¿Es verdad que el vapeo reviste riesgo de cáncer oral?

El aerosol de los cigarrillos electrónicos contiene una mezcla de sustancias vinculadas al cáncer, entre ellas nitrosaminas, gases tóxicos y metales

¿Es verdad que el vapeo reviste riesgo de cáncer oral?

¿Se derrumba la tesis del vapeo como alternativa "saludable" frente al tabaco? Crédito: sergey kolesnikov | Shutterstock

Durante casi dos décadas, los cigarrillos electrónicos se vendieron como la alternativa “limpia” al tabaco: sin combustión, sin alquitrán, sin el olor característico del cigarrillo tradicional. Pero la evidencia científica más reciente pone en duda esa promesa, al menos en lo que respecta a la salud bucal.

Una revisión científica publicada el 21 de junio de 2026 en la revista Carcinogenesis, liderada por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW Sydney) en Australia, concluyó que los cigarrillos electrónicos con nicotina probablemente causan cáncer de pulmón y de cavidad oral.

El trabajo, dirigido por el profesor adjunto Bernard Stewart, reunió a investigadores de la Universidad de Queensland, la Universidad de Flinders, la Universidad de Sídney y varios hospitales australianos, combinando las miradas de farmacéuticos, epidemiólogos, cirujanos torácicos y especialistas en salud pública.

Según recoge Dentistry IQ, el propio Stewart señaló que, hasta donde su equipo tiene conocimiento, esta es la determinación más definitiva hasta ahora de que quienes vapean tienen mayor riesgo de cáncer que quienes no lo hacen.

¿Por qué hasta ahora no había certezas?

La razón principal es el tiempo. El vapeo lleva disponible apenas unos veinte años, por lo que todavía no existen datos epidemiológicos de largo plazo comparables a los que sí existen para el tabaco, estudiado desde hace un siglo. Esa falta de perspectiva histórica había convertido el asesoramiento médico sobre los riesgos del vapeo en una zona gris, complicada además por el hecho de que muchos usuarios lo adoptaron como método para dejar de fumar.

Ante la ausencia de décadas de seguimiento poblacional, los investigadores recurrieron a otro tipo de evidencia: el análisis de los compuestos cancerígenos presentes en los líquidos y aerosoles de los vapeadores. El aerosol de los cigarrillos electrónicos contiene una mezcla de sustancias vinculadas al cáncer, entre ellas nitrosaminas, gases tóxicos y metales que se desprenden del propio dispositivo.

Lo que ocurre dentro del cuerpo

El daño, según esta revisión, no aparece de la nada ni de golpe. Se produce a nivel celular, donde el daño al ADN, el estrés oxidativo y la inflamación se acumulan silenciosamente mucho antes de que surja cualquier síntoma visible. Ese proceso ?lento, acumulativo e invisible en sus primeras fases? es parte de lo que explica por qué detectar el vínculo con el cáncer requería tanto tiempo de observación.

Un dato adicional preocupa especialmente a los especialistas: combinar el consumo de cigarrillos tradicionales con el vapeo no reduce el daño, sino que dispara considerablemente el riesgo de cáncer de pulmón, desmintiendo la idea de que alternar ambos hábitos pueda funcionar como una reducción de daños.

No es la primera señal de alarma

Esta revisión de 2026 no aparece de manera aislada. Estudios previos ya habían identificado indicios preocupantes, aunque con menor grado de certeza. Una investigación de 2023 sobre daño epitelial oral en consumidores de vapeadores, y otra de 2024 centrada en si los cigarrillos electrónicos representan una alternativa segura frente al cáncer oral, venían apuntando en la misma dirección sin llegar a conclusiones tan contundentes. Una revisión sistemática publicada a comienzos de 2025 en Medicina Oral también identificó daño celular, inestabilidad genética y lesiones en la mucosa asociadas al vapeo, aunque reconoció que la seguridad del uso prolongado seguía siendo una incógnita.

A eso se suma un dato de contexto que preocupa a los oncólogos: los cánceres de labio y cavidad oral ya representan una carga sanitaria creciente a nivel mundial, con más de 400,000 casos nuevos documentados en 2021 y una mortalidad que se duplicó desde 1990, según el Global Burden of Disease. Aunque ese aumento se explica sobre todo por el tabaco, el alcohol y el tabaco de mascar, la irrupción del vapeo como un factor adicional es precisamente lo que la nueva revisión pone sobre la mesa.

Mensaje de fondo

Más allá de los matices metodológicos, el consenso científico se ha movido claramente en una dirección: de la incertidumbre inicial hacia una preocupación fundamentada. El vapeo dejó de presentarse como una alternativa inocua y pasa a estudiarse, cada vez con más evidencia, como un factor de riesgo real para el cáncer oral y pulmonar, especialmente entre quienes lo combinan con el tabaco tradicional o mantienen el hábito durante años.

Para los profesionales de la salud bucal, la recomendación es clara: cualquier lesión persistente en la boca, encías o lengua en una persona que vapea debería evaluarse sin asumir que el producto es “más seguro” que el cigarrillo tradicional.

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