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Cómo manejar la falta de deseo: la discordancia que llega cuando la pareja no tiene el mismo ritmo sexual

Hay casos en que la conversación, la empatía y las estrategias relacionales no alcanzan. En esos escenarios, la TRT es una opción válida

Cómo manejar la falta de deseo: la discordancia que llega cuando la pareja no tiene el mismo ritmo sexual

Pareja con problemas de cama. Crédito: Nomad_Soul | Shutterstock

La discordancia de deseo no es una patología ni una señal automática de fracaso: es una de las tensiones más humanas y frecuentes que enfrenta la intimidad compartida. La vida sexual en pareja raramente sigue una línea recta. Los deseos fluctúan según el estrés laboral, los cambios hormonales, la maternidad o paternidad, los conflictos emocionales y el simple paso del tiempo.

Según diversas encuestas sobre salud sexual en Latinoamérica y España, más del 60% de las parejas estables reportan haber atravesado períodos de desincronía sexual en algún momento de su relación.

Sin embargo, hablar de ello sigue siendo tabú, incluso dentro del propio vínculo.

Cuando el deseo no coincide

Ella lleva semanas esperando un momento de conexión. Él no entiende por qué eso parece tan urgente. O al revés. O ninguno de los dos sabe exactamente qué pasó, solo que algo cambió.

La discordancia de deseo sexual —ese desfase en el que uno quiere y el otro no, o uno quiere más y el otro menos— es una de las situaciones más comunes y, paradójicamente, más silenciadas dentro de las relaciones de pareja.

No se trata de un problema menor. Cuando la brecha entre los ritmos sexuales de dos personas no se aborda, puede convertirse en una fuente persistente de resentimiento, culpa, rechazo y distancia emocional. El que desea más puede sentirse no deseado, poco atractivo o ignorado. El que desea menos puede sentirse presionado, obligado o incomprendido. Ambos pierden.

Es una diferencia, no un defecto

Lo primero que señalan los especialistas en sexología y terapia de pareja es que la discordancia de deseo no es, en sí misma, un problema patológico. “No existe una pareja en la que ambos tengan exactamente el mismo nivel de deseo de forma sostenida en el tiempo. Lo que varía es la magnitud de la diferencia y la capacidad de gestionarla”, explica la sexóloga clínica Ana Fernández.

El deseo sexual responde a factores biológicos, psicológicos y relacionales. Las hormonas, el ciclo menstrual, la testosterona, la fatiga crónica, la ansiedad y la depresión influyen directamente en el libido. Pero también lo hacen variables más sutiles: la calidad del vínculo emocional, la rutina, la sensación de ser visto o valorado por el otro y la acumulación de conflictos no resueltos.

Es importante aclarar que el deseo bajo no siempre significa falta de amor. Y el deseo alto no siempre significa mayor compromiso. Reducir la ecuación a esos términos suele ser el primer error que cometen las parejas cuando enfrentan este tipo de desajuste.

La conversación que nadie quiere tener

Uno de los grandes obstáculos para resolver la discordancia de deseo es la dificultad de abordarla verbalmente sin que la conversación derive en acusaciones, defensas o silencios incómodos. La persona con mayor deseo puede sentirse vulnerable al admitir cuánto lo necesita. La de menor deseo puede sentirse juzgada o defectuosa al explicar que, simplemente, no siente lo mismo en este momento.

Los expertos recomiendan que esta conversación no ocurra en el dormitorio ni inmediatamente después de un rechazo. El contexto importa. Un momento neutro, sin carga emocional reciente, facilita un diálogo más honesto y menos defensivo.

También es importante separar el problema del deseo de la evaluación del vínculo completo. La discordancia sexual no necesariamente significa que la relación esté rota. Confundirla con eso suele paralizar la conversación antes de que empiece.

Terapia de reemplazo de testosterona (TRT)

Hay casos en que la conversación, la empatía y las estrategias relacionales no alcanzan. No porque la pareja no lo intente, sino porque el problema tiene una raíz hormonal que ningún ejercicio terapéutico puede corregir por sí solo. En esos escenarios, la terapia de reemplazo de testosterona (TRT, por sus siglas en inglés) ha ganado terreno como opción médica válida, aunque todavía rodeada de mitos y resistencias.

La testosterona no es una hormona exclusivamente masculina. En ambos sexos cumple un papel decisivo en la regulación del deseo sexual, la energía, el estado de ánimo y la función cognitiva. En los hombres, sus niveles comienzan a descender gradualmente a partir de los 30 o 35 años —un proceso conocido como hipogonadismo tardío o, coloquialmente, “andropausia”—, aunque la caída significativa suele hacerse notar con más fuerza después de los 45. En las mujeres, el descenso ocurre de manera más abrupta en la perimenopausia y la menopausia, y puede traducirse en una pérdida brusca del deseo sexual que sorprende y desorienta a quienes lo experimentan.

La TRT está indicada cuando existe un déficit hormonal comprobado mediante análisis de sangre, acompañado de síntomas clínicos: deseo sexual hipoactivo, fatiga persistente, pérdida de masa muscular, irritabilidad, dificultad de concentración y, en los hombres, disfunción eréctil de origen hormonal. No es un tratamiento para “tener más ganas de forma general”, sino una intervención médica orientada a restaurar niveles que han caído por debajo de lo funcionalmente saludable.

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