El costo oculto de la IA: por qué Texas empieza a rechazar los centros de datos

La mayoría de los texanos se opone a nuevos centros de datos en sus comunidades. Qué son y cuáles son los riesgos para el agua, la electricidad y los impuestos

The Texas Tribune identificó al menos 248 proyectos de centros de datos planificados en Texas y reportó preocupaciones por facturas eléctricas, confiabilidad de la red, agua, ruido y generadores.

La IA no flota en el aire. Consume electricidad. Puede consumir agua. Necesita suelo, cables, generadores, permisos, caminos y comunidades dispuestas a recibirla. Crédito: Imagen creada con AI / Georgina Elustondo | Impremedia

La inteligencia artificial suele presentarse como algo limpio, rápido e invisible. Una pregunta, una respuesta, una imagen generada en segundos, una búsqueda más precisa, un video en la nube. Puro brillo. Pero, hay un lado B: detrás de esa experiencia digital hay una infraestructura enorme, física y cada vez más discutida: los centros de datos.

En Texas, ese costo oculto empieza a convertirse en un problema político. Una encuesta de la Universidad de Texas/Texas Politics Project reveló que el 56% de los votantes registrados se opone a la construcción de centros de datos en su comunidad, frente a un 29% que los apoya. El rechazo es todavía más fuerte en zonas rurales, donde el 62% se manifestó en contra.

El dato marca un cambio de clima en un estado que durante años se presentó como terreno fértil para grandes inversiones tecnológicas. Texas quiere ser protagonista del boom de la inteligencia artificial, pero muchas comunidades empiezan a preguntarse qué reciben a cambio y quién pagará la factura.

Los centros de datos son una pieza clave para compañías de IA que necesitan ingentes cantidades de potencia computacional
El costo físico de la nube: los centros de datos son necesarios para la economía digital moderna, pero su expansión acelerada obliga a mirar lo que durante años quedó fuera de la conversación pública.
Crédito: Shutterstock

Qué son los centros de datos y por qué crecen tanto

Un centro de datos es un edificio, o conjunto de edificios, lleno de servidores, equipos eléctricos, sistemas de enfriamiento y conexiones de alta capacidad. Allí se almacena y procesa información: correos electrónicos, fotos, plataformas de streaming, servicios en la nube, operaciones financieras, aplicaciones móviles y, cada vez más, herramientas de inteligencia artificial.

El crecimiento de la IA aceleró la demanda. Entrenar y operar modelos avanzados requiere enormes cantidades de cálculo. Ese cálculo necesita servidores. Y esos servidores necesitan electricidad constante, refrigeración, respaldo energético, suelo, agua y nuevas conexiones a la red.

Por eso, aunque se hable de “la nube”, la nube no está en el aire. Está en edificios gigantes, muchas veces ubicados en condados donde la tierra es más barata, la regulación local es limitada y las comunidades no siempre tienen poder suficiente para negociar condiciones.

Texas, epicentro del nuevo boom

Texas se perfila como uno de los grandes mercados de centros de datos de Estados Unidos. Un análisis de The Texas Tribune identificó al menos 248 proyectos planificados en el estado. La expansión está asociada al crecimiento de empresas tecnológicas, servicios digitales y nuevas demandas de inteligencia artificial.

El atractivo de Texas es claro: disponibilidad de tierra, una economía favorable a los negocios, fuerte infraestructura energética, crecimiento poblacional y cercanía a grandes mercados urbanos. Pero esos mismos factores están generando tensión.

Los opositores temen que el avance de los centros de datos presione la red eléctrica, aumente la demanda de agua, genere ruido, eleve costos de infraestructura y deje beneficios limitados para las comunidades que los reciben.

La industria, por su parte, sostiene que estos proyectos traen inversión, empleos durante la construcción, ingresos fiscales y una posición estratégica para el futuro digital.

El problema de la electricidad

Uno de los principales cuestionamientos es el consumo eléctrico. Los centros de datos necesitan energía las 24 horas del día. Y los centros diseñados para inteligencia artificial pueden tener una demanda mucho más alta que las instalaciones digitales tradicionales.

La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico global de los centros de datos podría más que duplicarse hacia 2030. Según ese organismo, la inteligencia artificial será uno de los principales motores de ese crecimiento.

