Republicanos aceleran su estrategia para eliminar en el sur distritos de mayoría afroamericana
Los legisladores avanzan con rapidez en una estrategia para rediseñar los mapas electorales antes de las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre
Analistas políticos y organizaciones civiles advierten que el nuevo escenario podría alterar la representación política de las comunidades afroamericanas en el sur del país. Crédito: George Walker IV | AP
En una maniobra que amenaza con desmantelar décadas de avances en derechos civiles, el Partido Republicano ha puesto en marcha una agresiva estrategia para rediseñar los mapas electorales en los estados del sur. El objetivo es claro: diluir el poder del voto afroamericano justo a tiempo para las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre, donde el control del Congreso pende de un hilo.
Esta ofensiva cobró fuerza tras la reciente decisión del Tribunal Supremo, que desactivó una pieza clave de la Ley del Derecho al Voto de 1965. Al anular el mapa electoral de Luisiana, bajo el argumento de que se basó excesivamente en criterios de igualdad racial, la máxima instancia judicial no solo cambió las reglas del juego, sino que entregó un “balón de oxígeno” a las aspiraciones de Donald Trump y sus aliados, quienes buscan asegurar una mayoría favorable en la Cámara de Representantes.
El polémico “gerrymandering racial” cobra fuerza en Luisiana y Tennessee
La urgencia republicana se ha manifestado con especial fuerza en Luisiana. A pesar de que el estado cuenta con un 33% de población afroamericana, el nuevo diseño reducirá la representación a un solo distrito de mayoría afroamericana, de los seis existentes.
El gobernador republicano, Jeff Landry, ya ha firmado una orden ejecutiva para posponer las primarias de mayo hasta julio, otorgando así el tiempo necesario para que los legisladores sellen un mapa que favorece abiertamente sus intereses partidistas.
Mientras tanto, en Tennessee, el Capitolio estatal se ha convertido en un polvorín. Entre protestas y consignas de grupos civiles, los legisladores votan este jueves un nuevo trazado de distritos. Los manifestantes denuncian que estas modificaciones son, en la práctica, un “gerrymandering racial” destinado a silenciar a las minorías en las urnas dentro de apenas seis meses.
Alabama y Misisipi no se quedan atrás, preparando sesiones extraordinarias para seguir los pasos de sus vecinos, mientras que en Carolina del Sur ya se han iniciado los trámites legislativos para la modificación territorial.
Un retroceso histórico tras 60 años de lucha por el voto
El impacto de este rediseño no es solo electoral, sino profundamente simbólico y social. Otros estados clave como Texas, Florida, Misuri y Carolina del Norte ya han ajustado sus fronteras distritales a petición expresa de Trump. El único respiro momentáneo parece provenir de Georgia, donde el gobernador Brian Kemp ha descartado cambios inmediatos para noviembre, aunque dejó la puerta abierta para una reconfiguración en 2028.
Expertos y activistas advierten que estamos ante una reescritura de la historia contemporánea de Estados Unidos. La Ley del Derecho al Voto de 1965, firmada por Lyndon B. Johnson tras la incansable lucha de figuras como Martin Luther King Jr., fue diseñada precisamente para derribar las barreras legales, como las pruebas de alfabetización, que impedían a los afroamericanos ejercer su derecho constitucional.
Hoy, seis décadas después, esa conquista parece tambalearse. Al eliminar distritos donde las minorías tienen voz propia, el riesgo es que el Congreso deje de ser un espejo fiel de la diversidad del país, convirtiéndose en cambio en un reflejo de estrategias matemáticas diseñadas en despachos políticos para perpetuar el poder a costa de la equidad democrática.
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