molestia leve y escalando a agonía extrema. A menudo, los afectados experimentan síntomas que alteran su estado emocional y amenazan la vida.

Un contraste entre tierra y mar
Coyote Peterson y otros aventureros han explorado las picaduras más dolorosas, tanto de insectos como de criaturas marinas. Aunque las avispas y hormigas poseen un impacto casi inmediato, el sufrimiento causado por las medusas puede ser psicológico además de físico.
La discusión sobre cuál es la picadura más dolorosa continúa. Expertos destacan la naturaleza irrepetible de las experiencias de dolor, sugiriendo que tal vez nunca se logre un consenso definitivo en la materia.
La experiencia del dolor
La exploración de picaduras que rayan en lo insoportable revela no solo una fascinante variedad de respuestas biológicas, sino también un lado humano de la resistencia al sufrimiento.
Muchos se preguntan si realmente vale la pena experimentar estas pruebas de dolor, dejando en el aire la inquietante cuestión de cuál es el verdadero campeón de la agonía.
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