En Texas, la discusión es especialmente sensible porque la red eléctrica ya enfrenta picos de demanda durante olas de calor, tormentas, crecimiento residencial e industrial. Sumar grandes consumidores puede exigir nuevas líneas, subestaciones, generación adicional y sistemas de respaldo.

La pregunta que inquieta a muchos vecinos no es solo si habrá suficiente electricidad. Es quién pagará la infraestructura necesaria para que estos proyectos se conecten a la red.

El gobernador Greg Abbott pidió recientemente que los centros de datos asuman los costos de su expansión y que no trasladen esa carga a los consumidores residenciales. También propuso revisar beneficios fiscales y exigir reportes anuales sobre consumo de agua y electricidad.

El agua, la otra gran preocupación

El agua es el otro punto crítico. Los centros de datos generan calor constante y necesitan sistemas de enfriamiento para evitar que los servidores se dañen. Algunas instalaciones usan sistemas más eficientes o recirculan agua, pero otras pueden requerir grandes volúmenes, especialmente en climas calurosos.

Un informe del Houston Advanced Research Center advirtió que los centros de datos existentes en Texas consumen actualmente un estimado de 25,000 millones de galones de agua por año, considerando generación eléctrica y refrigeración. Hacia 2030, esa cifra podría subir a un rango de entre 29,000 y 161,000 millones de galones anuales.

La preocupación no es menor en un estado con sequías recurrentes, acuíferos presionados y comunidades rurales que ya compiten por agua para viviendas, agricultura, ganadería e industria.

Para muchos residentes, el debate es simple: si el agua es limitada, ¿por qué una comunidad debería destinarla a enfriar servidores de grandes empresas tecnológicas?

Puedes ver: Meta ofrece capacitación gratuita y empleo garantizado para construir centros de datos de inteligencia artificial en EE.UU.

Muchos recursos, pocos empleos permanentes

Otro punto de conflicto es el empleo. Los centros de datos pueden generar mucho trabajo durante la etapa de construcción, pero, una vez operativos, no siempre requieren grandes plantillas permanentes.

Eso alimenta el rechazo en comunidades que ven proyectos enormes, con alto consumo de recursos, pero con menos puestos estables de los que suele prometer una inversión industrial tradicional.

El dilema es especialmente fuerte en zonas rurales. Un condado puede recibir presión sobre caminos, agua, electricidad y servicios, pero no necesariamente obtener una transformación laboral proporcional.

Beneficios fiscales bajo revisión

Los incentivos fiscales también quedaron en el centro del debate. Texas otorgó beneficios impositivos para atraer centros de datos, pero el clima político empezó a cambiar. Abbott propuso eliminar exenciones consideradas obsoletas o innecesarias y revisar el esquema para evitar que los contribuyentes terminen subsidiando a compañías con enorme capacidad financiera.

El argumento de los críticos es que el Estado no debería regalar beneficios a industrias que consumen grandes recursos locales y generan posibles costos para la red eléctrica o el suministro de agua.

Los defensores responden que los incentivos ayudan a atraer inversiones que de otro modo podrían irse a otros estados y que los centros de datos también pagan impuestos locales, impulsan la construcción e infraestructura y posicionan a Texas en la economía digital.

Por qué el rechazo no es solo contra la tecnología

El rechazo a los centros de datos no significa necesariamente rechazo a internet, a la nube o a la inteligencia artificial. En muchos casos, la oposición tiene más que ver con el territorio que con la tecnología.

Los vecinos quieren saber cuánta electricidad usarán estos proyectos, cuánta agua necesitarán, quién pagará las conexiones a la red, qué ruido generarán, qué pasará con los impuestos y qué mecanismos habrá para fiscalizar a las empresas.

También reclaman transparencia. Una de las críticas más repetidas es que las comunidades no siempre reciben información clara antes de que los proyectos avancen.

En ese sentido, los centros de datos se están convirtiendo en el rostro físico de un debate más amplio: la inteligencia artificial promete eficiencia, productividad y futuro, pero su infraestructura tiene impactos concretos sobre lugares específicos.

Por eso la pregunta de fondo ya no es si Texas quiere ser un centro de inteligencia artificial. La pregunta es bajo qué condiciones.

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