Baterías y renovables: Europa toma distancia de Donald Trump
Mientras Estados Unidos vuelve a poner en duda su compromiso con la transición energética, Europa avanza justo en la dirección contraria
Batería de Toyota. Crédito: Toyota. Crédito: Cortesía
Los números no dejan mucho espacio para la interpretación. En un contexto internacional cada vez más polarizado en materia climática, la Unión Europea cerró 2025 con un nuevo máximo histórico en almacenamiento energético mediante baterías.
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Según el informe EU Battery Storage Market Review 2025 de SolarPower Europe, el continente añadió 27,1 GWh de nueva capacidad, lo que supone un crecimiento del 45 % respecto al año anterior.
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El dato no solo confirma la buena salud del sector, sino que refuerza una tendencia que ya se ha convertido en estructural. Se trata del duodécimo año consecutivo de crecimiento del almacenamiento con baterías en Europa, una evolución que se ha acelerado de forma notable desde 2021.
En apenas cuatro años, la capacidad anual instalada se ha multiplicado por diez, pasando de 7,8 GWh a las cifras actuales. A finales de 2025, el volumen total disponible en la Unión Europea alcanzaba aproximadamente 77,3 GWh.
Este avance contrasta con el discurso que vuelve a ganar peso al otro lado del Atlántico. Con Donald Trump recuperando protagonismo político y cuestionando de nuevo las políticas climáticas, Europa parece decidida a consolidar su independencia energética y su apuesta por un sistema eléctrico más flexible y descarbonizado.

El gran salto llega desde la red
Uno de los cambios más relevantes del último año no tiene que ver solo con cuánto crece el mercado, sino con cómo lo hace. Por primera vez, las instalaciones de baterías a gran escala se han convertido en el principal motor del crecimiento. En 2025, los proyectos conectados directamente a la red representaron el 55 % de toda la nueva capacidad instalada.
Este punto marca un antes y un después para el sector europeo. Durante años, el crecimiento había estado muy vinculado a soluciones domésticas o comerciales de pequeño tamaño, especialmente asociadas a instalaciones solares.
Ahora, los grandes sistemas de almacenamiento empiezan a imponerse en volumen, aportando estabilidad a la red y facilitando la integración masiva de energías renovables.
La lectura estratégica es clara: Europa no solo quiere más energía limpia, sino también la capacidad de gestionarla de forma eficiente en un sistema cada vez más electrificado y dependiente de fuentes intermitentes como el sol y el viento.

El reto de 2030 sigue lejos
Pese al tono positivo de los titulares, la propia industria lanza un mensaje de cautela. El crecimiento actual, aunque récord, no es suficiente para cumplir los objetivos climáticos y de flexibilidad energética fijados para 2030.
De acuerdo con el informe, la Unión Europea necesitaría multiplicar por diez de nuevo su capacidad acumulada y alcanzar alrededor de 750 GWh en apenas cuatro años.
El desafío es enorme. En el último lustro, el almacenamiento ha pasado de cifras casi testimoniales a rozar los 80 GWh, pero repetir ese salto en tan poco tiempo exige un esfuerzo mucho mayor. No solo en despliegue tecnológico, sino también en regulación, planificación de redes y señales económicas claras que den confianza a los inversores.
El freno inesperado en los hogares
Otro de los puntos que introduce matices en el análisis es el comportamiento del segmento residencial. Las baterías “detrás del contador”, como las instaladas en viviendas junto a paneles solares, retrocedieron un 6 % en 2025, quedándose en torno a 9,8 GWh.

La causa principal no es tecnológica, sino económica. La bajada de los precios de la electricidad y la retirada progresiva de algunos esquemas de apoyo público han reducido el atractivo de estas soluciones para muchos hogares.
El resultado es un mercado más dependiente de grandes proyectos y menos impulsado por el autoconsumo individual.
Fabricar baterías, la asignatura pendiente
El informe también pone el foco en la industria europea de baterías. En 2025, la capacidad nominal de producción de celdas en la UE alcanzó los 252 GWh, una cifra que refleja un desarrollo industrial significativo.
Sin embargo, existen dos grandes preocupaciones: los retrasos y cancelaciones de proyectos, y el hecho de que más del 90 % de esa capacidad esté orientada al coche eléctrico y no al almacenamiento estacionario.
A esto se suman las brechas en la cadena de suministro, especialmente en materiales clave como cátodos y ánodos. Sin una industria más integrada, Europa corre el riesgo de avanzar en despliegue, pero depende del exterior en componentes críticos.
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