Latinas rompen estereotipos y culminan la universidad
Graduadas de Cal State Dominguez Hills superan enormes retos y dan ejemplo de superación a sus hijas
Yolanda Sáenz Chávez se muestra feliz por haber logrado su meta de obtener un certificado universitario en CSUDH. Crédito: Fotos: Jorge Luis Macías | Impremedia
“Hoy es el día en que puedo decir: No fue fácil, pero lo logré”, se podía leer en el birrete de Yolanda Sáenz Chávez, quien superó infinidad de obstáculos para titularse como maestra en la Facultad de Educación de Cal State Dominguez Hills.
Yolanda, madre de cuatro hijas era la más feliz de todos los graduados que se congregaron en el Estadio de Tenis del Dignity Health Sports Park, donde un total de 4,200 estudiantes obtendrán el broche de graduados y lo colocarán en sus togas.
“¡Sí se pudo!, ¡Sí se pudo!”, corearon sus hijas, antes de la ceremonia de graduación, y al concluir le colocaron varios collares de orquídeas en el cuello, mientras que su esposo, Guillermo Chávez, le obsequio un beso y un ramo de flores con la calificación A+.

“Uno de hispano ha crecido con la tradición de que las mujeres tal vez no van a la escuela porque deben ser amas de casa, cuidar a su familia, a su esposo”, dijo Yolanda, nacida en Michoacán, México. “Ese era el pensamiento de mi mamá”.
Fue después de que nació su tercera hija cuando Yolanda y su esposo acordaron que ella se quedaría en casa. Pagaban demasiado dinero en la guardería.
“Mi decisión era darles 100% de mi tiempo a mis hijas, pero siempre me quedaba por dentro el deseo de ser maestra”, dijo la graduada.
“Mami es una cosa grande lo que has hecho”, valoró su hija Xitlali, de 21 años, quien, por su parte, se graduará en Ciencias Políticas, en el mes de junio.

Los logros de Yolanda Sáenz Chávez no pudieron haberse logrado sin el respaldo de su esposo.
“Ya vamos a cumplir 30 años de casados y él es un buen hombre”, valoró ella.
“Hizo lo que quiso porque quería lograrlo”, expresó Guillermo Chávez. “Creo que lo más difícil era verla angustiada cuando tenía que hacer muchas tareas”.
La Universidad Estatal de California Dominguez Hills tendrá cinco ceremonias más de graduación, y se prevé la asistencia de más de 40,000 invitados.
“Nuestros graduados se dedican a servir, cuidar y sanar a nuestras comunidades, en un momento en que realmente necesitamos amor”, declaró la doctora Mary Ann Villarreal, presidenta interina de CSUDH. Ella recibió el nombramiento de la Junta de Regentes el 1 de enero.

“Estoy increíblemente orgullosa de en quiénes se van a convertir y de lo que van a hacer. Van a cambiar nuestras comunidades”.
En efecto, la Clase de 2026 refleja la misión de CSUDH de ofrecer una educación accesible y de alta calidad que prepara a los graduados para satisfacer las necesidades de la fuerza laboral regional en los sectores de salud, educación, negocios, servicio público y tecnología.
Además de reconocer la perseverancia y logros de graduados de la Facultad de Artes y Humanidades, y los de la Facultad de Educación, Villarreal invitó a los profesionales a tener siempre el deseo de fortalecer a las comunidades que representan, apoyando a otros en su camino hacia el conocimiento.
“Todo eso está entretejido en el título con el que saldrán de aquí hoy [ayer]. Por lo tanto, no es solo un trozo de papel; es un símbolo de todo lo que han logrado”, subrayó, y les recordó que, al recibir su título “asumen también una cuota de responsabilidad: la de poner a trabajar sus habilidades, su experiencia y sus credenciales; la de compartir su conocimiento; y la de tener la audacia de cambiar el mundo para mejor”.

Objetivo cumplido
Irene Lucía Harapat, otra mujer latina graduada, narró a La Opinión la aventura de su vida, desde que dejó la escuela a los 16 años para cuidar a su padre enfermo, y su regreso a la escuela, a los 37 años, para demostrarle a sus hijas que ellas pueden tener mayores logros en la vida. Ella obtuvo su certificado de enseñanza en un colegio comunitario.
Por circunstancias de la vida, su madre biológica los abandonó a ella, a su hermano y a su padre enfermo, quien falleció en septiembre de 2018.
“Mi papá [Darrel Harapat] estaba paralizado porque había tenido una embolia se quedó sin apoyo y eso le rompió el corazón y su salud empeoró”, contó. “Yo dejé de estudiar, porque mi papá no se podía cuidar a sí mismo”.

Pero sucedió que su novio -su ahora esposo, Edberg Camacho- y su familia les ofrecieron ayuda. Edberg habló con su mamá, María, y con su padrastro. Ellos recibieron en su casa a Irene Lucía, a su hermano y a su padre.
Sin embargo, la motivación más grande de ella para regresar a estudiar una carrera fue Raquel, su hija más pequeña, quien tenía problemas del habla desde los dos años.
“Me dediqué a buscar ayuda por todos lados para mi hija; la llevaba dos veces por semana con su terapista del lenguaje”, recordó. La niña, además, había nacido con problemas respiratorios y cuando tomaba leche vomitaba.

“Íbamos a cada rato a emergencias para ver a especialistas y no le encontraron nada”, dijo.
Después de varios años, encontraron la razón del porque se le enredaba la lengua a la niña y no podía pronunciar palabras.
“Fue algo tan chiquito lo que tenía. ¡Su lengua estaba pegada al paladar! ¡Ni a mí ni a nadie se nos ocurrió moverle la lengua! La niña comenzó a mejorar en su expresión vocal cuando iba en cuarto grado de primaria.
Y, aunque Irene Lucía, nacida en la ciudad de Compton, pretendía inspirar a sus hijas para que pensaran en una carrera universitaria.
“Me sentía hipócrita decirles lo que ellas deberían hacer, pero yo no lo hacía”, dijo.

Fue de ese modo que platicó con su esposo de sus planes, y aunque trabajaba y estudiaba, culminó en dos años su objetivo de graduarse para ayudar a niños autistas o que padecen dislexia.
“De todas las cosas bonitas que me pasaron, estoy orgullosa por el apoyo que me ha dado mi esposo y mi suegra [María] durante todos estos años para que yo pueda terminar mis estudios”, dijo Irene Lucia. “Sin el apoyo de ellos yo nunca lo podía haber logrado”.
A su graduación acudió también otra María, su madre biológica, con quien se ha reconciliado y perdonado mutuamente.

Una comunidad estudiantil diversa
La Universidad Estatal Dominguez Hills tiene un total de 14,262 estudiantes: 12,473 de pregrado y 1,789 estudiantes de posgrado, de los cuales el 80.5% pertenecen a grupos subrepresentados: afroamericanos/negros, latinos/hispanos y nativos americanos.
Entre estos estudiantes, el 68.2% son hispanos/latinos; 12.2% negros/afroamericanos; 7.7% asiáticos, 4.8% anglos y 2.4% dos o más razas.