Millones de angelinos viven atemorizados por amenazas de deportación

Un sondeo sobre la calidad de vida en el condado de Los Angeles encuentra que casi 4 millones de residentes están preocupados por su deportación, o la de familiares y amigos y que "el efecto Trump" ha sacudido la vida de los residentes, aún cuando sus gobiernos locales sean "santuario"

Hay constantes protestas de grupos comunitarios contra las prioridades de deportación.
Hay constantes protestas de grupos comunitarios contra las prioridades de deportación.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

En el condado de Los Ángeles hay mucho apoyo gubernamental para los inmigrantes, virtuales ciudades santuario y líderes que aseguran que las autoridades locales no colaboran con inmigración, pero eso no resuelve el problema de fondo: 37% de los residentes del condado tiene un profundo temor a que ellos, sus familiares o algún amigo serán deportados de los Estados Unidos. Más de la mitad de ese grupo está “muy preocupado” y el 80% considera que es aún más riesgoso participar en algún programa o servicio del gobierno.

La cifra demuestra el profundo efecto de la “constante arenga” anti inmigrante de un candidato, ahora presidente y de sus primeras acciones, un efecto tan amplio y profundo que se extiende a una gran parte de los residentes de esta ciudad, apuntó Zev Yaroslavsky, director de Los Ángeles Initiative de la Escuela de Asuntos Públicos de UCLA.  Las cifras son parte de un sondeo realizado por esta iniciativa para medir la calidad de vida en el extenso condado de Los Ángeles.

“El nivel de preocupación es palpable y amplio, este es un condado de 12 millones de personas y esto quiere decir que 3.7 millones están perdiendo el sueño por el tema de la deportación y 1.9 millones está MUY preocupado”, apunta Yaroslavsky, quien también fue concejal y supervisor de Los Ángeles durante años. “La carga psicológica que esto pone en nuestra comunidad es tremenda. El irse a la cama pensando si al amanecer habrá golpes a la puerta… es tremendo”.

La preocupación no se limita solamente a los inmigrantes o a sus familiares. Se extiende a angelinos que están preocupados más allá de sus intereses directos.

Anthony Herrera, un latino de varias generaciones en el condado, residente de Long Beach, no conoce personalmente a nadie que pueda ser deportado, pero no le gusta nada lo que está viendo de parte del gobierno de Trump hacia sus vecinos inmigrantes.

“Me parece que son tácticas estilo Gestapo”, dijo el angelino de 34 años, de origen latino pero que no habla español. “Esto de andar cazando gente, separar familias sin consideración alguna por ellos, no me gusta, y no creo que vaya a hacer más grande a éste país sino todo lo contrario. No me parece bien que estén aterrorizando a la gente que no ha hecho nada malo”.

El mismo sondeo halló similar preocupación de parte de una mujer anglosajona del South Bay de Los Ángeles, preocupada por sus vecinos que podrían ser deportados. Un joven mitad latino teme por la deportación de la madre de su novia.

Yaroslavsky señala que es un gran progreso social el que ha tenido Los Ángeles en los años desde la Proposición 187, cuando la mayoría de los votantes aprobó una medida para quitar servicios de educación y salud a los residentes indocumentados.

“Las actitudes han cambiado, la demografía también”, dijo. “Hace 20 años esa misma mujer hubiera dicho: llévenselos a todos. Ahora está claro que estamos conectados unos con otros y tantos de nuestros residentes son inmigrantes, gente de tantos orígenes y ancestros diferentes están conectados, su suerte está unida a la del resto de esta comunidad”.

Por otra parte, es preocupante que hasta el 30% de los residentes del condado “tenga miedo a buscar ayuda, a reportar un delito, etc. No quieren su nombre en manos del gobierno, es una cantidad a sombrosa y preocupante”.

Esto se traduce en un problema para todo el condado, no solo los inmigrantes, porque afecta la seguridad pública y la salud, agregó el ex funcionario.

“Me parece que todas las ciudades del condado deben tomar nota de esto, reforzar que hay que trabajar duro para asegurar a la comunidad inmigrante que los servicios están allí, que no se reporta su nombre a inmigración, que pueden colaborar con la policía y llamar a los paramédicos sin estar bajo riesgo”, dijo Yaroslavski.