La cíclica relación de amor-odio entre México y España 

Doscientos años después de la Independencia persisten diferencias entre los dos pueblos atizados por discursos en ambas direcciones.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y el jefe de Gobierno español Pedro Sánchez durante la visita de éste a México en 2019.
El presidente Andrés Manuel López Obrador y el jefe de Gobierno español Pedro Sánchez durante la visita de éste a México en 2019.
Foto: Presidencia de México / Cortesía

MEXICO.- Generalmente, Alberto Quílez se siente bien en este país. Los mexicanos lo tratan con respeto y cuando notan su acento español le hacen más plática y quieren ser sus amigos. Ocurre en los primeros acercamientos en que las simpatías le han abierto muchas puertas sociales y laborales hasta que algo se complica y… ¡vienen los desencuentros!

“¿Tú crees que andamos todavía en taparrabos?”, dijo un colega cuando Quílez lo contradijo en una discusión profesional en la empresa mexicana de energía donde trabaja como director de ingeniería.

En lugar de debatir con argumentos técnicos, el opositor recurrió a un hecho histórico: la colonización que inició con la caída del imperio azteca frente al español en 1521, un tema que en México no se olvida en los libros de texto ni en el discurso oficial ni en el imaginario histórico del mexicano.

“Pinche gachupín”, suelen decir en las calles, el mismo descalificativo que usaron los independentistas hace 200 años, para sorpresa de Alberto Quílez.

“Ahora mismo, los españoles que llevamos un tiempo en México no estamos pensando en que hemos conquistado o hemos dejado de conquistar, simplemente amamos al país y queremos trabajar aquí porque hay oportunidades”.

Este ingeniero de 43 años, también especializado en hidrógeno, llegó a vivir a México en 2014 porque se casó con una mexicana a quien conoció en su país y porque en ese tiempo la promesa de Reforma Energética daba posibilidades de empleo en empresas españolas de energía limpia, un tema en el que España lleva ventaja. 

Tiempo después nació su hijo, se divorció y ganó las elecciones presidenciales Andrés Manuel López Obrador, un político contrario a la privatización energética y con un discurso nacionalista que coloca a los españoles radicados aquí en una situación compleja porque ellos habían dado el tema por superado. 

En España, los libros de texto escolar, apenas hablan del “descubrimiento de América”; aquí, “La Colonia” ocupa páginas y páginas desde la primaria, secundaria y, a veces, hasta preparatoria, se destacan agravios como el despojo de tierra, la explotación de recursos así como la evangelización y el trabajo forzado impuesto a los indígenas.

Alberto Quílez es también socio del restaurante La Tabernita en la CDMX. Foto: Gardenia Mendoza/Impremedia.
Alberto Quílez es también socio del restaurante La Tabernita en la CDMX. Foto: Gardenia Mendoza/Impremedia.

Por esas diferencias de formación e intereses, cada vez que López Obrador exige a España y a la Iglesia Católica que pidan perdón por los daños causados hay comentarios “jocosos” en las reuniones de ejecutivos españoles radicados aquí. 

“Está loco”, dicen con gestos condescendientes, como cuando habla un abuelo necio, aunque reconocen que las tendencias internacionales en los últimos años tomaron el camino de la disculpa de unos países hacia otros, de unas razas a otras. 

El Estado canadiense, encabezado por Justin Trudeau, pidió disculpas a los judíos porque su país no los dejó entrar cuando huían de los nazis; el primer ministro japonés, Naoto Kan, expresó el “profundo remordimiento” por el daño al pueblo surcoreano a principios del Siglo XX durante la ocupación 

La primera ministra británica, Theresa May, pidió perdón a 12 líderes caribeños durante la cumbre de la Commonwealth en 2018, por el trato que recibieron sus ciudadanos en Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ofreció disculpas por las torturas y desapariciones forzadas en la independencia de Argelia.

Incluso España en 2015 el gobierno de Mariano Rajoy lamentó haber expulsado de su territorio a la comunidad sefardí unos siglos atrás. 

Sin embargo, en el caso del perdón que  pidió López Obrador desde 2019 a través de una carta dirigida al rey Juan Carlos, el asunto pinta distinto. A ratos visceral; otros, pragmático, según el actor que lo observe, sus intereses y posición entre los dos países, coinciden analistas. 

