Google pone cifra al sueño de Elon Musk de llevar centros de datos al espacio
La compañía calcula que SpaceX necesitaría realizar 1,800 lanzamientos de Starship en una década para convertir esta ambición en una infraestructura real.
Google afirma que es necesaria una reducción de costos operativos para que sean viables los centros de datos en órbita Crédito: Shutterstock
Google calcula que SpaceX necesitaría completar 1,800 lanzamientos de Starship durante la próxima década para que los centros de datos espaciales pasen de ser una promesa futurista a una infraestructura viable. La equivalencia es brutal por su escala, unos 180 despegues anuales, siempre que cada misión logre poner unas 200 toneladas métricas en órbita.
Google calcula 1,800 lanzamientos de Starship para los centros de datos espaciales
Los centros de datos en el espacio ya no son solo una ocurrencia ambiciosa de Elon Musk ni una imagen propia de la ciencia ficción. Google ha puesto números a uno de los requisitos más complejos de esta idea, llevar suficiente capacidad de cómputo a la órbita terrestre para crear instalaciones capaces de procesar cargas de inteligencia artificial a gran escala.
La compañía estima que SpaceX tendría que lanzar cerca de 370,000 toneladas de carga útil al espacio para seguir una curva de reducción de costes que hiciera competitiva la computación orbital. Traducido al ritmo de Starship, el gran cohete reutilizable de SpaceX necesitaría realizar unos 1,800 vuelos en diez años, con una cadencia cercana a 180 lanzamientos por año.
La cifra deja claro que el desafío no pasa únicamente por construir satélites más potentes o diseñar chips capaces de sobrevivir a la radiación. El verdadero cuello de botella está en el transporte. Poner hardware en órbita sigue siendo extremadamente caro y limitado, incluso para una industria espacial que ha avanzado a toda velocidad gracias a los cohetes reutilizables de SpaceX.
Google cree que el coste de lanzamiento podría acercarse a los $200 dólares por kilogramo hacia 2035. Para llegar a esa referencia, Starship tendría que operar con una frecuencia y un volumen de carga que todavía parecen lejanos. El vehículo no ha alcanzado ni de cerca una rutina operativa de ese calibre, aunque SpaceX ha defendido públicamente una visión de vuelos muy frecuentes para su cohete más grande.
El dato relevante es que Google no está hablando de un proyecto menor. La empresa está estudiando una red orbital con 81 satélites volando en formación cercana, conectados para procesar trabajo en paralelo como si fueran partes de un mismo centro de datos. El objetivo es que la distancia entre los equipos sea suficientemente corta para que el ancho de banda y la latencia no conviertan el sistema en una colección de satélites aislados.
Project Suncatcher busca llevar la inteligencia artificial a órbita
El proyecto de Google se llama Project Suncatcher y funciona como un laboratorio para explorar cómo sería un futuro centro de datos orbital. La compañía acaba de enviar al espacio un prototipo desarrollado junto a Planet Labs, equipado con una Tensor Processing Unit o TPU, el chip especializado de Google para tareas de inteligencia artificial.
La misión pretende demostrar una idea fundamental, que una TPU puede funcionar fuera de la Tierra con energía sostenida, refrigeración suficiente y una tolerancia razonable a las condiciones extremas de la órbita. El satélite utilizará el chip en intervalos de 15 minutos para no forzar los sistemas de suministro eléctrico y gestión térmica de una plataforma que todavía es relativamente convencional.
Esto importa porque los centros de datos no son solo edificios llenos de servidores. Son estructuras que consumen enormes cantidades de electricidad y producen mucho calor. En la Tierra, las tecnológicas están construyendo instalaciones cada vez más grandes cerca de redes eléctricas robustas, fuentes de agua o sistemas de refrigeración industrial. Trasladar parte de esa capacidad al espacio abre una posibilidad llamativa, aprovechar energía solar de forma continua y procesar determinadas cargas sin ocupar suelo ni presionar infraestructuras terrestres.
Google no pretende que este primer satélite sea un centro de datos miniatura listo para atender peticiones de usuarios. Es una prueba para comprobar si los componentes críticos resisten el entorno orbital y si la compañía puede construir sistemas capaces de comunicarse entre sí mediante enlaces láser. Las futuras pruebas buscarán precisamente eso, coordinar dos satélites diseñados de forma más específica para cómputo avanzado.
La ambición está en crear una infraestructura distribuida con capacidad para ejecutar tareas complejas de IA. Google señala que la comunicación rápida entre TPUs es crítica en las cargas de trabajo que emplean múltiples racks de hardware. En el espacio, cada milisegundo y cada enlace cuentan. Una constelación con nodos demasiado separados perdería eficiencia y acabaría limitando los tipos de modelos que puede ejecutar.
El reto de SpaceX para convertir Starship en una flota de 180 vuelos anuales
La estimación de Google sirve también como una medida bastante directa del tamaño de la apuesta de SpaceX. Realizar 180 lanzamientos al año supondría una media de un despegue cada dos días. Para un cohete del tamaño de Starship, capaz de transportar grandes cargas y pensado para una reutilización intensiva, sería un cambio radical respecto a las operaciones espaciales actuales.
Google basa su razonamiento en la trayectoria de reducción de costes que SpaceX ha conseguido desde los tiempos de Falcon 1. Sus investigadores creen que la empresa ha mantenido una curva de aprendizaje cercana al 20% anual y que Starship podría prolongar ese efecto si logra volar una cantidad masiva de carga. La premisa exige que cada misión coloque unas 200 toneladas métricas en órbita, una capacidad enorme incluso dentro de los objetivos anunciados para Starship.
En otras palabras, el plan de los centros de datos espaciales depende de que el cohete sea más que un prototipo espectacular. Necesita convertirse en una plataforma logística repetible, rápida de preparar, barata de reutilizar y suficientemente fiable para lanzar miles de satélites, piezas de reemplazo, sistemas de comunicación y componentes de infraestructura.
Hay además una dificultad menos visible, el mantenimiento. Los satélites tienen una vida útil limitada, y Google contempla un horizonte de alrededor de cinco años para sus plataformas orbitales. Eso significa que el sistema necesitaría renovaciones periódicas. No bastaría con llevar al espacio una primera generación de centros de datos, también habría que reemplazar equipos, ampliar la red y mantener un flujo constante de lanzamientos.
Los primeros resultados de Google dan una señal positiva. Tras repetir pruebas de radiación con una configuración más exigente, la compañía concluyó que sus TPUs pueden manejar grandes cargas de inferencia en órbita durante la vida estimada del satélite. La tasa de errores sería baja para operaciones de inferencia, aunque sigue siendo problemática para entrenamientos gigantescos que involucren miles de chips funcionando durante meses.
Por ahora, Project Suncatcher es una demostración tecnológica con una factura de transporte que todavía parece gigantesca. Pero la cifra de 1,800 lanzamientos de Starship dibuja el mapa real del desafío. Los centros de datos en el espacio podrían acabar siendo una extensión natural de la carrera por la IA, siempre que SpaceX convierta a Starship en una línea de lanzamientos tan frecuente como ambiciosa.
Sigue leyendo:
• Google quiere llevar sus chips Tensor al espacio y ya tiene fecha para la primera prueba
• Google y SpaceX negocian llevar los centros de datos al espacio
• El costo oculto de la IA: por qué Texas empieza a rechazar los centros de datos