Rodrigo Moreno, historiador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) destaca que en la relación México- España no es lo mismo el interés de un gobierno que los objetivos del otro; tampoco la lectura de los indígenas que la de los separatistas en España o la importancia que le dan grupos financieros; la significancia de los descendientes de exiliados o los trasterrados.

“Entre los diferentes grupos sociales siempre hay un uso conveniente de las memorias públicas”, advirtió en entrevista con este diario.

Según el cristal con que se mira

Para Gerardo Cruz, un migrante mexicano radicado en Atlanta, el mea culpa debería ser más sencillo, magnánimo: “Se piden disculpas y ya, no te quita nada”; para el gobierno español, por el contrario es  cuestión de rechazó “con firmeza”, según respondió a través de comunicado de prensa directo y cortante, un estilo español que causa algunos desencantos en las relaciones con los mexicanos, sea entre socios, colegas, amores, subordinados o pares.

El presidente mexicano insistió recientemente en el marco del bicentenario de la Independencia y calificó la negativa oficial de España como “soberbia”; poco después, el ex presidente del Gobierno español José María Aznar, se montó en el debate con un discurso socarrón durante una reunión del Partido Popular.

Dijo que en una época en el que todo mundo pide perdón, no había mucho mérito; que los aztecas tenían azorados y sometidos a los pueblos de los alrededores cuando llegaron los españoles; que los indígenas fueron protegidos por las leyes de Indias y que López Obrador no se atreve a molestar a Estados Unidos y por eso la agarraba contra España.

Con ironía Mordaz, Aznar habló hasta de la lejanía indígena y cultural de AMLO cuyo abuelo nació en Cantabria. “¿Y usted cómo se llama? Yo me llamo Andrés Manuel López Obrador. Andrés por los aztecas; Manuel por parte de los mayas; López es una mezcla”.

En revancha, Ignacio Mier, líder en la Cámara de Diputados del partido Morena —fundado por el presidente mexicano—, escribió en redes sociales que el apellido Aznar viene del latín asinarius y significa el que cría o cuida asnos. “Así que origen es destino, se convirtió en uno de ellos: Qué duda cabe”, zanjó.

El caso es que, desde la Independencia hasta la fecha de la segunda década del siglo XXI, muchos han llevado agua para su molino atizando las diferencias, aunque hay algunos avances, según observa Juan Estrella, sociólogo y académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

“Hay más cercanía en los últimos tiempos en comparación con el pasado”, observó.

Los primeros en alimentar los sentimientos opuestos fueron los hijos de padres españoles nacidos en México (criollos) que habían sido limitados por la Corona para tener los más altos puestos de poder solo por el hecho de no haber nacido en España: por eso organizaron la independencia.

Luego vino una expulsión masiva de “gachupines” y la consolidación del discurso de vencedores hispanos y vencidos oriundos a pesar de que otros grupos indígenas fueron parte de los “conquistadores” y de que éstos dieron a los descendientes de los tlatoanis mexicas mucho poder, tierras y títulos nobiliarios en afán de alianza.

Las relaciones se enderezaron un poco hasta los años 30 del siglo pasado, cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas abrió las puertas a refugiados de la Guerra Civil Española y éstos se volvieron un pilar de la modernidad en el país como empresarios e intelectuales con los fundadores de Bimbo o el Colegio de México, por citar algunos.

Ya en tiempos modernos, el expresidente Felipe Calderón (2006- 2012) dio paso a la inversión privada en la industria energética y la oportunidad de generar energía limpia dio otra oportunidad para la inversión española hasta que AMLO tomó el poder con la promesa de nacionalizar el petróleo, el gas y la electricidad. 

“Las empresas eólicas que vinieron a México en ese contexto generaron una nueva etapa de odio hacia los españoles porque los indígenas fueron muy afectados”, reconoce el sociólogo Estrella.

Empresas como Iberdrola fueron autorizadas para abrir los parques sin consultar a los pueblos originarios como lo marca el convenio firmado por México ante la Organización Internacional del Trabajo.  En Oaxaca, por ejemplo, solo en una ocasión se hizo la consulta de un total de 28 parques eólicos instalados. 

En Puebla, a la compañía española se le acusa de invadir propiedades sin autorización para instalar los rehiletes de viento que generan un ruido ensordecedor que ha sido la causa de desplazamientos forzados.

En su trabajo constante de intercambio académico en España, Juan Estrella ha observado un hecho interesante: al mexicano se le aprecia más en España que al español aquí, concluye. “Yo creo que es porque el mexicano que va allá es para estudiar, es educado y tiene otro perfil al resto de latinoamericanos que van a trabajar”.

Hacia el futuro

Raquel Villanueva, otra española radicada en México. La migración de ella hace 20 años tiene mucho de la atracción hacia la cultura Latinoamericana alimentada por la literatura con autores como Gabriel García Márquez.

Después de que terminó la carrera de Traducción, interpretación y periodismo tomó sus maletas y vino a México. Años atrás, en un intercambio académico, había conocido a un mexicano en Londres y se hizo su amiga, vino a visitarlo, conoció a un músico, se enamoró, él la siguió a España y la convenció de volver acá.

“La relación no iba bien y ya en México explotó”, recuerda.

Ella se quedó de pronto sola, sin la familia (era la única aventurera) pero decidió permanecer otro tiempo aquí, “a ver qué pasaba”. Tenía un trabajo de editora de revista y fue en esa casa editorial donde conoció a Iván, con quien se casó y hoy tiene dos hijos de siete y 12 años.

Raquel-Villanueva-con-su-familia-en-la-Bacalar-Yucatán. Foto: Raquel VillanueVA/Cortesía.
Raquel-Villanueva-con-su-familia-en-Bacalar-Yucatán. Foto: Raquel Villanueva/Cortesía.

Raquel Villanueva se siente dichosa por el trato que le han dado su marido y la familia de él. “Me han acogido de manera muy amorosa, soy una más de ellos, me han integrado a todos sus rituales, el 16 de septiembre, la Navidad, los cumpleaños y muchos detalles, como tomar en cuenta mi opinión y las cosas es que me gustan”.

Aún así, no ha quedado exenta de “bromitas” por su nacionalidad.que no se toma en serio regularmente. Hace poco sí se molestó porque en una conversación alguien insistió en que asumiera culpas de sus antepasados.

No le resto importancia, fueron hechos reales, marcaron la historia y no deben olvidarse pero hablar de responsabilidades es avanzar en una dirección que considero incorrecta porque yo soy más de mirar hacia adelante”, observó.

“Al final de cuentas, México forma parte de mi como España: he pasado la mitad de mi vida en cada uno de los dos países. 

Como ella, Alberto Quílez, prefiere mirar al futuro. “En España hay problemas más graves como para hacer mucho caso a la solicitud de perdón de López Obrador: el incremento del costo de la vida y los salarios cada vez más bajos, el auge de los extremos políticos, la inmigración…”

Por otro lado, cree que, en México, donde vive, puede haber aún proyectos positivos para los españoles a pesar del revés a la energía limpia en contra de empresas privadas. 

En el primer semestre de 2021, España se posicionó como el segundo inversor extranjero después de Estados Unidos al representar un 9.1% del total con servicios financieros, telecomunicaciones, construcción, manufactura, turismo y autopartes.

La preocupación de Quilez está más bien enfocada en asuntos en los que México es débil y le afectan: la falta de prestaciones sociales, la jubilación, el seguro médico, el populismo, el exceso de injerencia del estado en la vida económica. 

En estos días, la propuesta de Reforma Energética de AMLO podría cerrar oportunidades para la empresa de cogeneración de energía donde él trabaja por tratarse de un negocio que se pretende estatizar. Si el proyecto se aprueba en el congreso, todo mundo en México tendría que comprar electricidad solo al gobierno. `

A pasar de ello, Alberto Quílez insistirá el camino de la energía limpia. Paralelamente a otros proyectos (actualmente es socio del bar La Tabernita) buscará la forma de promover una forma más pura =: el hidrógeno. México va a necesitar en algún momento de ayuda en este tema.

“A lo largo de la historia, se ha visto que ningún país puede ir solo en la tecnología y aquí no puede ser la excepción. Hay una oportunidad”.

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